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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 10 /04 / 2016. Fernando Durán ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Potemkinación.

 

A Grigory Alexandrovich Potemkin-Tavricheski, militar y político ruso del siglo XVIII, se le atribuye el haber propiciado la patraña de que una región del sur de Rusia que él gobernaba era el “país más feliz del mundo”, título que hoy se disputan Dinamarca, Costa Rica, Bután, Tonga y Nicaragua.

Para ello, el gobernador habría inventado las “aldeas Potemkin”, emplazamientos humanos de mera fachada que, a los altos funcionarios imperiales en gira oficial, se les presentaban como ocupados por personas prósperas y satisfechas, felices de compartir las glorias de un imperio ruso que, por entonces, se hallaba en plena expansión.

Según la leyenda, la misma emperatriz, Catalina II, habría caído en la trampa de tomarlos por auténticos, lo que viene a sugerir que la palabra Potemkin debe convertirse, en todas las lenguas, en una especie de marca o franquicia para aquellos componentes de la realidad -objetos o acontecimientos- que, sin haber existido nunca, originan creencias o convicciones invencibles.

Así, pues, puede haber llegado la hora de comercializar, desde una oficina de abogados ubicada en un paraíso protegido como la República de Seychelles o la no menos República de Panamá, certificados de legitimidad para docenas de democracias Potemkin, cientos de estadistas Potemkin, miles de honrados políticos Potemkin y millones de pastores religiosos, eximios poetas, geniales científicos todos ellos Potemkin; es decir, puede que estemos en el momento adecuado para hacer negocios transformando a nuestro planeta en el ombligo y el motor de una galaxia Potemkin.

Estaba justamente dentro de esta línea la idea que alguna vez propusimos de planificar barrios holográficos gigantescos, de gran fuste arquitectónico, destinados a ocultarles a los turistas la visión de los tugurios y las favelas del mundo.

Después de todo, en Latinoamérica se ponen en práctica procedimientos de “potemkinación” urbana cada vez que un presidente de Estados Unidos “honra” con su visita a uno de nuestros países.

Recordamos haber contado cómo fue que una vecina de Zapote, el distrito donde se ubica la Casa Presidencial de Costa Rica, aprovechó la visita de Obama a este país para lograr que la Municipalidad de San José, la capital, recogiera la basura de su jardín.

Mientras escribíamos esta nota imaginábamos que, en las elecciones generales que tendrán lugar en Costa Rica en febrero de 2018, se repetirá el experimento que estudiosos del comportamiento animal realizaron en cierta comarca africana.

Estos investigadores instalaron, en un claro de la selva, un espejo gigantesco y se ocultaron para filmar las reacciones de los animales que pudieran llegar a observarse en la bruñida superficie especular.

El primero en aparecerse fue un corpulento gorila que, al ver reflejada su imagen, la tomó por una simia Potemkin e intentó abrazarla con los fines que son imaginables. Tras algunos minutos de frustración, el apasionado gorila buscó a su potencial conquista detrás del espejo, con lo cual puso en evidencia su nivel de inteligencia. Un nivel, comenzamos a creer, ligeramente superior al que muestran los electores promedio latinoamericanos, tan inclinados a apasionarse por los líderes Potemkin. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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