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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 24 /10 / 2017. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

No es Malta, es el mundo.

 

Las graves revelaciones conocidas como “Panama papers” son el resultado de las investigaciones llevadas a cabo por un conjunto de personas, principalmente periodistas, de diversos países.

A quienes pudieran preguntarse si fue válido que el periodismo tomara esa iniciativa transnacional, les diríamos que la respuesta la adelantó Claudio Magris, hace nueve o diez años, al describir nuestra época como aquella “en la que la globalización que embiste al mundo también implica al derecho –es decir, las maneras con las cuales se debe tutelar a las personas, expuestas a la fuerza de un mecanismo sustraído de toda experiencia directa y sujetas a un poder o a poderes que a menudo resulta difícil no solo controlar, sino incluso particularizar–.”

Continúa el pensador triestino: “Esta abertura planetaria de fronteras exige nuevas formas de tutela y, por lo tanto, nuevas leyes y nuevas modalidades de su creación, en un esfuerzo por adaptar a situaciones que cambian a velocidad vertiginosa principios fundamentales que deben permanecer intactos, en una suerte –se ha dicho– de historización del derecho natural.

Una sociedad cada vez más compleja crea nuevas relaciones entre los hombres, nuevas formas –lícitas o ilícitas– de confrontación y, por lo tanto, eventualmente de conflicto; y donde existe un conflicto, así sea solamente potencial, debe existir un derecho que lo regule de manera civil. Las transformaciones sociales generan nuevas posibilidades de vida y de desarrollo, pero también de prevaricación, de abuso, de violencia y, por lo tanto, existe la necesidad de nuevas normas que tutelen a sus posibles víctimas”. (En “Litteratura e Diritto Davanti alla Lege”, 2008).

El derecho al que se refiere Magris incluye las definiciones del papel que desempeñan las estructuras políticas: no solo las de las establecidas en las constituciones de los estados, sino también las de las creadas por ciertas normas no codificables y aplicadas de manera natural, y en uso de su propio instinto moral, por las colectividades nacionales. Por ejemplo, las sociedades modernas –por no decir civilizadas– perciben a la prensa como un “cuarto poder” del Estado que tiene, tanto como los otros tres, la misión de sugerir y crear mecanismos de adaptación a la aceleración de los cambios impuesta por la globalización.

Los “Panama papers” son un producto natural de la globalización porque esta es, sin duda, el origen del fenómeno investigado por los periodistas: una torrencial convergencia, si no ilegal por lo menos sospechosa de serlo, de capitales no necesariamente diáfanos en un paraíso fiscal que, a su vez, forma parte de lo que podríamos llamar la red de centros protectores de los capitales dudosos; una muestra clara de que las soberanías de los estados son tan vulnerables al trasiego incontrolado de grandes capitales mal habidos como lo son las fronteras nacionales al sobrevuelo de las aves de rapiña. En consecuencia, para ser efectiva, la investigación periodística que comentamos tenía que ser globalizada y, por tanto, multinacional.

Ahora, los políticos de Malta aludidos en los “Panama papers” son los más obvios sospechosos de haber urdido el asesinato de una de las periodistas investigadoras.

Sin embargo, se nos ocurre pensar que los políticos malteses, tanto los socialdemócratas como los democratacristianos, probablemente son masivamente corruptos, pero no radicalmente estúpidos.

Ninguna ventaja iba a obtener con ese vil asesinato, puesto que los electores malteses ya les habían dado la absolución en unas elecciones adelantadas.

Es decir, los “Panamá papers” y sus investigadores fueron declarados irrelevantes por un electorado isleño perfectamente satisfecho con la galopante corrupción de sus líderes. ¿Para qué, entonces, mandar a ejecutar el crimen?

Se puede elaborar una hipótesis: el brutal asesinato pudo haber sido, más bien, ordenado desde otro país, por políticos corruptos menos confiados en el desatento cinismo –o en la corruptibilidad intrínseca– de sus electores, con el fin de amedrentar al periodismo de todo el mundo y evitar así nuevas revelaciones sobre lo que ocurre en una miríada de paraísos fiscales.

Los pueblos del mundo se quedarán, así, esperando los beneficios de la tutela de la prensa globalizada frente a las mafias, también globalizadas, que sugiere el planteamiento de Magris. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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