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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 10 /7 / 2017. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: El bumerán italiano.

 

Casi inadvertido, el leve destello de un hecho nada trivial cruzó en días recientes el firmamento noticioso. Italia planteó un diferendo a Austria tras el anuncio de que esta contendrá, con más rigor que el aplicado hasta ahora, el ingreso de refugiados africanos a través de la frontera común.

La situación tiene precedentes, pues se dio en las fronteras de Hungría y de otros países balcánicos en relación con el éxodo proveniente de Siria, y no tenemos que esmerarnos demasiado para asimilar los casos europeos a los que se han presentado con frecuencia en África, Asia y América Latina.

Lamentablemente, parece que seguirá aumentando la dimensión de la crisis de refugiados.

Cualquier medida que venga a empeorar la suerte de los millones de seres humanos que huyen de la guerra o el hambre resulta repugnante, pero eso no debe ocultar lo irónico y absurdo de la irritación italiana.


Numerosos países europeos –Italia entre ellos– participaron en las injustificables acciones militares que propiciaron la desestabilización de Siria y el desmembramiento de Libia, la primera origen y la segunda apertura de vía de las dos mayores corrientes migratorias que traen al viejo continente de cabeza.

Si entre las fuerzas aéreas que contribuyeron a pulverizar el Estado libio no figuró la suya, Austria parece estar en el derecho de negarse a compartir el costo social y político de lo que, con sus acciones, Italia, España, el Reino Unido, Francia, Bélgica, Holanda y otras democracias europeas sí ayudaron a provocar.

Más bien, parece apropiado que Italia exija esa solidaridad a los países escandinavos, ya que, en efecto, en algún momento debimos preguntamos por qué razón Dinamarca, Noruega y Suecia, naciones reputadas de ser esencialmente pacifistas, participaron en la agresión al país norafricano dentro de una campaña militar cuyo resultado terminaría agudizando el éxodo que atraviesa el Mediterráneo con rumbo, principalmente, a Italia y España.

No pensaríamos lo mismo, por ejemplo, del Reino Unido o de Francia, ya que entre nuestros prejuicios pervive el que atribuye a británicos y galos una propensión a la arrogancia que nunca se les endilga a los escandinavos.

En todo caso, aun si lo que motivó a Italia a unirse al jolgorio bélico escenificado en Libia no fue más que una irresistible reminiscencia imperial, no hay justificación para que Roma trate de eludir las implicaciones de la popular expresión “cuchillo para su propio pescuezo”. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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