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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 28 /02 / 2016. Costa Rica

   

Polígono Internacional: El arte de la guerra.

 

Si, cuando tuvo lugar, Napoleón Bonaparte aún hubiese estado vivo, la habría descrito como una gloriosa competencia entre reclutadores e intendentes.

El caso fue que, después de varias semanas, la batalla de Ravensford -mencionada raras veces en los libros de historia, pero recordada como el epítome del fair play militar- continuaba su desarrollo sin que ninguno de los bandos demostrara superioridad táctica o estratégica, pese a que ostentaban, un número mucho mayor de soldados el uno, y mejores vituallas y mayor abundancia de equipo el otro.

Suponemos, sin ir más lejos por cuanto de teoría militar nada sabemos, que el análisis detallado de Ravensford figura entre los grandes manuales de formación de todas las fuerzas armadas modernas, y sospechamos que también es estudiado por quienes dirigen los exitosos ejércitos irregulares de la actualidad.

Por supuesto, una batalla tan prolongada como aquella tuvo que ser extremadamente sangrienta. Se nos tildaría de bárbaros si afirmásemos, como lo creemos, que representa el más racional y hermoso despliegue bélico de todos los tiempos.

Pero lo más grandioso aconteció cuando la fuerza más numerosa se hallaba a punto de quedarse sin rifles ni municiones. Siempre que se habla de batallas se olvida que el fuego intenso y continuo solía inutilizar los rifles, y que las balas se acaban.

Hubo, pues, una pausa en el combate. Negociaron los generales de ambos bandos hasta llegar a la conclusión de que el deslumbrante ballet de fuego y de muerte que escenificaban debía continuar en beneficio de la historia, de modo que convinieron en que el ejército menos numeroso, y mejor apertrechado, le facilitaría armas y municiones al más desprovisto de ellas.

Según el poeta Vintio Salmaris, quien sobrevivió a la escabechina, “el lienzo del horror se extendió en el tiempo para que naciera una nueva estética del heroísmo”.

Si algunos lectores quisieran saber cuál guerra sirvió de marco a la memorable batalla de Ravensford, no podríamos aclararles el punto porque, a decir verdad, lo que hemos descrito no pudo ocurrir nunca por la sencilla razón de que, como sugiere el dicho popular, quien tiene la sartén por el mango no la suelta, aunque le rompan las costillas.

La presente fábula se nos ocurrió al enterarnos de que un grupo de costarricenses ligados a los dos partidos políticos que figuran como dueños del mango y de la sartén, propone la convocatoria a una asamblea constituyente como medio ideal para retornar nuestra república a las condiciones de orden, justicia y probidad que, según los mitos más aceptados, reinaron después de ciertos actos fundacionales.

Dicho sea de paso, el nombre Ravensford no es, en inglés, más que una metáfora: “vado por el cual los cuervos cruzan el río sin levantar vuelo”. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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