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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 3 /12 / 2015. Costa Rica

   

Polígono Internacional: Dos profecías.

 

Para recomendar la lectura de Voces de Chernóbil, de la escritora bielorrusa Svetlana Alexievich, tenemos que renunciar antes a cualquier sentimiento de optimismo.

Pero debemos hacer la recomendación.

Pese a haber sido publicada en ruso desde 1997, esta obra literaria no apareció en español sino hasta en enero del año que corre, y podría ser considerada una especie de reportaje sobre el cumplimiento de una de las profecías del Apocalipsis, y una ominosa advertencia para todos los seres humanos que viviremos una parte del siglo veintiuno.

Por haber recibido la autora el Premio Nobel de Literatura del 2015, ya han salido a la luz variados comentarios sobre este libro y por ello limitaremos el nuestro a dos singularidades que le confieren una gran actualidad: la primera, que podríamos llamar externa, es el hecho de que, aunque se refiere específicamente al accidente nuclear ocurrido en Chernóbil en 1986, pareciera ser el presagio de otro episodio del mismo tipo que ocurriría en Fukushima, Japón, en el año 2011; la segunda es una discreta relación del texto con el hoy inescapable tema de los desplazamientos forzados de poblaciones.

Los testimonios, transcritos por Alexievich, de decenas de sobrevivientes, ponen al desnudo el intento de las autoridades soviéticas bajo el mando de Gorbachov por mantener en secreto un  absurdo sacrificio de miles de vidas humanas, así como la irresponsable puesta en peligro de la salud de una gran parte de la población europea, y demuestran que las acciones oficiales posteriores al accidente fueron torpezas técnicas y políticas que seguirán teniendo consecuencias durante siglos.

Concentrada en los aspectos humanos de la tragedia, la autora extrae de ellos, para el mundo, enseñanzas que caerían en saco roto: enfrentadas veinticinco años después a una catástrofe de características y magnitud similares, las autoridades japonesas, bajo un régimen muy diferente al comunista, intentaron recorrer el mismo camino del ocultamiento.

El libro deja constancia de acontecimientos que solo podrían achacarse a la locura. Por ejemplo, una amplia zona alrededor del complejo nuclear siniestrado, evacuada forzosamente a causa de la elevada contaminación radioactiva, y destinada a seguir deshabitada al menos durante varias generaciones, no tardó en convertirse en refugio de migrantes procedentes de comarcas vecinas e, incluso, de algunos venidos de otras tan lejanas como Kirguistán y Tayikistán cuando estas repúblicas fueron escenarios de conflictos étnicos tras la disolución de la URSS.

De este modo, quedamos apercibidos de una nueva profecía, modernamente apocalíptica, según la cual la realidad planetaria será, a partir de ahora, una perenne sucesión de infiernos. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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