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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 20 /12 / 2016. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Conmoción pecuniaria.

 

Descubrí la Universidad de Costa Rica a mediados de la década de 1940, mientras cursaba el cuarto o el quinto grado de la escuela primaria en mi ciudad natal.

Estando de visita en casa de un condiscípulo, cayó en mis manos un ejemplar de la parodia de un importante diario de la época, publicada festivamente por los estudiantes de la Universidad, una institución cuya existencia era para mí, hasta entonces, prácticamente ignorada, y de la cual no podía ni siquiera soñar que llegaría a ser, en mi madurez, su rector.

Hasta donde recuerdo, el único texto que alcancé a leer completo, antes de que el hermano mayor de mi amigo me arrebatara el periódico, fue un comentario satírico sobre “la teoría del dinero metafísico” que, según sus autores, un joven profesor y político costarricense había expuesto brillantemente en el claustro universitario.

Creo no haber entendido mayor cosa de lo que ahí se comentaba, pero, probablemente por un error de interpretación, desde aquel día me quedó grabada la idea de que era posible realizar transacciones comerciales corrientes sin necesidad de usar monedas o billetes, lo cual, de llegarse a dar alguna vez, volvería obsoleta la advertencia sanitaria que me hacían mis mayores al ordenarme que me lavara las manos “después de tocar dinero” porque este, sobre todo en la forma de billetes –que por cierto no abundaban entre nosotros– era importante pero sumamente desaseado.

De ahí viene el que reciba con simpatía creciente las noticias según las cuales ya hay en el mundo comarcas donde las operaciones de compra y venta y los pagos de deudas no se realizan en efectivo, sino que se llevan a cabo únicamente mediante el uso de tarjetas de crédito o de débito o por medio de transferencias electrónicas.

Así, pues, como me lo predijeron los chuscos comentarios estudiantiles, adiós billetes y adiós monedas.

En esta situación, pareciera ser más difícil, tanto para los delincuentes como para los políticos corruptos, seguir realizando negocios sucios y presentándose desfachatadamente como ciudadanos de manos impolutas.

Todo porque, mientras que el dinero físico puede circular sin dejar rastros documentables, el dinero “metafísico”, del que hacían sorna los estudiantes, difícilmente puede eludirlos.

Lo importante es que aquella lejana broma periodística estudiantil me impidió sentir perplejidad al leer las recientes noticias –la primera procedente de la India y la segunda, con intervalo de un mes, de Venezuela– sobre decisiones de los gobiernos de ambos países de suspender abruptamente la validez de los billetes de altas denominaciones.

Sería interesante saber en qué entidades metafísicas se convirtieron las rupias y los bolívares hasta entonces materializados en los billetes, una vez que estos perdieron oficialmente todo su valor.

Y, de paso, se me ocurre pensar que el señor Donald Trump podría tener en sus manos un arma capaz de desmantelar por lo menos algunos de los grandes y pequeños imperios de los narcotraficantes que se sostienen gracias al suministro de drogas a los consumidores estadounidenses.

Nada más supongamos que, en cuanto asuma la presidencia de su país, Trump agrega uno más a los despropósitos que ya ha anunciado y, de golpe y porrazo, deja momentáneamente sin valor, como dinero efectivo, los actuales billetes de veinte, cincuenta y cien dólares.

La idea podría no ser tan descabellada como parece, si se pusiera en práctica después de ordenar una fulminante impresión de nuevos billetes, intercambiables por los que ahora serían metafísicos, pero solo con previa demostración, en cada caso, de la legalidad de su posesión.

Después de todo, esta sugerencia podría servir al menos como base para el guion de una mala película de bajo presupuesto. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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