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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 22 /8 / 2017. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Con o sin el negro.

 

Tras un examen somero de la prensa de una semana, concluimos en que más de la mitad de las declaraciones de los dirigentes políticos –reales o autoproclamados– que se preparan para la próxima campaña electoral comienzan de una manera similar a estas: “Lo que este país requiere es…”. “Lo que debe hacerse en este país es…”. “Lo que hay que cambiar en este país es…”.

Nos resulta fácil imaginar al caballero Pepino Salmuera, exministro, exdiputado o reiterado aspirante a diversas posiciones electivas, sentado frente a la computadora, mordiéndose los labios hasta hacerlos sangrar a fuerza de exprimirse el cerebro y, tras varios minutos de recia reflexión, inclinándose sobre su propia mole –se esmera en evitar que su amplia barriga le cubra el teclado– para escribir: “Lo que tenemos que hacer…”.

En otro sitio, podríamos oír al industrial o terrateniente Hirsuto Moreno, quien es incapaz de redactar una oración gramaticalmente correcta, ordenarle desde una tumbona de cuero a su amanuense, o negro, como lo llaman en España:  –Óigame, Basilio, necesito que me escriba seiscientas palabras, que es lo más que me publican en el periódico, sobre los tres o cuatro problemas más morrocotudos del país, ya usted sabe cuáles son; póngale bonito y no se olvide de comenzar con mi hermosa introducción de “lo que este país necesita es”, porque ¡eso sí que tiene pegue y atrae votos!”.

Pero va a suceder que Pepino e Hirsuto se den de narices con la mala suerte, porque en el periódico no siempre todo está en orden y anduvieron tan atareados que no se dieron cuenta de que los dos geniales textos se imprimieron en la misma página, uno al lado del otro y, para empeorar las cosas, los títulos son muy parecidos y los nombres de los autores fueron inadvertidamente trastocados.

El problema al que se enfrentan ambos estadistas en ciernes es que están como al principio, pues tienen que sentarse, a escribir el uno y a llamar al negro el otro, con el fin de redactar las notas de aclaración y queja que le enviarán esta misma tarde al director del diario.

Sólo un cardiólogo podría adivinar cuál de ellos se encuentra más próximo al infarto, pero al llegar el mediodía reciben una droga relajante mejor que cuanto les puede ofrecer la industria farmacéutica: en las secciones de comentarios del diario, los correspondientes tiralevitas se han prodigado en los elogios y alabanzas a los que están obligados por su lealtad partidaria y así, total, ¿para qué aclarar nada puesto que el resultado, desde el punto de vista del prestigio intelectual de ambos, ha sido un éxito indudable?

A pesar de todo, cada cual en su espelunca porque no se pueden ver frente a frente, se dicen al unísono Pepino e Hirsuto: – ¡Qué desgracia, estos idiotas seguidores míos siguen sin reconocer mi fino estilo literario! -. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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