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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 18 /3 / 2017. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Aviario político.

 

Entre 1966 y 1977 trabajé durante un año en Leiden, Holanda, desde donde les di seguimiento a dos personajes notables.

En el mundo del espectáculo local estaba “Pipo de Clown”, un payaso itinerante que compartía, con su esposa Mamalú y su hija Petra, un carromato tirado por un burro al que adornaba un sombrero de paja ensartado entre las orejas.

El grupo aparecía todos los atardeceres en el breve programa de televisión “Dag voegels, dag bloemen, dag kinderen” (Buen día pájaros, buen día flores, buen día niños) que mi hija mayor -apenas había cumplido sus dos añitos- no quería perderse pese a no comprender el idioma del país, y yo aprovechaba para medio practicar lo que nunca pasaría de ser mi neerlandés de nivel rudimentario.

En el ámbito de la política, en aquellos días se levantaba la estrella de Joos den Uyl, líder del Partij van der Arbeid(PvdA), organización socialdemócrata que, desde su fundación, en 1946, había sido el motor del estado de bienestar holandés, y era hermana ideológica del PSOE español -entonces clandestino- y del Partido Liberación Nacional de Costa Rica -entonces en su cenit-.

Naturalmente, mis simpatías eran para el PvdA, pero juraba que su símbolo era el búho y no la rosa roja tradicional de la socialdemocracia porque, en la primera campaña electoral holandesa que pude observar de cerca, en todas las piezas de propaganda de “mi partido” aparecía una imagen de esa ave rapaz.

Supe mucho después que el truco publicitario se basaba en que la palabra “uyl” significa, en neerlandés, búho o mochuelo, y me preguntaba si los socialdemócratas costarricenses llegaríamos a apoyar, alguna vez, a un candidato presidencial llamado, por ejemplo, Manolo la Lechuza.

He olvidado cómo resultaron aquellas elecciones, pero lo cierto es que Joos “el Búho” conservó durante muchos años su liderazgo en el PvdA, y a mediados de la década de 1980 aún era primer ministro de Holanda, de manera que el payaso y el búho pasaron a ser en mi memoria elementos insustituibles en el paisaje público de una Holanda lúcida, gentil y tolerante en los órdenes étnico, político y religioso, en la que era inimaginable el surgimiento de un fuerte y amenazador movimiento intolerante, racista y xenófobo como el Partido de la Libertad de Geest Wilders.

Ahora, tras las elecciones holandesas del pasado miércoles 8 de marzo, la prensa afín a la Unión Europea declama eufóricamente el débil argumento de que la formación de Wilders “solo” logró avances menores frente a los predichos por las más ominosas encuestas previas; e incurre en el optimismo del avestruz al atribuirle una “resonante victoria” al actual primer ministro, Mark Rutter, cuya coalición bipartidista perdió 36 escaños en un parlamento de 150 miembros y pasa a contar únicamente con 42, lo cual hace imposible que, como tal, esa coalición se mantenga en el poder.

Por otra parte, nada o muy poco se dice de un hecho más resonante todavía: el glorioso PvdA, el partido socialista democrático del búho, ha perdido 29 de los 38 votos que aportaba a la coalición y, al igual que lo ocurrió al PASOKA en Grecia, parece haber echado una nueva palada de tierra en la tumba de la socialdemocracia europea. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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