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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 14 /01 / 2016. Costa Rica

   

Polígono Internacional: Astralis fallacia.

 

A mediados del siglo XX éramos adolescentes aficionados a una variedad de ciencia ficción a la que presuntuosamente llamábamos “de la buena” porque en ella se observaba un mínimo de rigor científico que no permitía, en el espacio, el fragor de las explosiones ni el zumbido de los impulsores de las astronaves: en el vacío –eso lo sabían hasta los alumnos de sexto grado– no hay un medio material a través del cual se pueda propagar el sonido, pero ya hemos oído, hasta en las más grandiosas películas contemporáneas, que una batalla en los confines de la galaxia, a cientos de miles de kilómetros de cualquier estrella o planeta, zumba y retumba como como la noche de año viejo en una ciudad mexicana. Retenemos vagamente, de un olvidado autor del género, una paradoja fabulada resumible más o menos de la manera siguiente.

A partir de algún momento, en el siglo XXI, el avance científico-tecnológico será tan acelerado que cada cinco años la nueva tecnología convertirá toda la tecnología precedente en obsoleta. La humanidad se preparará para salir a la conquista del espacio y un día de tantos hará despegar, rumbo a un lejano e inexplorado planeta, una astronave cuyos ocupantes verán, pasados diez años, cómo les toma la delantera otra astronave, también procedente de la tierra, que inició su viaje cinco años después que ellos y, gracias a una tecnología más avanzada, será dos veces más veloz. Transcurrirán otros diez años antes de que la segunda nave sea sobrepasada por una tercera, que será cuatro veces más veloz que la primera, y así sucesivamente, de modo que quienes partieron de primeros se encontrarán, al llegar al planeta de destino, con una civilización fundada por sus propios y, para ellos, desconocidos descendientes.

Sería, digamos, algo así como si, en su primer viaje, Cristóbal Colón hubiese sido recibido en una isla de las Antillas por sus descendientes hispanoamericanos y no por los aborígenes arahuacos mencionados en la historia.

Y, por cierto, si en el año 2016 saliera la primera expedición galáctica, la que la alcanzaría y la sobrepasaría dentro de diez años debería partir en el 2021, a menos que el próximo pelotón de poderosos gobernantes, integrado por Donald Trump, Xi Jinping, Vladimir Putin, Ángela Merkel, Marine Le Pen, Jeremy Corbyn, Hasán Rohani y Salmán bin-Abdulaziz, decida abrirles paso a los jinetes del Apocalipsis.

Esta fábula debería servirnos, quizás, para atemperar cualquier arrogancia humana basada en trilladas consideraciones generacionales.

Después de todo, la vida humana es demasiado corta y el conocimiento técnico-científico necesario para mantener al mundo –aunque hacerlo sea una mala idea– en el rumbo que ahora lleva, se renueva con tal rapidez que nos estamos aproximando, si no es que ya lo hemos alcanzado, al momento en que ningún grupo etario –ancianos, viejos, maduros o jóvenes– podrá vanagloriarse de  ejercer su control sobre lo que ocurre sin contar, de manera simbiótica, con la ayuda de máquinas pensantes dotadas de memorias virtualmente inmortales.

Ya podemos ir pensando en la posibilidad de que los creyentes del futuro abriguen, al morir, la esperanza de ser recibidos, en el más allá, por nuestros sucesores evolutivos, los ordenadores y los robots.

Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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