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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 10 / 9 / 2019. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Maten a los colibríes

 

Al cierre de la lección inaugural de curso, en una universidad chilena, el notable pensador italiano Nuccio Ordine leyó un corto relato que le atribuyó al novelista Andrea Camilleri.

Lo resumo de memoria. La jungla se incendia, todos los animales huyen y entre ellos, como uno más, corre por su vida el rey de la selva.

El imponente león observa, de pronto, que un diminuto colibrí vuela en dirección contraria y se siente obligado a rugirle: “Insensato, ¿a dónde crees que te diriges? Vuelas al encuentro del fuego”.

El colibrí, sin interrumpir su vuelo, le responde: “Llevo adherida a mi pecho una gota de rocío que usaré para apagar el incendio”.

Parte de la disertación de Ordine trataba del mercantilismo totalitario que hoy amenaza a la cultura, al arte, a la ciencia, al pensamiento e, incluso, a la libertad.

Con el conmovedor relato de Camilleri, pretendía convocar a sus oyentes para que se unan a la resistencia llevando cada cual su gota de rocío y sin parar mientes en lo infructuoso que pudiera resultar el intento.

Descreídos del poder de las palabras, y agobiados por la certeza de que el sistema mismo es el promotor de la inminente catástrofe, pensamos en que si el orador hubiera impartido la charla ante un auditorio integrado por dirigentes políticos de mi país, estos le habrían respondido con un abucheo, no con un aplauso.

Suponiendo, claro está, el improbable caso de que al final hubiera quedado uno solo de ellos en la sala.

Imaginemos cuán vasta sería la nube de colibríes necesaria para detener las conflagraciones que le esperan a la humanidad, pero también tendremos que vislumbrar la hueste de francotiradores que ya está preparada para cubrir la tierra con los cuerpos desangrados de millones de avecillas.

La joven sueca Greta Thunberg, iniciadora del movimiento juvenil europeo que, extendido ahora a otras regiones, exige de los dirigentes del mundo un comportamiento responsable ante las amenazas del cambio climático, adoptó un rasgo simbólico de consistencia ética: en sus inevitables giras por Europa se desplaza utilizando los medios menos contaminantes disponibles y prescinde radicalmente del transporte aéreo.

Es un ejemplo que debería llamar la atención sobre la gran huella de carbono que dejan nuestros funcionarios gubernamentales con sus vuelos incesantes de un continente a otro, en un retórico e inútil turismo ambientalista.

Dicho sea de paso, el mito de que Costa Rica es un país avanzado en la adopción de previsiones frente al calentamiento global y al cambio climático se desploma tan pronto como descubrimos que nuestros dirigentes son, en ese terreno, extraordinarios autores de historias de ciencia ficción, y que un numerosos enjambre de emisarios supuestamente ambientalistas representa a este país en un turismo seudocientífico que borra totalmente la ventaja ecológica de no tener un ejército.

Eso, sin contar con atrocidades del mismo jaez que se dan en ámbitos menos oficiales. Por ejemplo, con motivo de un partido amistoso entre las selecciones de futbol de Costa Rica y Uruguay, a un atleta que juega profesionalmente en el extranjero se le hizo volar -ida y vuelta- la distancia de catorce mil kilómetros y no jugó ni durante un segundo.

Un cálculo aproximado nos revela que, en términos ecológicos, el inane desplazamiento de ese único atleta significó el consumo -la quema- de casi cuatro mil litros de combustibles derivados del petróleo.

Volviendo a la señorita Thunberg, la admirable colibrí sueca, tenemos ahora que, llamada a participar en una actividad en la sede neoyorquina de la ONU, sus detractores, los asesinos de colibríes, desataron contra ella una campaña de desprestigio porque su desplazamiento transatlántico “dejaría una huella de carbono” a pesar de sus esfuerzos por limitarla. 

Y, vileza sobre vileza, han puesto en juego el hecho de que Greta presenta en algún grado el síndrome de Asperger.

Por lo visto, ha llegado para los buitres la hora de matar a picotazos a los colibríes.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es
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