LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales
Marbella, Andalucía, España.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.


     
 

 

   

Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 9 / 5 / 2019. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Los terraplanistas

 

“En París se construyen casas de locos (maisons de fous) para hacerles creer a aquellos que no están encerrados ahí, que no han perdido la razón”. Michel de Montaigne.

Bien podría ser que esta cita sea apócrifa o refutable por alguna razón, lo que no nos privaría de creer que en la actualidad su contenido debe aplicarse, no solo a París, sino al mundo entero.

Incluso creemos, llegado el momento, de entenderla a la inversa: cuando necesitemos localizar a las personas que conservan la cordura, debemos buscarlas dentro de las “casas de locos”, nunca, por ejemplo, en las casas de gobierno o en los parlamentos.

Nos valdremos de la aritmética más elemental para tratar de demostrar que no estamos exagerando.

El número de estados independientes y vasallos –ya ustedes saben, esos que ostentan el título de Reino o República Independiente pero no lo ejercen– se aproxima a los dos centenares, y en casi todos ellos se celebran elecciones generales con una frecuencia promedio de una cada cinco años, de modo que –siempre en promedio– cada 44 días llega a su clímax cívico un proceso electoral en algún lugar del planeta.

En lo señalado hasta aquí no hay nada sorprendente. Los gobiernos van y vienen, van y vienen como los trenes de carga,  y los desastres políticos y sociales se repiten y se agudizan gracias a lo olvidadizos que somos los primates superiores.

Lo que sí nos parece grave es el hecho de que, según nuestra percepción, llevamos ya muchos años observando que en la mayoría de los casos los resultados de esas elecciones sugieren un crecimiento exponencial del número de orates que participan en ellas como candidatos y como electores.

Ergo, como también ocurre que no sabemos de un solo país en el que se recluten candidatos o se cuenten votos en los manicomios, nuestra suposición es correcta: los locos de Montaigne andan por sueltos por esas calles de la política.   

Pero no solo en las de la política. En la literatura y en las comunicaciones visuales modernas abundan los testimonios de personas que aseguran haber hecho contacto con extraterrestres, y no faltan las que juran haber sido objeto de abducción, o sea, que fueron llevadas a hacer visitas turísticas a las naves intergalácticas.

Aunque preferimos habernos ahorrado tan espeluznante experiencia, lamentamos no haber conversado nunca con alguien que la haya padecido, o disfrutado según se mire.

Nos habría interesado examinar de cerca a uno de esos particulares locos de Montaigne.

Sin embargo, recientemente tuvimos lo que podríamos llamar un golpe de suerte.

Suponíamos que, aun cuando abundan en Estados Unidos, en el mundo hispanohablante no existían los “terraplanistas”, esos especímenes humanos que en pleno siglo XXI creen, admiten y predican que, si bien todos los otros planetas del sistema solar son esencialmente esféricos, la Tierra es plana como una pizza tradicional; pero hace pocos días nos tocó conocer personalmente nada menos que a cuatro de ellos, dos mujeres y dos hombres, todas y todos hispanohablantes y con alguna formación universitaria.

Fue algo impresionante. No podemos afirmar que tuvimos un debate ordenado sobre el tema, pero juramos que al final sus argumentos estuvieron a punto de convencernos y ya no sabíamos en qué lado de la divisoria de Montaigne nos deberíamos ubicar.

En todo caso, y sin ánimo de litigio, los persuadimos de que para ser perfecta su doctrina necesita unos ajustes.

Utilizando datos que hasta un escolar podría localizar en una enciclopedia común –el diámetro de la Tierra, la superficie de la Antártida y la mayor profundidad cavada en el planeta–, los convencimos gracias a la geometría elemental de que la Tierra no es una pizza, sino un cilindro delgado, similar a una lata de salmón en conserva, de altura no inferior a los 13.000 metros y con un diámetro de 14.000 kilómetros.

Como el perímetro del cilindro mide 40.000 kilómetros –ya Eratóstenes, en Grecia, lo había aproximado para otros fines– y está delimitado por la Antártida para que el agua de los océanos no caiga en el espacio infinito y nos quedemos sin peces, ese continente es una muralla de unos 350 kilómetros de espesor– ¡la envidia de Donald Trump!

Bien que mal, nos bastó con una servilleta de papel y un bolígrafo para dar por inaugurado, entre los cuerdos terraplanistas, el cisma de la Terra cylindrata.


A fe que nos sentimos, aquí adentro, subversivos y plenamente realizados.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies