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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 15 / 10 / 2019. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Un espectro habla desde el futuro

 

Escribo en enero del año 2051y me dirijo especialmente a los habitantes de este país que estaban vivos en el 2020, año en el que nuestro gobierno dio inicio al proceso de “descarbonización total” del territorio.

Como lo previeron los planificadores, nuestro minúsculo país -situado en los Balcanes o en Centroamérica, algo que ahora es irrelevante para quienes leerán mi mensaje- ya está totalmente descarbonizado.

Aunque nunca supimos qué pretendía realmente el pintor, estoy en capacidad de ofrecerles a mis compatriotas del pasado una descripción de lo que, si pudieran estar aquí, sería para ellos un cuadro tan irreconocible como hermoso.

Es para mí una gran satisfacción confirmar que, como nos fue prometido, las únicas fuentes de energía hoy utilizadas en nuestro territorio son la combustión de vegetales secos –para lo cual hemos ordenado y perfeccionado la explotación de las tierras de vocación agrícola– y la electricidad.

Ahora bien, la electricidad que consumimos es casi toda de origen geotérmico –el subsuelo bulle agitado y ardiente–, fotovoltaico –el sol brilla como promedio once horas diarias– y eólico –nuestros vientos soplan serenos y controlados–.

Por otra parte, la producción hidroeléctrica sigue siendo exactamente la misma que se daba en aquel tiempo, cuando se prohibieron en el país la construcción de nuevas represas y, desde luego, la instalación de nuevas turbinas generadoras. (Para los lectores de este mensaje sería en extremo aburrido que ahora yo viniese a comentarles cuán difícil fue expropiar ese diez o doce por ciento del área del país que hoy se destina a parques fotovoltaicos y eólicos; aunque sí conviene destacar que, para aliviar la creciente escasez de espacio funerario generada por el cierre paulatino pero indispensable de los cementerios, todos nuestros cuerpos están destinados a ser cremados una vez que crucen “la temida frontera” de la se habla en la misa de difuntos desde que la época del canto gregoriano.

Mis queridos predecesores notarían de inmediato la ausencia de aeronaves de línea en nuestro cielo, pues hoy está prohibido por ley que vehículos consumidores de combustibles fósiles sobrevuelen nuestro territorio a alturas inferiores a los diez mil metros.

Del mismo modo, los navíos movidos con carbón, gas o derivados del petróleo no pueden navegar en nuestro mar territorial ni permanecer en nuestros muelles por más de cuarenta y ocho horas consecutivas.

En consecuencia, la mayoría de las personas que viajan hacia nuestro país por vía aérea o marítima desembarcan en puertos y aeropuertos situados en los retrasados países vecinos, desde los cuales son transportadas hasta nuestras fronteras para que aborden los cómodos y veloces trenes eléctricos característicos de este país felizmente descarbonizado.

Como es lógico, quienes desde aquí emprenden un viaje al exterior, ya sea como turistas o por razones de negocios, siguen el orden contrario: se desplazan en tren eléctrico a una frontera y, desde ahí, en vehículos que pueden ser o no ser contaminantes, hasta un puerto o un aeropuerto extranjero.

Lo que ocurra en la atmósfera de esos países vecinos que no han procedido a descarbonizarse no es asunto que nos concierna. Nosotros estaremos a salvo de la ya inevitable catástrofe climática.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es
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