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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 23 /4 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Una maquinaria de sobornos.

 

A muchos economistas les fascina invocar las famosas fábulas de Bernard Mandeville, filósofo, médico y economista, de origen holandés, que influyó en su época, a inicios del siglo XVIII, por ser un precursor del liberalismo económico de Adam Smith.

Aunque como pensador Mandeville fue poco conocido, tampoco logró el renombre del que gozaron otros intelectuales de esa centuria, pero sí se reconoce que ha sido el único que alcanzó incorporar y desarrollar a través de la economía, la construcción de la sátira política sustentada en la interpretación de la economía para denunciar la situación de su época.

En la interpretación de Mandeville, el Estado no tiene el imperativo de combatir la corrupción moral provocada por la ampliación de las oportunidades económicas y del comercio y que la acción política ya no buscará moralizar a la sociedad.

La historia de la ciencia económica nos impulsa a la reflexión de que la llegada del capitalismo y de la revolución industrial aumentaron las relaciones comerciales y, al mismo tiempo, las prácticas ilegales.

Para ese entonces, hubo el convencimiento de que en París, el dinero corría sin control y lo corrompía todo, criterios que obnubilaron mentes ilustradas, como la de Napoleón Bonaparte, que solía decir a sus ministros que les estaba concedido robar un poco, siempre que administrasen con eficiencia.

Pero, es que en la etapa primaria del capitalismo se suponía que la llegada de una nueva clase social al poder podía traer mayor transparencia y evitar los abusos que mantuvieron en atraso a la sociedad de entonces.

Sin embargo, la realidad es que tampoco la burguesía iluminada pudo evitar caer en la tentación de usar la política para su enriquecimiento personal, iniciando un desenfrenado y galopante camino hacia la corrupción.

Es así como la génesis de la corrupción y el soborno es tan antigua que no se tiene con precisión cuál fue el primer caso documentado de esta, aunque algunos historiadores se remontan hasta el reinado de Ramsés IX, 1100 A.C., en Egipto, como el hecho de referencia de esa inmundicia, que es la más repudiada lacra social, que ha generado los escándalos políticos más vergonzosos, provocando que los ciudadanos estén, cada vez, más asqueados e indignados.

Desde mediados del siglo XX, hasta la actualidad, con la consolidación del Estado de derecho, se supone que este fenómeno debería tener cierta reprobación social.

Pero resulta que desde finales de la década de los setenta, el fantasma de la corrupción desarrollaba sus tentáculos en América Latina, en particular en Brasil, donde se constituyó una de las empresas constructoras sustentada en la tecnología, e impulsada por la familia Odebrecht, para dinamizar el negocio inmobiliario en esa nación.

Tan exitosas han sido sus operaciones que los herederos de la iniciativa la convirtieron en una multinacional que ha incursionado en el mundo con una maquinaria de sobornos para tratar de lograr o mantener contratos de obras públicas, sobre la base de corromper los negocios, implementando así una modalidad de corrupción combinada entre el sector privado y el Estado.

Es durante el período 2001-2016, que esta constructora efectuó u ordenó pagos por alrededor de 439 millones de dólares en once países, fuera de Brasil, nueve de ellos en Latinoamérica y El Caribe, revelado por una investigación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos de América.

Como consecuencia, obtuvo unos beneficios por valor de más de 1.400 millones de dólares, según lo confesaron ejecutivos de esa empresa ante una fiscalía de EE.UU. y ser culpables del pago de sobornos, descubiertos en el marco de la investigación por corrupción, cuyos montos conllevan una multa de 3.500 millones de dólares fruto de sus acusaciones judiciales en Estados Unidos, Brasil y Suiza, situación que ha puesto a temblar el mundo económico y político brasileño y latinoamericano.

La presencia de la multinacional Odebrecht en 28 países, involucra una nómina de 168.000 empleados, en la que una parte tenía la misión de gestionar los sobornos en distintas partes del mundo y para ejecutar la misma pagaban cientos de millones de dólares en países de tres continentes, revelaciones realizadas por los mismos ejecutivos en Brasil, lo que se conoce como “la confesión del fin del mundo”.

Pero es que la bomba Odebrecht, ha provocado una grave crisis a su propia empresa con daños colaterales irreparables, cuyo imperio ha pasado de tener beneficios de US$160 millones de dólares en 2014, a sufrir pérdidas de US$100 millones de dólares en 2015 y para 2016 las calificadoras de riesgos la estiman con un incremento del 15%.

A raíz del escándalo Odebrecht, se marca un antes y un después del soborno y la corrupción anclada en nuestro subcontinente, lo que sugiere tomar el control de la democracia urgente, de lo contrario se estaría aceptando la inmundicia de la financiación ilegal y el enriquecimiento ilícito como las normas y reglas predominantes.

Esto nos obliga a aceptar la posición del Papa Francisco: “A los políticos, empresarios y religiosos corruptos, no les basta con pedir perdón, sino que deben devolver a la comunidad lo que se han robado”.
Igualmente, se puede tener presente, al ingenioso e hidalgo caballero, Don Quijote de la Mancha, cuando exclamaba: “Yéndome desnudo, como me estoy yendo, está claro que he gobernado como un ángel”.


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