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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 9/ 9 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

A recuperar la moral pública.

 

Los acontecimientos políticos y sociales dan como resultado el fruto de la madurez de los pueblos; y, como respuesta, jamás se debe negociar la impunidad.

En un país como el nuestro, la corrupción no puede sustituir los principios éticos de la transparencia en la administración pública. La justicia debe guiar la legitimidad del debido proceso para así transparentar el camino hacia un verdadero estado de derecho.

En el pasado reciente, la sociedad ecuatoriana fue inducida y sometida a un proceso de degradación moral que afectó su principal activo, una población joven que debe valorar la honestidad como la principal vía para progresar y alcanzar sus metas, sin lesionar los derechos de los demás.

La nación ecuatoriana ha venido cayendo en un profundo despeñadero, donde parece que su figura humana, es estar con un pie en el aire y el otro en el abismo, como piso en materia de pérdida de valores y desintegración de su moral pública. Con la plaga del laicismo, la criminalidad, la violencia familiar, el desencanto ideológico, la fatiga moral, más los condicionamientos de los políticos de turno, cualquier cosa puede pasar, hasta que se convierta cualquier forajido en un nuevo ídolo de masas.

En un país mágico como el nuestro, donde lo irracional gana más espacio que lo lógico, de no hacerse nada al respecto, podríamos seguir cayendo en un vacío interminable. La ley juega el principal rol que todos debemos asumir, donde se castigue en igualdad de condiciones al desposeído, como al poderoso.

Una democracia no puede ser un camino expedito para alcanzar el poder con los recursos que son sustraídos al pueblo llano, que aporta la mayor parte del sacrificio tributario, sin recibir soluciones efectivas a sus necesidades básicas.

En base al altruismo y a los principios, Mahatma Gandhi combatió y logró las reivindicaciones para su pueblo, víctima de injusticias y segregación social.  El núcleo de su oración fue la convicción de la lucha por el “Ser”.

Una de las últimas conversaciones que sostuve con mi madre, Norma De Luca Di Vanna, una gran educadora y formadora de juventudes por casi medio siglo, quien falleció hace 15 días, fue sobre la ruina moral que actualmente estamos viviendo en Ecuador. A propósito, recuerdo una frase suya: “Yo soy pobre pero honrada”, esta frase que me la repetía tantas veces, era su reconocimiento al valor de una honradez acrisolada que ella predicó y practicó durante toda su vida. Ella me enseñó a ganarme el dinero con mucho esfuerzo, sacrificio y honradamente, sin hacer daño a los demás.

Es verdad que en esa frase se encierra también una valoración del tener dinero, pero sobre ello, estaba la honradez y la valoración por el trabajo, que es precisamente lo que mi madre me inculcó desde niño, siendo éste su más grande legado, lo que la hace inmortal para mí.

En tanto, nuestra sociedad debe empoderarse y exigir mediante el sometimiento a un sistema de justicia imparcial, que los que infringen la ley y practican la corrupción, justifiquen su enriquecimiento ilícito, para así evitar la fuga de grandes capitales del erario nacional, en detrimento de todos los ciudadanos.

En estos momentos, la experiencia que hemos vivido de esclarecimiento de las finanzas públicas por los sobornos y sobreprecios en la ejecución de las obras públicas, deriva en una coyuntura que nos pone a prueba frente a la complicidad o no de sanear nuestra sociedad, para beneficiar a una generación de hijos y nietos, quienes para crecer tienen que nutrirse de una probidad, y con sus acciones deberán demostrar con el paso del tiempo, que pueden ser honestos y trabajadores.

Consecuentemente, no puede haber moralidad política sin prudencia, y esta ha de entenderse como la consideración de las consecuencias políticas de una acción aparentemente moral. En otras palabras, cada Estado determina sus propias restricciones morales, según sus propios fines, aunque limitando su acción a los principios de la prudencia y la conveniencia. El interés nacional, orientación cardinal de los auténticos estadistas, se juzgará de acuerdo a una ética política, en la cual, se ponderarán las consecuencias de los actos del Estado. Es por esto, que se dice que la prudencia es la suprema virtud.

Actuar de otra forma, por ejemplo, en base a la moral particular de un Estado, identificándola con la universal, resulta imprudente y conduce a la ruina de una nación. Ahora, es nuestro turno frente a la corrupción de un sistema político decadente, para demostrar que no son todos los que están y no están todos los que son.

Finalmente, debemos pedir a Dios, su ayuda para decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles. Y así, poder exclamar: ¡Si me das fortuna, no me quites la razón; si me das éxito, no me quites la humildad; si me das la humildad, no me quites la dignidad!


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