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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress 11 / 11 / 2019. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Por un nuevo orden en Latinoamérica

 

La historia reciente de ciertas naciones latinoamericanas, está dominada por protestas sociales y rebeliones populares. Lo nuevo, no es por cierto la convulsión misma, ni la horrorosa dosis de violencia que envuelve cada vez más la vida cotidiana de hombres y mujeres que viven en la región.

Lo inédito es la dimensión de las protestas de las últimas semanas, situación que, de una forma u otra, amenaza el orden establecido en varios países de nuestro subcontinente.

Con ello, la rebelión social cobra una nueva medida en el ámbito internacional y se torna apenas en un episodio más de las contiendas políticas que están por venir.

Se hace imperiosamente necesario un cambio en el orden político en América Latina.

El desordenado crecimiento de la población, las nuevas facilidades de comunicación en la sociedad de la información, que permiten a casi todos los ciudadanos, estar en todas partes al mismo tiempo y experimentar todo lo que sucede en cualquier lugar del mundo, crea un nuevo deseo en la búsqueda de justicia social.

Lo que estamos experimentando en la actualidad, reflejado en las manifestaciones callejeras, prácticamente incontrolables, que se producen en ciertos países que disfrutan algún grado de ejercicio democrático; por lo que se puede apreciar, obedecen a la falta de una respuesta adecuada por parte de los gobiernos a necesidades básicas de la sociedad, que no son atendidas con eficiencia y eficacia, por las autoridades competentes. 

Los reclamos son generalmente desatendidos, con seudo soluciones mal implementadas o sencillamente, burdamente ignoradas.

Entretanto, los desposeídos, a través de las nuevas facilidades audiovisuales de las que prácticamente todos disponen, son testigos cercanos y asiduos del derroche extraordinario, y en algunos casos, casi increíble en que incurren y disfrutan los grupos bendecidos por las fortunas enormes, que en la mayoría de los casos, produce la corrupción, tanto en el sector público como en el privado, pero especialmente en el servicio público.

Anteriormente, los núcleos humanos se enteraban tarde y se movían con lentitud. Hoy, existe un nuevo estado de cosas.

Este panorama puede cambiarse y transformarse como resultado del tecleo de unos cuantos segundos o minutos en cualquier computadora. Los ejemplos abundan: Chile, Argentina, Haití, Perú, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Venezuela, entre otros.

El modelo de las políticas neoliberales en el mundo se tradujo sólo en un estereotipo social de prosperidad para unos pocos. De hecho, el auge económico solamente sirvió para reforzar y ampliar el poder de los que más tienen.

De Nicaragua a Chile, pasando por El Salvador, Haití, Ecuador, Perú y Bolivia, las protestas sacuden a nuestra región, con millones de personas en las calles por diferentes razones, aunque con un denominador común: el descontento social.

El caso más reciente y cercano a nosotros, es el de Chile, donde varias personas han perdido la vida en protestas callejeras, en un país considerado como el alumno aventajado del neoliberalismo en América Latina.

En ocasiones, las demandas y protestas sociales suelen ser contagiosas, más cuando logran tomar el pulso a los gobernantes, como ocurrió la semana pasada en Bolivia.

Consecuentemente, se impone un cambio sustancial en las políticas públicas. La búsqueda de mayor armonía entre las clases sociales y la eliminación de la inequidad extravagante. La investigación permanente de las injusticias existentes en el entretejido social, para proceder a resolverlas.

La situación de la sociedad actual, ya no se puede resolver con los mismos métodos que se utilizaban hace un siglo, 50 o 25 años atrás. 

En China, Deng Xiaoping, encontró la fórmula transicional perfecta: cambiar el sistema estrictamente socialista por un hibrido que incluye la presencia de la empresa privada bajo el mismo régimen político con diversas regulaciones y alternativas.

En Latinoamérica, le toca a los políticos, una de las mayores responsabilidades en esta búsqueda de justicia social y económica. De no hacerlo, las chispas incendiarias seguirán surgiendo y nadie tendrá paz, lo que significa una gran amenaza al progreso y desarrollo de sus pueblos.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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