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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 25 / 10 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Mediocridad y codicia.

 

En la vida no hay mayor satisfacción que poder transitar a través de ella ocupando el lugar que nos corresponde.

Ese lugar libre de adulonerías y oportunismos, con la inversión que tenemos que sacrificar para realizarnos en la percepción de saber recibir las oportunidades con el talento que poseamos, acompañado de la constancia y responsabilidad para desarrollarnos sin atropellar y obstaculizar a los que sueñan con nuestros ideales.

Esa convicción de progresar sin negociar el honor y la dignidad es la mejor arma para derrotar el resentimiento de aquellos que aspiran a ser un obstáculo en nuestros propósitos, porque terminan siendo víctimas de sus propias miserias humanas.

Cuando un héroe levanta la espada contra el enemigo que resiste y lo somete, queda suficientemente satisfecho.

No es honorable pisotear el objeto que se teme, no es virtuoso insultar lo inferior, es preferible instruir al insolente mediocre y perdonar al humilde, para lograr la victoria final.

El que no tiene valentía para ascender, suple la conquista con la perversidad. Las profesiones, posiciones y ascensos que vamos logrando deben servirnos para multiplicar nuestro respeto, ayudando a los que nos rodean, aceptando sus diferencias conceptuales y valorando a las personas por su honestidad y formación educativa.

Da pena ver individuos que llegan a una posición y descargan a través de ella su resentimiento como forma de mantenerse en la misma golpeando a los demás, que es golpearse a sí mismo por su poca calidad profesional.  Las limitaciones morales y profesionales terminan por despedirlos de la manera más lamentable que envuelve la mediocridad de sus acciones.

En consonancia con lo expuesto, cabe señalar que la resistencia al cambio es un denominador común que a diario observamos en las diferentes actividades de la vida cotidiana, en los individuos que quieren permanecer en detrimento del ejercicio institucional que debe prevalecer para que los procesos nos lleven a resultados de equidad en la lucha por las reivindicaciones de la gran mayoría de los ciudadanos.

Entenderlo es una virtud que pocos poseen en una sociedad, ya sea en un sistema capitalista o socialista.

Alcanzar el poder y saber entregarlo, como resultado de los cambios sociopolíticos que se producen, es difícil cuando no se tiene un alto sentido de alternabilidad, que no es más que uno de los valores intrínsecos de la democracia. Recordemos la frase del estadista inglés, Winston Churchill, que reza: “La alternancia fecunda el suelo de la democracia”.

 El acumulo de riquezas y la hegemonía en la obtención de prebendas es consustancial con la naturaleza humana, aupada y estimulada por la mayoría subordinada a las limitaciones aplicadas por el mismo sistema.

De ahí, observamos cómo el poder que otorga la opulencia ha penetrado la administración de justicia y ha imposibilitado la creación de un estado de derecho, que no es más que el imperio de la ley. 

Cada día comprobamos que las riquezas forjadas en la codicia se convierten en una enorme barrera a la mayor aspiración de los seres humanos que se agrupan en comunidad y anhelan vivir con deberes y derechos, pero bajo el marco de una justicia social.

Quiero reflexionar sobre el concepto de codicia, hacedor y promotor de la desigualdad social que hoy nos afecta. Las riquezas no merecen una atención exclusiva, por lo tanto, el cuidado egoísta de obtenerlas es injustificable. 

En la obtención de riquezas, un deseo sin moderación es un veneno en la conciencia, que contamina y destruye todo lo bueno que hay en ella, y que tan pronto como se apodera de la mente, toda virtud, honestidad y afecto natural se destruyen.

El codicioso vendería a sus hijos por oro y poder. Llegaría a velar la muerte de un ser querido para inmediatamente abrir el cofre de sus pertenencias, sin considerar el respeto a su memoria.

El codicioso no sirve de nada a los demás, con nadie es más cruel que consigo mismo. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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