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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress 18 / 6 / 2019. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Exaltación y perversión de la democracia

 

“Nosotros el pueblo”. El triunfo de la Guerra de Independencia (1775-1783) de los Estados Unidos de América y su Constitución (1787), demostraron que era posible liberar a las naciones de la dependencia, las monarquías y las tiranías. 

Un proceso que desbrozó el camino hacia el primer Estado neo-republicano moderno: una democracia de blancos basada en la férrea institucionalidad de la Constitución y las leyes. Una onda expansiva que revirtió lo definitorio de los regímenes antiguos, según Platón: “para todo hombre que discurre bien, lo justo es lo mismo en todas partes: la conveniencia del más fuerte”.

Por eso, la democracia es la marca país de la nación estadounidense, la insignia fundamental de su política exterior.

Las naciones suelen ser sumatoria de las características de sus ciudadanos, piedras talladas por los poderosos y sus gobernantes.

Parece perogrullada, y puede serlo. Aunque se espera que las perogrulladas ingresen por las puertas del sentido común, pero a veces, se extravían sin lograr su cometido de regir pensamientos y actos. Sus rutas insospechadas llevan a lugares no imaginados: vidas truncas, la anomia o refulgentes fuentes luminosas.

Los ciudadanos son células del enjambre social y determinan lo que la sociedad es, para regresando a Hobbes, Rousseau y Marx, ser tallados por ella al golpe del hierro que sostienen el poder y la autoridad de las leyes.

El influjo de los individuos sobre y entre ellos, aunque generalmente es soslayado, incluso por la teoría de grupo de “pares”, es singularmente poderoso; tuerce o endereza las vidas, construyendo destinos nuevos.

Los ciudadanos expresan sus sociedades en actos que denuncian cuál tipo de sociedad se trata, cuáles son los valores que la sustentan y qué cultura en ella prevalece.

Nuestra coyuntura actual ofrece un vibrante campo de estudio. En el lenguaje y actos altisonantes y discretos de los actores principales se verifica la expansión de la democracia y sus estatutos ante el hecho de que Alianza País, previamente marginada del debate abierto, irrumpió públicamente, eclipsando todo con su debate de ideas en conflicto sobre la democracia, reelección y la preeminencia constitucional, en una apertura que, incluso asumida utilitariamente para la gobernanza, observa las predicciones del magnate húngaro-estadounidense, de origen judío, George Soros.

Con una “oligarquía” asumiendo el constitucionalismo y el comercio fungiendo de mensajero diplomático, el análisis científico de la coyuntura política se impone sobre el sagaz epíteto “perversión”, colocado como riesgo de nuestra democracia, que evoca el temor ancestral a las “alteraciones viciosas” de las formas de gobierno o “clases de constituciones”, según la doctrina Aristóteles, en su obra “Moral a Nicómaco” y a sus desviaciones “defectuosas y degeneradas”, señaladas en su libro “La República”.

Creciendo en importancia, el tema central viaja hacia las fuentes donde lo democrático se define como desviación de las características de una república: “La tiranía es una monarquía que atiende al interés del monarca, la oligarquía al interés de los ricos y la democracia al interés de los pobres; pero ninguno de ellos atiende al provecho de la comunidad”.

Para Aristóteles, la diferencia entre oligarquía y democracia tenía fundamentos económicos: “Hay oligarquía, cuando los que tienen la riqueza son dueños y soberanos del régimen; y, por el contrario, hay democracia, cuando los que detentan el poder son los que no poseen la riqueza nacional, sino más bien, son los pobres o el pueblo llano. Lo que diferencia la democracia y la oligarquía entre sí, es la pobreza y la riqueza”.


Sorprendentemente, al filósofo estagirita corresponde la primicia de resaltar una virtud del sistema democrático: su utilidad para propiciar el cuerpo único y fundar su fortaleza en la diversidad de opiniones de sus integrantes: “Pero el que la masa debe ser soberana más que los mejores, pero pocos, puede parecer una solución y, aunque tiene cierta dificultad, ofrece quizá también algo de verdad. En efecto, los más, cada uno de los cuales es un hombre mediocre, pueden, sin embargo, reunidos, ser mejores que aquéllos, no individualmente, sino en conjunto”.

Y concluye: “Al ser muchos, cada uno tiene una parte de virtud y de prudencia, y, reunidos, la multitud se hace como un solo hombre con muchos pies, muchas manos y muchos sentidos; así también ocurre con los caracteres y la inteligencia”.

La gente que nos rodea y las instituciones, preguntan: ¿hacia dónde están siendo orientadas por la sociedad? ¿Hacia dónde los ciudadanos, correligionarios, socios, empresas e instituciones se empujan entre sí, de mayor a menor y de menor a mayor, e impelen al Estado?

Subyace aquí, un concepto de estatura humana como determinante cualitativo de la “calidad social” y viceversa, que trasciende el cuantitativo y unívoco eufemismo “Desarrollo Humano” del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Especialmente al advertir sobre la identidad, qué se debe esperar de una sociedad, sus instituciones y su gente.

Según los griegos, una ciudad pequeña produce espíritus pequeños: por la falta de visión, el enanismo y mezquindad de sus propósitos, objetivos y metas. Los modernos se sabían “enanos sobre hombros de gigantes”.

Una realidad aumentada por la globalización. Especialmente cuando se actúa como para confirmar cuán lejana va quedando la grandeza de la democracia.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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