LATINPRESS.es © Periodismo de verdad, verdad.
Marbella, España.
Año 8. Marzo 2011 – Octubre 2019.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.


     
 

 

   

Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress 22 / 10 / 2019. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

El poder y la libertad de prensa

 

En un momento en el que nuestro oficio ha sido muy cuestionado, coincido con Gabriel García Márquez, y aunque presionado por las transformaciones tecnológicas y de manera sutil por algunos estamentos del poder, no deja de ser noble y gratificante.

Aunque reconocemos lo complicado que es mantener un periodismo limpio en una sociedad como la nuestra; unos por las mismas condiciones laborales en que se desenvuelven y otros por los temores.

Sin embargo, en uno u otro caso, siempre se debe reivindicar el rol de un periodismo más libre, valiente y crítico, ese que hoy, es más necesario que nunca en Ecuador.

La mejor manera de lograr que la corrupción, la indolencia en la gestión pública, la incapacidad, la injusticia y la impunidad terminen por imponerse, es estigmatizar el ejercicio del periodismo y pretender reducirlo a la condición de simple instrumento de información.

Esporádicamente, personalidades y directores de instituciones públicas, reaccionan enojados por informaciones u opiniones mediáticas que interpretan como falaces o calumniosas, y emplazan a sus autores a que se retracten públicamente, en el filo de la advertencia de que, de lo contrario, serán sometidos a la justicia por daños y perjuicios.

En épocas pasadas, por las denuncias temerarias, injuriosas o vilipendiosas, los juicios de valor pugnaces y las apreciaciones críticas o polémicas, los gobiernos acudían con cortapisas a sus divulgadores; los perseguían, deportaban y accionaban los estampidos de los fusiles, con desenlaces siniestros.

La marcha democrática e institucional, lenta y curva, ha tornado más remisos a los personajes públicos. Para proteger su reputación o imagen, ahora reclaman rectificaciones públicas, intiman legalmente e interponen recursos contra los periodistas ante la Justicia.

¿Cuál ha de ser la contestación más apropiada y legítima del comunicador?
Ética y jurídicamente, el autor de un texto o pronunciamiento verbal, está en el compromiso de revisar el mensaje emitido y divulgado.

Si confirma su veracidad o autenticidad, tiene que defenderlos ardorosamente, encarar a los poderes públicos o privados que pretendan menguar o abolir la libertad de información y expresión; y, prepararse para desmontar esos desafueros en los juzgados y tribunales.

En el reverso, si concienzudamente detecta deslices o
desproporcionalidades, la honradez invita a corregirlos o subsanarlos, amparado en la figura jurídica de la rectificación.

Al respecto, cabe recordar la máxima, que reza: “Rectificar es de sabios y el acto correctivo ennoblece”.

Periodistas críticos de extenso ejercicio, nunca o pocas veces han sido emplazados. Otros, con frecuencia, son intimidados e imputados judicialmente, por tres razones: 1) ligereza, por la inmediatez o déficit formativo; 2) opiniones impetuosas e infamantes; y, 3) manipulación de la información, ex profeso o adrede.

Si el periodista no desea tener que retractarse -en ciertos órganos informativos por normas internas, conlleva a la renuncia de éste-; por lo cual, existe una sola receta: ser cauteloso, comprobando las fuentes y presentando las informaciones y opiniones con altos estándares de rigurosidad y calidad.

La única arma con la que contamos los comunicadores sociales para mantener a raya a los engreídos, poderosos y arrogantes, es una prensa libre, lúcida, culta, eficaz e independiente. Sin ese contrapeso, la libertad, la democracia y la decencia, son imposibles.

A propósito, el reconocido escritor y periodista mexicano-estadounidense, Jorge Ramos Ávalos, señaló en una ocasión, que los periodistas se equivocan cuando creen que basta con contar la verdad sobre un hecho, porque ahora los lectores reclaman y exigen más.

Esa observación indica que estamos obligados a tomar partido en temas fundamentales como la discriminación, el racismo, la corrupción, el medio ambiente, los derechos y la pobreza, entre otros.

Los periodistas debemos aprender de los fracasos y frustraciones, sin olvidar nuestro rol social, para desempeñar el oficio con gallardía, como contrapoder y guardián de la sociedad. Me atrevo a plantear sin temor a equívocos, que los conflictos entre el poder y el periodismo deben mantenerse por el bien del país.

Y no es que falten motivos suficientes para criticar la labor periodística, que se hace desde los medios de comunicación social nacionales, aparentemente independientes, pero el debate que debe convocarnos, es el que apunte hacia la preservación de la diversidad como una característica irrenunciable del periodismo.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies