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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 20 / 3 / 2018. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

La teoría de Malthus y la inequidad persistente

 

Al economista y sacerdote, Robert T. Malthus, se la atribuye el hallazgo de relacionar el tamaño de la población con la producción de alimentos, en el año 1798, observando que esto se podría convertir en una situación caótica y sistemática.

En tal sentido, sostenía que la población tiende a crecer de acuerdo a una progresión geométrica, en tanto que los medios de manutención lo hacen en ascenso aritmético, lo que sugiere la necesidad de regular dicho crecimiento explosivo.

En pleno siglo XXI, la teoría maltusiana parece tener la misma vigencia del momento en que fue concebida por su autor, si se toma en consideración cómo se ha incrementado la población mundial desde el año 1900, cuando esta alcanzaba mil quinientos millones de personas, pero que ya en el año 2000, esta cifra se ubicaba en seis mil cien millones, para cerrar en 2017 con siete mil quinientos millones y una proyección de cara al 2020, de siete mil setecientos millones de seres humanos.

En la dirección opuesta, se observan tasas de crecimiento económico promedio de 2.4% en las últimas dos décadas, lo que ha sido reiterado con 2.2% y 2.3% para los años 2016 y 2017, respectivamente.

La lentitud en la expansión del crecimiento del producto interno bruto (PIB), pone en evidencia que, a nivel global, la economía no está registrando los niveles adecuados para satisfacer el crecimiento poblacional, lo que puede interpretarse como el principal obstáculo a la movilidad social en el mundo.

Al respecto, la teoría económica establece que un país de baja movilidad social, es un país que no puede alcanzar altos niveles de desarrollo, por tanto, condena a un elevado porcentaje de la población a vivir en las mismas condiciones con las que nacieron.

Bajo ese enfoque, se puede inferir que tal situación termina limitando las capacidades productivas de un país, en particular, en lo referente a la formación de capital humano, empujando a la economía y a la sociedad a convivir bajo la sombra de la incertidumbre y el caos sistémico. En ese contexto, se desprende que, en ese esquema, se incuba el peor obstáculo para el desarrollo, lo cual, se tipifica como desigualdad social y económica.

Esos peligros han venido construyendo un horizonte desesperanzador en los albores del siglo XXI, quedando evidenciado que, a escala planetaria, predomina un modelo económico injusto, en el cual el crecimiento del PIB, tan sólo está favoreciendo a los que más tienen. Mientras que, la gran mayoría de habitantes del mundo, especialmente los sectores más pobres, se están quedando excluidos de la dinámica económica global.

Para que se tenga una idea más concreta de lo que está ocurriendo en la economía mundial, solo hay que observar los resultados angustiosos sobre los que se tienen constancia en la comunidad internacional. En efecto, es deprimente saber que el 82% de la riqueza mundial que se generó durante el año 2017, fue a las manos del 1% más rico de la población, en tanto que, el 50% más pobre, no se benefició en nada de dicho crecimiento, esto es, alrededor de 3.700 millones de personas.

Cabe entonces arribar a la triste conclusión, de que alrededor de la mitad de los seres humanos que habitan en el planeta, se quedó con cero riquezas, como nunca había ocurrido en la historia económica contemporánea.

Esto resulta inverosímil, si se compara que concomitantemente, se produjo la mayor expansión de personas cuyas fortunas superan los mil millones de dólares, reflejándose así, la existencia de una élite que posee una riqueza que se incrementó en 762.000 millones de dólares, lo que es equivalente al monto requerido para que se elimine la pobreza extrema en el mundo, hasta siete veces.

Esta brecha de desigualdad existente, pone de manifiesto, que la riqueza del mundo está controlada por el 1% de la humanidad, mientras que el 99% ha sido excluida de la repartición, lo que significa que se crea un clima de inestabilidad e inequidad persistente en todo el planeta. En adición, se tiene la constancia de que ocho personas concentran la misma fortuna distribuida en 3.600 millones de personas a nivel global.


También, se sabe que durante el período 2008-2013, los ingresos del 60% de los más ricos aumentaron más rápidamente que los del 40% de las personas más pobres, según el Banco Mundial. Por igual, en el año 2016, el hambre afectó a 815 millones de hombres y mujeres, es decir, al 11% de la población mundial, y a 38 millones de personas más que en 2015, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Paralelo a la desigualdad de la riqueza global, se ha desarrollado el mapa de riesgos con la presencia de lo que se ha calificado como los ciberataques, fruto de la existencia de más de 3.500 millones de usuarios de internet, esto es, el 46% de la población mundial con diez mil millones de dispositivos conectados a la red. Esto significa que se ha producido un incremento del 45% en el índice de conectividad global, lo que sin lugar a dudas, coloca a la economía mundial en el epicentro de los riesgos que amenazan la supervivencia de los seres humanos. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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