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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress 6 / 3 / 2019. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Jóvenes honestos, preparados y comprometidos

 

Cuando a los obreros metalúrgicos del siglo XVIII, se les dieron responsabilidades políticas de Estado, en un esquema de volatilidad tecnológica, comunicacional y científica, en el que el conocimiento define la cotidianidad de la sociedad y se convierte en eje central de los procesos productivos, que van forjando el quehacer y el discurso político que debe desprenderse de los programas que las ideas ayudan a estructurar, hacen de bufones, porque su comunidad está colocada en un nivel superior, lo que crea choques entre el representante desencajado y los “representados” que el proceso de desarrollo elevó a otra dimensión.


Eso ocurre cuando facciones de partidos integradas por individuos “especializados” en cuestiones operativas, alcanzan la administración del Estado.

En ellos, el pragmatismo es la norma, para lo cual, principios, reglas de juego, compromisos o pactos, no tienen validez alguna, de lo que se desprende que las cuestiones de orden moral y ética no existen, pues de existir, cambiaría la naturaleza del desenfreno con que se mueven para conseguir objetivos centrados únicamente en la toma del poder para alcanzar el prestigio social y la honorabilidad que se logra con la ocupación de un cargo público, además de las oportunidades que para cuestiones alejadas de asuntos de Estado, persiguen.


Lejos de pruritos, como saben que el pragmatismo solo, no está en capacidad de gestionar una administración de manera eficiente y bajo los estándares de una ciudadanía informada, instruida, y por lo tanto, empoderada para demandar sus derechos, alquilan a aquella parte de la sociedad civil ávida de poder, de esa que no se encuentra en la periferia del activismo político y desde la cual, quieren disputar a los políticos profesionales, los espacios que se ganan con el trabajo diario que combina el estudio de la sociedad y el contacto con ella.


Nada es igual. Las viejas formas se encuentran a centímetros del sepulcro, se arrastran a pasos lerdos y embutidos en sus cadavéricos talantes espectrales, en tumultuosos atrincheramientos que procuran impedir el cambio, lo que se expresa en una crisis derivada de prácticas, modos e ideas añejas que insisten en trazar las líneas del futuro, sin disponer del germen que alberga las fuerzas del cambio indispensables para la definición de un presente, con vocación de futuro.


El filósofo y político italiano, Antonio Gramsci, definió esta lucha de orden dialéctico bajo la gráfica explicación de que “una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo, pero no termina de morir y al mismo tiempo algo que está naciendo, pero tampoco termina de nacer”. 


Los procesos políticos están ligados a los procesos sociales y económicos, éstos a su vez, son una expresión de la forma en que se producen los bienes materiales y los servicios; partiendo de esta realidad cabe preguntarse: ¿Corresponden las prácticas, ideas y estructuras partidarias con la sociedad actual?


Aunque nuestro país no alcanzó el desarrollo industrial de los países del primer mundo, diseñó, en el orden jurídico, una sociedad que respondía a la realidad material de aquellos.
Con una composición social propia de una nación en vías de desarrollo, desde el mismo nacimiento de la República (con relaciones de producción precapitalista), los padres fundadores de la Patria edificaron una estructura de distribución del poder en un marco de completo desencaje social.


El modelo sirvió de base para crear partidos políticos tal como se crearon los primeros, iguales en estructura y pensamiento a los que hoy conocemos: a imagen y semejanza de los esquemas de la sociedad industrial que la humanidad comenzó a abandonar, en la medida que el progreso científico-técnico, con énfasis en la comunicación y la información, dio paso a una sociedad global en la que el conocimiento pasó a ser más importante que los factores clásicos de la producción: tierra, trabajo y capital.


Este pragmatismo, anidado en un pequeño solar del cerebro, vive en una transpiración física constante; los músculos de sus extremidades se hinchan y las elaboraciones de sus estrategias, al margen de sus pensadores alquilados, se vuelven extenuantes, contrario a los equipos que construyen sus espacios partidarios sobre avenidas de ideas que se buscan y entrelazan generando éxtasis.


Aquel utilitarismo que nace de la satisfacción de crear para otros, para las grandes masas que ponen sus esperanzas en los que tienen la responsabilidad de conducirlos en el presente y construirles un mejor futuro.


Los partidos siguen siendo en nuestro país, y podríamos decir que en el resto del mundo, expresiones de aquella antigua sociedad que va muriendo y que se ancla en los viejos Estados nacionales superados por la producción deslocalizada o fragmentada, que reorienta la fuerza de trabajo, los flujos de capitales, los mercados y la forma de hacer negocios, lo que necesariamente conduce a la creación de individuos cada vez más desprendidos de las tradiciones; así nace un nuevo ciudadano, una nueva sociedad que responde a los estímulos de una época que marca un cambio en la conducta social.


Este nuevo ciudadano es un engendro de una revolución que trae consigo un lenguaje productivo con nuevos códigos que crean una moral social distinta, y en torno a ésta, se entroncan las relaciones y las demandas entre los individuos.


Así lo entendió, el político estadounidense Bernie Sanders, que comenzó a interpretar el quiebre de los antiguos esquemas de la sociedad que le vio crecer y envejecer, emprendiendo una cruzada para liderar un verdadero cambio de época. 


En nuestro país, debería haber esa complicidad entre las fuerzas sociales que emergen con conciencia de las transformaciones que necesita la sociedad, los nuevos agentes de cambio y las florecientes organizaciones políticas que van a construir un bienestar bien cimentado para el futuro. ¡Por eso, necesitamos jóvenes para la política!


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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