LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales
Marbella, Andalucía, España.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.


     
 

 

   

Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 7 /5 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Humildad, grandeza y sabiduría.

 

Por lo general, la palabra humildad suele manejarse como sinónimo de pobreza, esto es, para identificar a las personas que carecen de recursos financieros para sustentar sus vidas.

Esa es una de las razones por la cual comúnmente se utilizan frases como “una persona humilde” o “un barrio humilde”, es decir, que se trata de la expresión más objetiva para convencer a los demás de la existencia del fenómeno de la pobreza.

Tal interpretación pone en evidencias que el común de la gente distorsiona el concepto de humildad, creando confusión, y hasta exclusión, frente al sujeto señalado o discriminación cuando se trata de demarcación geográfica o de grupos sociales.

Si, así como se lee o se ve, ya que la humildad es un valor del individuo que va  más allá de cualquier situación humana coyuntural, que en la interpretación de la filosofía religiosa es más bien el reconocimiento de la superioridad divina, expresado en aquello de que todos los seres humanos somos iguales ante los ojos de Dios.

Cuando alguien se muestra con humildad frente a los demás, es porque enseña la grandeza de ser objetivo con uno mismo, es como aceptar que tenemos errores y, sobretodo, nos permite entender que todos tenemos límites, y es ahí donde reside el reconocimiento de que nadie es perfecto, que lo perfecto no es terrenal.

En adición, la generalidad de nosotros estamos convencidos de que la forma en que vemos la vida es la correcta, la que encaja dentro de nuestros esquemas y, a su vez, todos aquellos que la ven de otra forma, están, sin duda, equivocados.

Es en ese contexto que aparece el engendro de la soberbia, esto es, que nos hace creer sabemos mucho, y somos mejores que los demás, y así nos lleva al desprecio de lo que se ignora, de lo que no ha sido descubierto personalmente, de las opiniones ajenas, cerrando así el reconocimiento de la verdad en muchos campos y desvaneciéndonos para que nos veneren.

Tal irracionalidad conduce al maltrato de quienes son sus subalternos, haciéndoles creer que no son imprescindibles, golpeándolos y humillándolos recurriendo de esta manera al abuso del poder, olvidando que éste tiene límites.

Sin embargo, desde la perspectiva de la evolución espiritual, la humildad es una virtud de realismo, pues consiste en ser conscientes de nuestras limitaciones y en actuar de acuerdo con tal conciencia. Más aún, exactamente, la humildad es saber lo que somos, de aceptar nuestro nivel real evolutivo y esto se traduce en un ejercicio de la grandeza y la sabiduría del ser humano como tal, pues ésta es un valor que nos enseña a ser felices con lo que tenemos y con lo que somos.

La historia del pensamiento económico nos recuerda que tres grandes obras fueron escritas con humildad y criterios ponderados, como son: “La riqueza de las naciones”, de Adam Smith, publicada en 1.776, “El capital” de Karl Marx, de 1.867, el primer tomo, y los dos restantes 1.885 y 1.894, respectivamente, y “La teoría general de la ocupación del interés y el dinero” de John Maynard Keynes, publicada el año 1.936.

Estos tres gigantes del pensamiento económico practicaron la humildad, al reconocer que sus escritos no eran perfectos.

La humildad practicada por estos tres hombres, les generó respeto y confianza hasta de sus adversarios, fueron obras que han trascendido a toda la humanidad, a pesar de que su salida al mundo científico ha sido objeto de duras críticas y fuertes controversias.

Sin embargo, la seriedad investigativa, el no creer que era lo más acabado de la perfección y la humildad con que aceptaron las discrepancias explican el por qué en las mismas se encuentra una explicación objetiva del mundo y su evolución.

Una retrospectivas por el mundo de los grandes pensadores de la ciencia, nos conduce a la conclusión de que estos fueron seres humanos dotados de humildad, en particular los economistas que nunca se llegaron a creer dueños de la verdad absoluta, criterios que encuentran sus fundamentos en que la producción de sus ideas la colocaron a disposición de los demás y actualmente han servido de guía para profundizar en los avances científicos de la humanidad derivada de esa humildad de los grandes pensadores. Y ha de ser de esa manera ya que ésta es uno de los valores esenciales en la educación del ser humano, lo cual se traduce en el respeto hacia los demás, no subestimar a nadie, no considerarse superior y sobre todo, tener una actitud permanente de aprendizaje, lo que en los hechos permite eliminar el orgullo y la arrogancia, reconocer las capacidades físicas, intelectuales y emocionales de los demás, aunque piensen diferente.

Es en tal contexto que la historia permite que recordemos la frase célebre del filósofo Sócrates, cuando dijo: “Solo sé que no sé nada”. Conclusión a la cual arribó a raíz de que su amigo Querofonte, acudió al oráculo de Delfos para preguntarle si había alguien más sabio en el mundo que Sócrates, cuya respuesta fue negativa, noticia que fue transmitida de inmediato y él sorprendido, emitió la respuesta más humilde que conoce la historia: “Solo sé que no sé nada”. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies