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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 13 / 8 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

El rol del Estado en la economía.

 

La intervención del Estado en la economía ha sido objeto de discusión desde hace algunos siglos, lo cual se contrapone a la presencia del mercado en las actividades económicas.

Todo alcanza un carácter doctrinario, cuando en el siglo XVIII, el economista escocés Adam Smith, acuñó el término del “Laissez Faire”, herencia de los fisiócratas franceses, y lo incorporó en su visión acerca de la mano invisible para explicar el funcionamiento del mercado.

En principio, las explicaciones del pensamiento de Adam Smith partían de que el Estado dejara solo al mercado para que este no redujera su eficiencia, sin embargo, también se reconocía que el Estado debía intervenir de vez en cuando.

Smith entendía que las empresas tenían todo el poder del mercado, pero que esto era muy riesgoso para la fijación de los precios y la desactivación de la libre competencia, situación que justifica que el Estado no debería dejar solo al mercado.

Es por tales razones, que las evidencias empíricas demuestran que todas las economías de mercado tienen imperfecciones que generan graves problemas como son el desempleo, la pobreza, la corrupción, la contaminación ambiental y las crisis financieras, que cuestionan la legitimidad del sistema económico.

Son los fallos del mecanismo del mercado que obligan a que el Estado no abandone su intervención en la economía ya que solo este puede garantizar la seguridad jurídica, el cumplimiento de las leyes, la investigación científica, la construcción de obras de infraestructuras para el desarrollo y la estabilidad económica.

Aunque todos reconocen esa capacidad de actuación del Estado, los fundamentalistas del libre mercado no ceden un ápice en que se ignore la presencia del Estado en la economía, máxime después que en el siglo XIX, la mayor parte de las economías de Europa y la de los Estados Unidos de América, se afianzaron en la era del “laissez faire”, o “dejar hacer”.

Aunque al entrar el siglo XX, los países industrializados forzaron y lograron que se abandone el autoritarismo del mercado, y con posterioridad a las dos guerras mundiales, se reconoció que el Estado es imprescindible hasta para el buen funcionamiento del mercado.

Es importante poner de relieve que las discrepancias que existían sobre si el Estado debía eliminar el mercado, o que si éste no debe intervenir en la economía ha ido despareciendo, fruto de que los doctrinarios hoy reconocen que ambos se necesitan mutuamente y han de cohabitar sobre la base de armonizar lo mejor de cada uno en el papel que han de desempeñar en la economía.

Pero, es que en la actualidad, las economías modernas requieren de un Estado fuerte que fomente la seguridad jurídica para el mercado y se convierta en un reproductor de bienes y servicios.

Es cierto que el Estado no debe inmiscuirse en una competencia con el mercado en lo relativo a la producción de bienes y servicios, negocios turísticos o tiendas de ropa, entre otras actividades económicas, pero existen aéreas estratégicas en las cuales no puede actuar de espalda al entorno económico.

Es así como el Estado ha de estar al frente del sistema educativo en todos sus niveles, ser vigilante y promotor del sistema de salud, tener el control estricto de la generación y distribución de la energía eléctrica, fomentar y regular un sistema de transporte masivo adecuado.

Además, el Estado debe estar presente en la defensa de la institucionalidad, la regulación de la producción de medicamentos, regular el sistema financiero, evitar la evasión tributaria, diseñar y ejecutar la política comercial nacional para garantizar la inserción en los esquemas modernos del comercio exterior y sus negociaciones.

Esas actividades el Estado no podría delegarlas a la empresa privada o al mercado, ya que un fracaso de las mismas, frustraría las aspiraciones colectivas y es al único que se le puede reclamar la prestación de determinados servicios públicos, ya que el mercado no asume ninguna responsabilidad sobre ellos.

Ha correspondido a los economistas, las autoridades y a los politólogos encabezar los debates acerca del protagonismo económico del Estado, al igual que a la opinión pública en general.

Pero, aunque la gente enrostra que el Estado es demasiado grande, también los ciudadanos son capaces de exigir cada vez más escuelas, hospitales, agentes de policía en las calles para la seguridad ciudadana, mejores carreteras, más transparencia en el uso de los recursos públicos, menor corrupción e impunidad y la garantía democrática de la separación de los poderes, funciones que solo se exigen al Estado y no al mercado.

En sentido contrario, el mecanismo del mercado permite ayudar a que los consumidores puedan encontrar los bienes de consumo deseados, por lo que el Estado no debe interferir.

Pero cuando se trata del combate a la pobreza, la promoción de la equidad, la aplicación de las leyes, las garantías constitucionales y democráticas fundamentales, la sociedad solo mira hacia el Estado y eso ha de interpretarse de que este es imprescindible en el bienestar de la gente, al tener un rol activo y preponderante en la economía. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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