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Año 6. Marzo 2011 – Diciembre 2017.


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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 4 / 12 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

El poder y el malestar.

 

La conquista y preservación del poder es el objetivo esencial de los políticos y de los partidos a los que pertenecen. Para desdicha de los pueblos, en la generalidad de los casos se trata de un propósito que poco tiene de intención real la de solucionar los problemas que nos aquejan.


El destino mismo de la humanidad sería muy diferente a este infortunado presente, si los líderes que han manejado las políticas públicas hubiesen actuado a partir de motivaciones decorosas.


Si el espíritu que prevaleciera para la participación en las gestiones gubernamentales fuera que quienes accedan a ellas lo hicieran para aportar talentos, capacidades, tiempo y sacrificio en la construcción de un mejor entorno social, la política solo fuera un asunto de interés para personas con enraizada vocación de servicio, aquellas que sienten una particular satisfacción en contribuir con la mejoría de las condiciones materiales de existencia de los más pobres.


Esa, no obstante, no es la realidad. El involucramiento en los asuntos públicos se hace a partir de impulsos espantosamente bajos, inicuos y muchas veces como refugio desesperado ante ineptidudes para alcanzar peldaños económicos y sociales al margen del soporte siempre generoso del poder, cuando es concebido bajo ese prisma. La búsqueda independiente de la subsistencia es tarea para intrépidos, corajudos y perseverantes.


La política y sus partidismos matan lo humano y la sensibilidad ante los actos de traición, y en el pensar y conducta de los carentes de la riqueza esencial del ser ciudadano.


El ensayista español, Eduardo Jordá, en un artículo publicado en mayo de este año, expresó: "Algún día, los neurólogos estudiarán el curioso estado de ánimo que se ha apoderado de los europeos en estos últimos años, esa extraña mezcla de inquietud, ansiedad y pesimismo que los franceses denominan "malaise" y que nosotros, a falta de una palabra mejor, llamamos malestar".


Hay razones fundadas para sentir orgullo o malestar ante lo que se vive. En igual proporción que pesadumbres y éxtasis embargan a todas las personas alrededor del mundo. Por algo en la modernidad, se acuñó la frase: "Mal de muchos, consuelo de tontos".


Un país más improductivo que pobre, es incapaz de sostener la gobernabilidad por métodos ajenos a las recetas de la democracia clientelar. Desde la década del ochenta, se optó por reducir los riesgos de inestabilidad social reforzando la dependencia, haciendo del endeudamiento la fuente financiera del déficit fiscal.


Una ideología de mercado que en medio de los discursos constitucionalizados de la democracia clientelar, ofrece todo a gente sin nada que tampoco hace algo, sólo puede ser el gran molde de una supervivencia hedonista, consumista y sensualista, que para realizarse deriva en anomia por lo sólido de los cimientos sobre las que se construye el sentimiento patrimonialista junto al de fracaso y malestar, la oportunidad de todos, de que en ellos se realice la promesa: el gran propietario.


Propiedad, ícono de la felicidad. De la que Pierre-Joseph Proudhon, anarquista francés, dijo: "Es el robo", cuando para el Derecho solo la mal habida lo es. Un mundo, más que un país, impulsado por las fuerzas del tener y el ostentar, cae enfermo en la "malaise" o malestar, que resulta del balance negativo entre el aspirar y el lograr. Más, si la racionalidad es coronada y todos quieren todo gratis, al menor costo y rápido. Entonces, el gobierno deviene en suplidor.


El mundo se moldea desde 1960 y la gente con él. Sobrevivir y poseer: los países con constituciones pasaron de 103 en 1960 a 196 en el 2013. Más de 20 modificaciones constitucionales se han producido anualmente en democracias electorales, también crecientes: 40 en 1980 a 94 en 2012, pese a que la integridad de los sistemas electorales decreció porque las elecciones libres y justas pasaron de 100 a 58.51 (41.49% menos) entre los años 1980 y 2012.

La insatisfacción genera disminución en la participación electoral: 85.6% a 64.4% de 1961 a 2015 (24.76% menos) y el espacio cívico se reduce desde 1977. Las leyes sobre igualdad en los cupos de género aumentaron pero sus puestas en práctica esperan. Finalmente, según el Instituto Suizo de Investigación de Crédito, la riqueza mundial aumentó 27% en la última década, en tanto, en este año, el Banco Mundial insta a las naciones a sostener el reto de reducir la pobreza extrema, aspecto que en nuestro país presenta una ligera mejoría, arrasada por los déficits perceptuales verificados en los temas de seguridad ciudadana, justicia y corrupción, que no compensa la pérdida del poder adquisitivo del dólar.


Es un escenario compartido, el panorama en que estamos insertos. Afecta emociones y sentimientos. Ante él, procede la actitud del compromiso proactivo. Cuestionar la responsabilidad por los roles desempeñados en la apertura o cierre de estas tendencias, devenidas en incontrolables.


Como corolario, evoco al historiador estadounidense, Arthur Hermann, en su obra: "La idea de decadencia en la historia occidental", expone su evolución en Europa y Estados Unidos, la manifiesta como una enfermedad de la intelectualidad de occidente y honesto sentir contra corriente de quienes desean transformar el mundo para bien o como utilitarismo político de las ultra izquierdas y derechas.


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