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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 28 /08 / 2016. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Sociedad de cangrejos.

 

La sociedad, tal como la conocemos en el ámbito de las agrupaciones humanas, encerrada en un espacio y tiempo determinados, tiene como pilar fundamental la cooperación entre sus integrantes, una acción de protección y conservación para el avance de la especie, la que no es exclusiva de los humanos y que ha permitido, por la confluencia de factores que van desde los actos reflejos de imitación, hasta las reglas explícitas  y usos sociales, a formar patrones culturales entre los semejantes.

Ocurre, sin embargo, que siendo semejantes no somos iguales, las destrezas y el conocimiento se reparten de manera desigual, dependiendo, en la mayoría de los casos, del ambiente que rodee a los individuos que componen un determinado grupo humano.

Este ambiente da o quita oportunidades a los integrantes del conglomerado, de ahí que para crear sociedades más justas se promueva, más que la igualdad, la equidad, de suerte que los que tengan menos recursos disponibles para avanzar en sus metas, dispongan de un pie de amigo que se asemeje a la tabla rasa.

Esta equidad o tabla rasa, lo que pretende es poner en cero el arranque, o dar al discapacitado una cierta ventaja que lo ponga en condiciones de competir hasta llegar, como los que no padecen de limitaciones físicas o intelectuales, hasta un objetivo definido.

Viendo el asunto desde este ángulo, desde esta perspectiva progresista, todos y cada uno, avanzan sin discriminación, lo que evita que se generen grandes diferencias sociales, y digo grandes, porque las desigualdades se presentarán, aunque sea de forma excepcional, debido a que las particularidades conducen a episodios con nicho fijo de oportunidades para el progreso individual y colectivo.

La cooperación siempre deviene en solidaridad, y ésta viene a jugar un papel fundamental para evitar la marginalidad que se expresa a través de la pobreza. Este juego, complicado a partir de la aparición de la propiedad privada sobre los medios de producción, ha pretendido tener árbitros, sobre todo después que el Estado se construyó a base del surgimiento de las clases sociales, emergidas desde la privatización, y se puso al servicio de los que tienen el dominio económico.

Narrar los capítulos en que el Estado ha sido protagonista, como máxima expresión de organización de la sociedad, de historias de dominios de clases y de experimentos, como el modelo capitalista con un esquema tributario progresivo, o el socialista en que la administración estatal distribuye todo, robarían gran parte de mi limitado espacio y tiempo, aunque lo refiero para afirmar que en la coyuntura política actual se pretende, desde la administración del Estado y por influencia de las organizaciones no gubernamentales (ONG’S), financiadas por los gobiernos poderosos, desmontar a la “sociedad comunitaria” y cambiarla por una “sociedad individualista”.

La sociedad de los cangrejos, en la que los crustáceos pisotean a los demás para subir, es la apuesta que encuentra canal en las leyes electorales vigentes, que procuran derribar las plataformas colectivas, mediante el voto preferencial, la curul particular, el voto en plancha y con padrón abierto, y toda suerte de conspiración para debilitar el sistema democrático de partidos políticos. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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