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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 4 /06 / 2016. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Paraísos fiscales.

 

No existe unificación de criterios a la hora de definir a los denominados “paraísos fiscales”. Moisés Naím, intelectual venezolano radicado en los Estados Unidos de América, asume el término paraíso fiscal para designar el mundo financiero que se halla fuera del alcance de la ley y las recaudaciones tributarias.

Los paraísos fiscales se constituyen en aquellos estados, territorios o jurisdicciones que no aplican tributos a las ganancias, o los aplican a tarifas muy bajas, lo que para la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional, constituye la razón principal para que haya más de 60 países en el mundo que se pueden considerar como paraísos fiscales, fruto de que son economías que combinan bajos impuestos, leyes de sigilo bancario estrictas y que no cooperan con otros países en intercambio de información en materia tributaria.

Para Juan Hernández Vigueras, reconocido experto argentino en Finanzas Internacionales, son paraísos fiscales “todos los centros financieros que desarrollan una actividad desregulada, descontrolada y ajena a las regulaciones comunes a los demás países con los que se relacionan, por estar destinados de un modo especial a las empresas o a las personas no residentes, desarrollando actividades incentivadas por la escasa o nula tributación”.

Los paraísos fiscales han tenido un desarrollo espectacular a partir de los años setenta, muchos de ellos formándose en la periferia de los países industrializados de América del Norte, de Europa y de Asia.

 

Aproximadamente, la mitad de ellos bajo bandera británica, aunque casi todos los países de Europa tienen su propio paraíso fiscal y a veces dentro del propio territorio, al igual que Estados Unidos, que nunca ha ocultado la existencia de estos en su propio territorio, como es el caso de Delaware.

El desarrollo de los paraísos fiscales ha tenido mayor dimensión porque ha encontrado su viabilidad a través de la expansión de la denominada banca transfronteriza o banca off-shore, cuyas operaciones fueron impulsadas por la desregulación de los mercados financieros, el avance de la tecnología y la globalización financiera, que involucran a más de 300 mil empresas distribuidas en los 60 paraísos fiscales identificados, de los cuales la subregión del Caribe alberga la mayor cantidad, en tanto, que Argentina, Panamá y Uruguay, resaltan cómo los países de América Latina donde se han ocultado grandes fortunas del poder económico mundial que evaden impuestos en sus naciones de origen.

El hecho de que los flujos de capitales se desplacen de un lugar a otro, libre de regulaciones y normativas que frenen su reconocida voracidad especulativa, hace que la permanencia de los paraísos fiscales en la era de la globalización financiera, se encuentre indisolublemente asociada a las reglas del juego prevalecientes en el actual orden monetario y financiero internacional.

Las crisis financieras y las devaluaciones producidas en muchos países, han acelerado el desplazamiento de billones de capitales desde los albores de la década de los noventa que, a su vez, han sido recibido en los diferentes offshore, por lo que se tiene evidencia del movimiento de grandes sumas de lavado de dinero, corrupción y el narcotráfico que procuran ingresar ocultas a las economías, para lograr su legalidad, a través por ejemplo, de los bienes raíces.

El Fondo Monetario Internacional sostiene que los depósitos de capitales empresariales en las cuentas situadas en los llamados paraísos fiscales han crecido de manera astronómica durante el período 2000-2014, alcanzándose en el 2015 una cifra superior a los 7,6 billones de dólares.

Datos fidedignos revelan el impacto económico global que implica la existencia de la desregulación o ausencia del debido control y supervisión de los flujos de capitales que anidan en los paraísos fiscales.

En efecto, según un estudio publicado en la reconocida revista norteamericana Bloomberg, una tercera parte de las 200 personas más adineradas del mundo, con una riqueza estimada en 2,9 billones de dólares, controlan parte de su fortuna personal a través de empresas ubicadas en los llamados paraísos fiscales.

Igualmente, muchos empresarios provenientes de países subdesarrollados suelen evadir el pago de tributos en sus respectivos países constituyendo compañías “offshore” en los controversiales Estados libres de impuestos, llegándose a estimar que unos 190 mil millones de dólares se escapan del control impositivo en sus países de origen, según datos ofrecidos por la Organización Internacional OXFAM, con sede en Reino Unido. 

La historia se repite en Panamá, esta vez, con el escándalo mediático apoyado en 11,5 millones de documentos que abarcan alrededor de cuatro décadas, los cuales han revelado la existencia de más de 214 mil empresas que realizan operaciones off-shore de manera legal.

Panamá nunca ha ocultado la existencia de los offshore, ya que es el epicentro de su sistema bancario que es de gran importancia en su economía dado que se convierte en el dinamismo de todas las actividades económicas, incluyendo el funcionamiento de su canal, la zona libre de Colón, lugares que tienen una dependencia directa e indirectamente del sistema bancario, pues durante el 2015, registró activos totales por el orden de 118.477 millones de dólares, con un crecimiento de 9,2%, con depósitos bancarios que crecieron un 7,5% y una cartera crediticia que se incrementó en un 9,8%.

En ese mismo orden, los bancos panameños acentuaron su patrimonio en un 8,8%, mientras que los activos de la banca privada crecieron un 9,8% y los bancos extranjeros a un ritmo de 9,3%, la banca privada local un 10,4% y la banca oficial un 7,3%.

En adición, la banca impulsa la creación directa del 42.6% de los empleos en todo el país, por lo que se puede concluir de que esa tipología de operaciones financieras no desaparecerán ni allí ni en otros paraísos fiscales y, a mi modo de interpretar los hechos, el escándalo surgido tiene como objetivo sacar los off-shore hacia los grandes centros financieros de las potencias económicas y con ello, tener el control de los movimientos financieros del liderazgo mundial y atraer los capitales que migraron fruto de la crisis financiera iniciada en el año 2007.

Definitivamente, el fenómeno de la banca offshore debe interesar a toda la sociedad y jamás a una pretendida élite profesional que acostumbra situarse en el olimpo intelectual, mirando por debajo de los hombros a los simples mortales que constituimos la inmensa mayoría del cuerpo social.  Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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