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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 6 /11 / 2016. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

La situación de Venezuela.

 

Venezuela es un problema que compete a todo el orbe. Lo que ocurre en el interior de ese país no puede ser indiferente a la comunidad internacional.

Se trata de un caso patético a nivel mundial. De cómo un país inmensamente rico ha sido destruido por un gobierno que se mantiene en el poder por la vía del terror de Estado e impide la autodeterminación de su propio pueblo.

El tema ha pasado de un nivel teórico, de si debe haber una intervención lícita por la vía de violación de tratados, si es de carácter humanitario o de si es para proteger a la población civil víctima de la violación constante de sus derechos humanos por parte del gobierno del presidente Maduro.

Hay vientos abiertos y encubiertos de intervención, que no necesariamente son de carácter armado o de pre-guerra.

Se pide la intervención de la Organización de Estados Americanos (O.E.A.), para aplicar la Carta Democrática y se habla de otra intervención, cuando el diario The New York Times, pide al gobierno estadounidense que deje su pasividad ante el caso venezolano.

Otros piden la intervención a los 21 ex presidentes del mundo que la han visitado, y que han comprobado cómo se agrava la situación en Venezuela, que cada día se acerca más a la posibilidad de una guerra civil.

El ex presidente boliviano Jorge Quiroga desde Washington, acusó esta semana al presidente Barack Obama y al Papa Francisco de no ser lo suficientemente sinceros respecto a la situación de Venezuela, al sacrificar a ésta, anteponiéndola a los arreglos con Cuba y a la paz en Colombia. Es un tipo de intervención por omisión.

Pero existe una intervención encubierta de Rusia y Estados Unidos que recuerda el pacto Johnson-Brézhnev de los tiempos de la guerra fría, en que estas potencias se repartían el mundo.

Rusia advirtió en estos días que no acepta ninguna intervención para que cambie el gobierno venezolano, que eso lo deben resolver los venezolanos. Se trata de una advertencia, porque Venezuela está muy endeudada con Rusia por la compra de armamentos.

Por otro lado, el presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, planteó en la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de gobierno, la necesidad de enviar una misión que contacte al gobierno y a la oposición en dicho país.

La canciller Delcy Rodríguez tan amiga de denunciar injerencias del imperio, se sentó con el presidente Evo Morales en La Paz, tan beneficiado por el dinero de Venezuela, para denunciar otra intervención más, no probada, del gobierno de los Estados Unidos de América.

En los próximos días, la Organización de las Naciones Unidas desde Ginebra examinará por segunda vez la cuestión venezolana ante la inexplicable suspensión del proceso revocatorio en esa nación.

De una u otra forma los gobiernos de Argentina, Chile, Colombia, Guatemala, Costa Rica, Panamá, Brasil, Paraguay, Uruguay, España, El Vaticano y Honduras, se han manifestado por lo que ocurre en Venezuela.
Vale la pena preguntarse entonces si el gobierno venezolano ante una contundente oposición interna que algunos cuantifican como del 85% de los ciudadanos, está siendo sostenido por intereses internacionales de potencias extra continentales o de gobiernos parásitos de su producción petrolera.

Venezuela no luce tranquila. Sus empresarios están sometidos a un régimen de terror y la ciudadanía está asfixiada por la escasez de bienes y servicios básicos para sustentar la vida.

La ley está conculcada y la administración de Justicia carece de independencia. Además, la delincuencia ha tomado un auge inimaginable para un país civilizado.

La familia venezolana no vive segura ni protegida por sus autoridades. Definitivamente, el presidente Nicolás Maduro está descalificado para la vida pública, y mucho más, para dirigir a Venezuela. Él ha pretendido mantener un duelo maniqueo entre el bien y el mal, desde luego todo aquel que no comulgue con el régimen, es un ser despreciable y debe ser amordazado.

En conclusión, cuando un Jefe de Estado piensa así, está irremediablemente condenado a dejar el poder por la vía constitucional o a ser derrocado por las fuerzas sociales.
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