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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 8 /1 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

La envidia.

 

La Biblia, en el libro de Proverbios, capítulo 14, versículo 30, indica: “El corazón apacible es vida de la carne; más la envidia es carcoma de los huesos”. La envidia es un pecado despreciable. Es mirar con mala voluntad a otra persona.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la define como: “Tristeza o pesar por el bien ajeno; sentimiento de animadversión contra el que posee una cosa que nosotros no poseemos”.

La envidia impide que las personas aprecien y disfruten de lo que tienen, trae infelicidad, nos empequeñece, nos impide rendir honor al que sobresale y aplaudir al ganador, nos hace ser antipáticos, ariscos, y nos destruye.

Los envidiosos se sienten desdichados, inferiores, aburridos, sienten celos, rencor, rabia, sufrimiento, desazón, disgusto y resentimiento. Este sentimiento aniquila el crecimiento personal, crea obstáculos a la felicidad de los demás y trata de destruir el mérito y la gloria de nuestros congéneres. De la envidia brota la codicia. “No codiciarás” dice la Biblia en el libro del Éxodo capítulo 20, versículo 17.

La Biblia tiene mucho que decir sobre el pecado de la envidia. Está clasificada en las compañías impías de la injusticia, de la fornicación, la perversidad, la avaricia, el homicidio, la contienda, el engaño, la detracción, el odio a Dios, la desobediencia y la mentira. (Romanos capítulo 1, versículos 29 y 30).

La envidia se manifiesta en todos los niveles, sin importar la clase social u organizaciones, en el ámbito familiar, empresarial, militar, profesional, laboral y político; en fin, en cualquier espacio de competencia y de reunión de un colectivo o grupo humano, sobre todo, si se tiene talento. Distintas figuras de trascendencia mundial se han expresado acerca de la envidia.

Como ejemplos, debo citar a: Napoleón Bonaparte decía “la envidia es una declaración de inferioridad”; Francisco de Quevedo, escritor español, expresó “la envidia es flaca y amarilla porque muerde y no come”; Víctor Hugo, novelista francés, definió al envidioso como “un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta”; Miguel de Unamuno, filósofo y escritor español, sostuvo que la envidia es como el hambre espiritual; y Leonardo Da Vinci, pintor y escultor italiano, lo dijo de manera elocuente: “En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia, y antes perderá el cuerpo su sombra, que la virtud su envidia”.

El colombiano Antonio José Nariño, político, militar y uno de los precursores de la emancipación de las colonias americanas del Imperio español,  escribió: “…Al principio del reino de Tiberio la complacencia, la adulación, la bajeza, la infamia, se hicieron artes necesarias para todos los que quisieron agradar desde la hora en que triunfa el hombre atrevido, desvergonzado, intrigante, adulador, el reino Tiberio empieza y el de la libertad acaba...”.

Y es que el envidioso vive perturbado y amargado, no obstante, si envidian tus éxitos y tus logros es porque eres brillante. No permitas que te lastimen ni te amilanes, sigue trabajando aunque tu luz moleste a los envidiosos. Siempre habrá alguien que te apoye. Tu legado permanecerá. Tu recuerdo quedará no importa lo que pase o lo que digan.


Con frecuencia nuestras acciones y comportamientos provocan la envidia de los demás, sobre todo si hacemos las cosas con honestidad.

Alguien tratará de buscar el lado negativo, no importa lo beneficiosas que sean tus actuaciones. Por lo general, uno termina diciendo: ¿Por qué me reprochan y me cuestionan si lo único que hago es hacer las cosas bien sin dañar a nadie? La respuesta es sencilla: no soportan verte brillar y ser un buen ejemplo para otras personas. Piensa que los envidiosos nunca dejarán de ironizar sobre tu orgullo, pero al final es imposible tapar el sol con una mano, el resplandor y la luz permanecerán encendidos y seguirás destacando por tus buenas obras.

La mejor manera de superar este sentimiento, es asumiendo lo que expresa un fragmento de la canción Desiderata: “Siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú”. Todos somos maestros y podemos enseñar y aprender de los demás. En lugar de criticar lo que otros hacen, poseen o disfrutan, es mejor aprender cómo lo hacen y cómo lo han logrado.

Enrique Nieto, literato español, aseguraba: “Tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia. Tu vida cambia, cuando tú cambias, eres el único responsable de ella. Examínate y no te dejes vencer”. 

Todo ser humano posee virtudes, dones, talentos y cualidades que podemos potencializar y ponerlas al servicio de causas nobles y de metas alcanzables. Solo tú puedes limitar tu crecimiento, perjudicar tu vida y ayudarte a ti mismo, siendo irrelevante lo que los demás opinen de tus actos.

Con razón se dice que “la mentira es el único arte de  la gente de escasa capacidad y el solo refugio de los espíritus mezquinos”; y  la envidia es “la carcoma de todas las virtudes”. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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