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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador

   
   
 

LatinPress. 29 /01/ 2016. Ecuador

   

La hiperinflación.

 

Una de las palabras más fuertes en el argot económico es “hiperinflación”, ya que hace referencia a una situación caracterizada por la perturbación del sistema de precios en un país.

En tal caso, los precios aumentan a un ritmo acelerado, y su principal característica es una situación cambiaria desordenada que genera incertidumbre en el consumidor, fruto de que los niveles de inflación alcanzan los tres dígitos.

La hiperinflación es muy peligrosa, ya que hace que las autoridades económicas pierdan el control de su política monetaria, induciendo a un proceso que puede acabar por volverla irrelevante, con resultados desastrosos para el bienestar de la gente, que ve borrados sus ahorros y sus ingresos pierden valor al instante. 

El mayor récord hiperinflacionario tuvo lugar en Hungría en 1946, cuando sus niveles de inflación y depreciación cambiaria eran incuantificables, recurriéndose al trueque porque la moneda perdió capacidad de compra al  llegar a una hiperinflación de 41,9 trillones por ciento y una duplicación de los precios de los productos cada 15 horas, pero el caso más reciente data del 2008, cuando en Zimbabue la inflación alcanzó los 7.960 millones por ciento.

Nuestra región tampoco ha escapado a la hiperinflación, dado que Bolivia en septiembre 1985 llegó a una situación de 183% de inflación mensual y cerca de 60.000% al año; Brasil sufrió en marzo de 1990, una inflación mensual de 82,4%; y, Perú, en agosto de 1990, llegó a 397%.

Actualmente, la hiperinflación se ha reproducido en Venezuela como resultado de que la inflación ha llegado a un 745% anual y una oscilación entre un 50% a un 68,5% mensual de forma sostenida. Como se sabe, la hiperinflación ocurre cuando se dispara sin control la inflación, cuando los precios de los bienes y servicios aumentan de manera generalizada y rápida, al tiempo que la moneda nacional pierde su valor vertiginosamente, en este caso, el bolívar se ha depreciado constantemente, cohabitando con varios tipos de cambio, generando incertidumbre en los consumidores y desconfianza en la economía.

Una crisis económica, expresada en la desaceleración del PIB, el aumento de la deuda externa, la devaluación de la moneda, la expansión de la pobreza y la destrucción de las finanzas públicas llevaron a la destrucción del sistema de partidos políticos a finales del siglo XX, lo que permitió la llegada del presidente Hugo Chávez Frías, lo cual coincidió con una mejora sustancial de los precios del petróleo, permitiendo impulsar una política social, expresada en una mejora de los índices de educación, salud y reducción de la pobreza.

Hoy, ante la caída de los precios del crudo, las finanzas venezolanas no han sido capaces de sostener la política social en niveles satisfactorios, se ha contraído la economía y el tipo de cambio es confuso, lo que se ha expresado en una hiperinflación que repercutió en una euforia electoral contra el gobierno y su política económica, creándose una ilusión de cambios inalcanzables e ilusiones truncadas. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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