LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales
Marbella, Andalucía, España.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina.


     
 

 

   

Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 19 /06 / 2016. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Futuro incierto.

 

En la actualidad estamos asistiendo a un mundo incierto, fruto de la volatilidad frecuente con que se han estado estremeciendo los mercados financieros, con la especulación de los precios del petróleo en los mercados internacionales y la perturbación de las actividades económicas en las bolsas de valores.

En adición, se ha ingresado a la era de los déficits gemelos de manera prolongada, esto es, combinación de déficit fiscal y déficit de balanza de pagos, situación que en la práctica se traduce en un escenario global de incógnitas de cara al futuro inmediato.

Pero resulta que a todo lo señalado hay que agregarle el exceso de endeudamiento en que han caído tanto las grandes economías desarrolladas, como las economías en vías de desarrollo, lo que es consistente con los inocultables déficits y cuya expresión es el incremento exponencial de la vergonzosa desigualdad social que rodea al mundo, frente al 1% que concentra la mayor parte de la riqueza que existe en el planeta.

Esta realidad irrefutable es lo que explica que en diferentes puntos del globo terráqueo, haya una rebeldía incontrolable e inconformidad permanente ante la insatisfacción a las demandas de los pueblos.

Buscar responsables, quizás no resuelva las complicaciones que vive la economía mundial, sin embargo, identificar los orígenes del malestar conduce a entender con precisión sus causas reales, sus consecuencias y las posibles alternativas para superar la crisis, es por tales razones que el premio Nobel de economía, Joseph Stiglitz, en su libro “La gran brecha”, reflexiona que la causa de la situación actual es consecuencia de “la catástrofe que fue el gobierno de Bush, ya que los daños que ha sufrido la economía estadounidense y sus repercusiones globales seguirán sintiéndose en los próximos años con una mayor tensión social”.

Es que Stiglitz entiende que el nivel de deuda por encima del 70% que Bush dejó de herencia, el déficit comercial por la suma de 850 mil millones de dólares, el déficit presupuestario de 3,6% del PIB, con un impacto desastroso por cada dólar, así como un dólar debilitado en los mercados de divisas y con la especulación de alza de precios del petróleo y las bajas inexplicables en las tasas de interés. En suma, el costo fiscal para EE.UU. de las guerras de Irak y Afganistán, además de sangre y recursos financieros, ha tenido consecuencias explosivas para la economía norteamericana y mundial.

El camino hacia el futuro se muestra cada vez más pedregoso ante realidades como las expuestas, ya que la desigualdad imperante en todo el orbe, es el principal obstáculo para dar el salto hacia una mejor calidad de vida, ya que se trata de la principal destrucción de la economía, y por vía de sus consecuencias, impacta de manera negativa en las finanzas, cuyos resultados saltan a la vista y han sido tener una sociedad con grandes brechas de oportunidades entre unos ciudadanos privilegiados y otros que no gozan de prerrogativas. Pero indiscutiblemente, ese precio lo termina pagando la democracia y la población.

Las transformaciones que se han registrado en el mundo desde inicio de la década de los noventa hasta hoy, se atribuyen al acelerado proceso de globalización, fruto de que la misma se ha producido en el comercio, los mercados financieros, la tecnología, la cultura y la política, razones por las cuales las estructuras económicas, sociales y los sistemas financieros, políticos y democráticos han dado un giro impensable, por lo que la situación de aumento de la pobreza se le atribuye en gran medida a la globalización.

En este sentido, en su libro “El malestar en la globalización”, Stiglitz, sostiene sobre ésta, lo siguiente: “Si bien trajo muchos beneficios, los más beneficiados fueron aquellos países que se hicieron cargo de su propio destino y no creyeron en un mercado autorregulado que resuelve los problemas. Es simple: si la globalización sigue gestionada como lo está, sólo generará más pobreza y una mayor inestabilidad democrática”.

Es en la inestabilidad política, donde se refugian los riesgos que actualmente amenazan a la humanidad convirtiéndola en un polvorín, fruto de la presencia de una mayor desigualdad, menos democracia, menos institucionalidad y más volatilidad macroeconómica.

Y es bajo ese enfoque que Stiglitz aconseja que: “Si logramos cambiarla, entonces podremos decir que el malestar en la globalización no fue en vano”, por fortuna hay muchas personas en el mundo que reconocen estos problemas, y tienen voluntad política para solucionarlos. Y estos deberían ser los caminos que conducirán hacia la construcción de un futuro más promisorio para todos. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies