LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales
Marbella, Andalucía, España.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina.


     
 

 

   

Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 3 /07 / 2016. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Voces críticas al F.M.I.

 

El accionar del Fondo Monetario Internacional (FMI), siempre ha estado asociado a la exigencia de una condicionalidad crediticia a la hora de facilitar préstamos a los países miembros que se encuentran en apuros financieros, para enfrentar los desajustes en sus cuentas nacionales.

Desde el momento de su creación, en la histórica Conferencia de Bretton Woods, New Hampshire, Estados Unidos, el FMI formó parte del conjunto de instituciones que pasaron a integrar el nuevo orden económico internacional, organizado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Junto al FMI emergieron de dicho cónclave, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), conocido en la actualidad como Banco Mundial (BM) y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), cuyo heredero institucional es la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El Fondo Monetario se ocupaba de ofrecer apoyo financiero compensatorio a los Estados que registraban desajustes en sus balanzas de pagos, apoyándose en la vigencia de un dólar que devino en la divisa por excelencia de la economía planetaria y un sistema de paridad fija, donde su valor se encontraba indisolublemente vinculado con el precio de la onza de oro.

Desde 1944 hasta entrado ya el año 1970, el sistema monetario-financiero surgido de la postguerra mostraba estabilidad institucional a través del funcionamiento de las organizaciones surgidas de los acuerdos de Bretton Woods.

Los astronómicos gastos militares en los que incurrió EE.UU., para cubrir las partidas presupuestarias de la guerra Vietnam se expresaron mediante emisiones de dinero por el Estado sin respaldo en una producción material creada por el trabajo de la sociedad. Se trataba de dinero inorgánico, sin mayor valor que el costo del papel y la tinta empleada para imprimir los billetes.


Según lo establecido en los acuerdos de Bretton Woods, cada 35 dólares emitidos por los Estados Unidos, tenían que estar respaldados por una onza de oro. Ese tipo de cambio fijo fue el que primó en la relación dólar-oro desde 1944 hasta 1971.

Pero el domingo 15 de agosto de 1971, el entonces presidente Richard Nixon anunció al mundo que los Estados Unidos de América, desligaba al dólar de su respaldo en oro. Con la puesta en práctica de la no convertibilidad del dólar en oro las funciones originarias del Fondo Monetario Internacional quedaron suprimidas, pasando a desempeñar el papel de “órgano de vigilancia” al servicio de los intereses de los acreedores privados internacionales.

El economista británico Mark Blyth sostiene en su libro “Austeridad: Historia de una idea peligrosa”, que desde el año 1971, el FMI pasó a convertirse “en una especie de fuerza policial de carácter financiero”, mediante la aplicación de los llamados programas de ajuste estructural.

Y hoy, en pleno año 2016, observamos a un Fondo Monetario que no logra superar su condición de representante institucional de los acreedores internacionales, aferrándose hasta más no poder a la aplicación de programas de ajustes fiscales que apuestan por una rígida austeridad. Sin embargo, contra esos enfoques se levantar voces críticas al interior de este organismo crediticio.

¿Qué ha estado ocurriendo por los predios del Fondo Monetario Internacional, a propósito de los comentarios críticos sobre su accionar a la hora de enfrentar las crisis económicas de los países deudores que acuden a tocar sus puertas en busca de apoyo crediticio para superar sus desajustes financieros?

Poco antes de que en el verano del año 2007 estallara la crisis inmobiliaria en Estados Unidos, generándose posteriormente una destructora tormenta financiera sobre todo el orbe, dicho organismo ofrecía sus acostumbrados informes sobre el desempeño de la economía mundial sin olfatear ni imaginarse siquiera la debacle económica que se le venía encima tanto a los países industrializados como a los subdesarrollados.

En un informe de la Unidad Interna de Evaluación Independiente (IEO, por sus siglas en inglés), el Fondo reconoció que se le hizo imposible prever el advenimiento de la Gran Recesión que estremeció los cimientos de la economía mundial durante el período 2008-2009.

La institución crediticia manifestó que su equivocación se debió “al elevado nivel de pensamiento uniforme, la captura intelectual y en general a la percepción de que una gran crisis en las grandes economías avanzadas era improbable”.

Olivier Blanchard, quien se desempeñaba como uno de los jefes del FMI, cuestionó la rígida aplicación de una política fiscal de austeridad en tiempos de recesión, pues la misma sólo contribuiría a profundizar la caída del crecimiento económico, generando desempleo, perturbaciones socio-políticas y la vuelta a una recesión de las principales economía del planeta. El caso reciente de la economía europea así lo evidencia.

Este órgano multilateral de crédito, ha reconocido el fracaso de sus programas de ajustes. Que ya lo dijo en su oportunidad el economista Blanchard: “Hemos estado equivocados”. Cierto, sorprende esa inusual sinceridad de la controversial institución crediticia, toda vez que durante los últimos treinta años, sus técnicos han viajado por el mundo llevando en sus portafolios las tradicionales propuestas de ajuste macroeconómico.

 
Peter Doyle fue un economista del Consejo Ejecutivo del FMI y renunció en el año 2012, manifestando su desacuerdo con el manejo doctrinario y práctico de la crisis económica mundial. En esa ocasión manifestó sentirse avergonzado por la gestión que ha ejecutado este organismo multilateral, para enfrentar los problemas monetario-financieros de la Unión Europea.

Diez años atrás, Joseph Stiglitz, economista norteamericano que recibió el Premio Nobel de Economía en el 2001, mostró su desacuerdo con las políticas de ajuste aplicadas por el Fondo, acusándolo de no tomar en cuenta el costo social y político que representan los drásticos programas de reducción del gasto público y de rígida austeridad fiscal en los países deudores.

Y ahora, Jonathan Ostry, Prakash Loungani y Davide Furceri, economistas del Fondo Monetario, acaban de publicar en la revista “Finanzas & Desarrollo”, correspondiente al mes de junio de 2016, un artículo titulado “Neoliberalismo: ¿Sobrevendido?”, donde exponen críticas al enfoque económico del librecambismo, la austeridad fiscal y la política fiscal restrictiva, entre otros cuestionamientos a la ortodoxia fondomonetarista en materia de programas de ajuste económico.

Y es que las voces críticas a los tradicionales programas de ajuste estructural del F.M.I., siempre han estado presentes al interior del organismo. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies