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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador

   
   
 

LatinPress. 28 /11/ 2015. Ecuador

   

Flagelo Regional.

 

Las incoherencias prevalecientes en la aplicación de políticas económicas en Latinoamérica, se puede considerar como la principal causa de vulnerabilidad en la cual ha caído la región, durante las últimas décadas.

Situación que se aprecia en los tipos de cambio, las políticas fiscales y monetarias que se ejecutan, así como, en la ausencia de un proceso de industrialización, concentrándose en ser productora y suplidora de mercancías primarias hacia las economías desarrolladas, con objetivos individuales y sin plantearse una integración regional.


América Latina se ha caracterizado en toda su historia por un escaso desarrollo industrial y en ser economías exportadoras de materias primas, con insuficientes niveles de ahorro e inversión. Con relación a los indicadores sociales, existe un deterioro ancestral cuya expresión máxima son la desnutrición, el analfabetismo, las altas tasas de mortalidad infantil y en lo económico, el más grande desafío que tiene la región es salir del subdesarrollo, buscando oportunidades en los mercados mundiales.

En sentido general, se puede afirmar que la ruta de industrialización en el subcontinente, se ha caracterizado por el esfuerzo de convertir una sociedad rural en urbana, pero este proceso no se aceleró fruto de que muchos empresarios latinoamericanos se condujeron más como políticos que como independientes.

Además, el Estado se ha consolidado como agente clave en el desarrollo de la industria, ya que actúa como árbitro en la distribución de la riqueza mediante políticas sociales y estimuladoras del desarrollo de infraestructuras adecuadas.


El orden económico deficitario y las crisis económicas, generaron tensiones políticas en los diferentes países de la región, los cuales luego de experimentar gobiernos de facto, iniciaron en forma gradual pero sostenida, el tránsito hacia gobiernos democráticos, dando apertura plena a las libertades políticas y las reformas económicas estructurales.


Es en tal contexto, que se ha impulsado una macroeconomía que mitigue la volatilidad, fomente la productividad y favorezca la inclusión, que hoy sugiere el establecimiento de pactos sociales necesarios ante un momento de cambios en las relaciones entre el Estado, el mercado y la sociedad.


Nuestra América está obligada a dar un giro radical para lograr superar el flagelo de ser la región más desigual del mundo, aunque con cambios marginales notables en los últimos tiempos para algunos países.
En la región, el número de pobres supera los 200 millones, fruto de tener 167 millones de personas que continúan bajo la línea de pobreza y 37 millones en extrema pobreza, a pesar de una reducción de 58 millones de pobres desde el año 2002.


Esta situación constituye un factor determinante para la degradación del tejido social latinoamericano, la lacerante migración económica, a propósito de lo cual, las remesas se han convertido en una fuente importante de recursos, puesto que en el año 2011, los países de la región recibieron un total de 61.013 millones de dólares en remesas, superior a los US$56 mil millones recibidos en el 2005 y la respetable suma de US$65,825 millones en el primer semestre del año en curso, que aparecen como logros en los informes económicos cuando más bien lo que se desprende, es que detrás de las mismas, está la existencia de una migración obligada a buscar oportunidades en naciones desarrolladas.


Cabe destacar, que desde el 2013, también aumentó la inestabilidad financiera internacional, lo que se ha reflejado en variaciones considerables de los tipos de cambio en varios países de la región y en el bajo crecimiento del PIB, lo cual causa mayor preocupación por la variación de las políticas y estímulos monetarios en Estados Unidos, lo que plantea un serio desafío a las autoridades regionales.


En conclusión, el liderazgo latinoamericano no ha sido capaz de superar aptitudes asumidas en la época de las dictaduras y nos ha conducido a una quiebra de la institucionalidad; consecuentemente, este malestar sumado a las desigualdades socioeconómicas, se traduce en un impulso de la semilla de la destrucción de los sistemas políticos, engendrando un polvorín en nuestra región. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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