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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 22 /05 / 2016. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Estabilidad democrática en riesgo.

 

El economista austriaco Joseph Schumpeter es reconocido en las doctrinas económicas como uno de los pensadores más influyentes en las tres primeras décadas del siglo XX.


Él sostenía que la empresa y el empresario eran el motor del desarrollo económico, ya que poseían la capacidad para asumir el riesgo y realizar la innovación productiva, al tiempo que la figura de la empresa se convertía en el núcleo productor de bienes y servicios.

En tal sentido, pregonaba que la innovación es necesaria para romper con la economía estática y que el propio desarrollo empresarial establece las bases de un crecimiento económico sostenido.

Pero ese enfoque de Schumpeter, solo era posible concebirse bajo la existencia de un esquema de democracia sólida e institucionalizada, razón por la cual definía a ésta como “el instrumento institucional para llegar a decisiones políticas, en virtud del cual cada individuo logra el poder de decidir mediante una competencia que tiene por objeto el voto popular”.

Como se observa, este axioma coloca su epicentro, por un lado, en el carácter central de la competencia, por el otro lado, en los elementos esenciales que deben existir en un régimen democrático, que es la existencia de una oposición, la existencia de minorías y el papel clave del sufragio popular.

Pero resulta que en ese contexto, la decadencia del propio sistema democrático se sostiene en los cambios de mentalidad que son consecuencia del rompimiento de la estabilidad inducida por los ciclos económicos.

No obstante, Schumpeter sustentaba que el sistema económico capitalista viabiliza más que ningún otro régimen político, el desarrollo de la democracia por tratarse de sociedades abiertas donde la libertad individual es también condición fundamental para el sistema económico, aunque entendía, que el método democrático, por sí solo, no garantiza una mayor libertad individual.

Tal enfoque encuentra mayor fundamento si se razona que en el crepúsculo de la política, los partidos políticos proporcionan una oferta política de competencia entre ellos, y los electores eligen a quienes deben decidir, esto así, porque el sistema político democrático es el único que institucionaliza la oportunidad que tienen los ciudadanos de ejercer su libertad, la cual, desde luego, está inserta dentro del estado de derecho.

Al respecto, es en la competencia por el despotismo donde Schumpeter establece una relación con las dificultades similares que se dan en el ámbito de lo económico, propio de las sociedades que instauran su economía en base al funcionamiento del mercado.

Las instituciones políticas son, en su sentido más básico, las reglas que rigen el juego político y sus interacciones con otros sistemas, como el social o el económico.

En tal sentido, un sistema será más gobernable en la medida en que posea mayor capacidad de adaptación y mayor flexibilidad institucional respecto de los cambios de su entorno nacional e internacional, económico, social y político. Pero a su vez, el sistema debe ser capaz de cambiar adaptándose a los desafíos que provienen del medio, puesto que sólo una continua adaptación a la realidad siempre cambiante, permite la sostenibilidad de un régimen.

Los economistas saben muy bien que la teoría económica desarrolla un conjunto de leyes y modelos que explican la realidad, de tal modo, que a partir de ellos, se pueden hacer predicciones de lo que puede ocurrir si se mantienen las condiciones iniciales, los cuales proporcionan un esquema de la forma como funciona un sistema económico, es decir, las causas y efectos.

Pues, mediante la política económica se da uso de los conocimientos de la teoría económica para diseñar un conjunto de normas para transformar la realidad.

Llegado a este punto, entonces, se puede inferir que en la medida en que la economía alcanza mayor estabilidad y sostenibilidad, en esa misma medida la democracia logra un mayor afianzamiento, por lo que la ejecución de la política económica se convierte en el puente vinculante entre la economía y la democracia, las cuales han de transitar de una manera indisoluble ya que la democracia como sistema político tiene relación con la titularidad del poder y el ejercicio del mismo, y éste logra mayor profundidad si se goza de una economía de crecimiento sostenible e incluyente.

La situación actual de perturbación económica y política que se vive en el mundo, nos conduce a la deprimente conclusión de que estamos frente a fuertes riesgos democráticos, políticos y económicos que inciden en el bienestar colectivo en el futuro inmediato, por lo que le asiste la razón al brillante académico y politólogo italiano, Giovanni Sartori, cuando advierte que “sin el marco político democrático no puede haber democracia social ni democracia económica”.

Pero es que el mundo se ha vuelto caótico, con grandes conflictos, anarquía y terrorismo que han complicado, perturbado y amenazado a la especie humana y a su organización social. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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