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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 13 /2 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Economía del delito.

 

Como se sabe, dentro de la clasificación general de las ciencias, la economía es una ciencia fáctica, que a su vez, está en el grupo de las ciencias sociales porque tiene conexión directa con los hechos de la vida diaria.

Estos hechos son las relaciones humanas entre individuos en su afán egoísta de satisfacer sus necesidades ilimitadas con recursos escasos, en la medida que estas necesidades puedan ser cuantificadas en términos de riqueza, es decir, en su expresión más simple, en dinero.

Por igual, sabemos que un sistema económico está formado por millones de personas que se dedican a muchas actividades económicas, que se desarrollan dentro de un marco legal, modelos que explican la realidad, de modo que a partir de ellos se pueden hacer predicciones de lo que puede ocurrir si se mantienen las condiciones iniciales.

En todo caso, esto tiene una sustentación en lo que se conoce como la teoría económica que es la plataforma del análisis económico, el cual proporciona a los economistas un esquema de la forma como funciona un sistema económico, es decir, las causas y efectos de los fenómenos económicos.

El avance y profundización de la teoría económica ha dado paso al surgimiento de múltiples disciplinas que se ocupan de analizar los fenómenos sociales que encuentran explicaciones desde una visión económica.

En efecto, de manera silenciosa, pero firme, aparece una corriente que explica las causas y efectos de las acciones de los individuos para delinquir, a lo cual se le ha denominado “la economía del crimen”, impulsada por economistas que se han formado como abogados, o viceversa.

Como disciplina del saber, la economía del crimen viene a preocuparse de tres elementos fundamentales que son de inquietud ante la ola generalizada y creciente de la delincuencia de manera universal, pero como manifestaciones contundentes en las economías emergentes o en vías de desarrollo.

Esos tres aspectos han sido del interés, tanto de la teoría microeconómica, así como de la teoría macroeconómica, las cuales se sustraen al incentivo que tiene el individuo para delinquir, los costos financieros y el mercado del delito, siendo la conjugación de estos elementos, lo que constituye el crimen organizado.

Bajo ese enfoque, es que la teoría económica interpreta que la agrupación de las distintas conductas delictivas en una oferta global de crimen y, por otro lado, la monetización de los costos y beneficios no pecuniarios, se han ido consolidando dentro de una vertiente teórica de la economía del delito. En tal sentido, se entiende que uno de los principales incentivos que tiene el individuo para delinquir, es la sanción esperada y la probabilidad de detención o arresto del infractor.

En relación a los costos que representa la delincuencia, la economía del crimen, explica de manera contundente que el aumento del delito tiene consecuencias negativas para las finanzas públicas, ya que para contrarrestar la criminalidad, se requiere redefinir la política criminal de un país, por tanto, aportar con más recursos financieros.

Como decimos, se entiende que el gasto público en seguridad, justicia y sistema carcelario, ha de incrementarse fruto de la modificación de la conducta delictiva, pero a su vez, está la preservación de la vida humana, el miedo y la intranquilidad, situaciones que impactan de manera directa en las actividades productivas y el incremento de los precios de los bienes para garantizar la certidumbre y seguridad, como en el caso de los inmuebles.

Por el lado de la existencia de un mercado del crimen, la teoría de la economía del delito interpreta que la existencia de la oferta agregada del crimen, que promueve las actividades ilegales, resulta de la sumatoria de todos los infractores con sus conductas individuales y sus disponibilidades para cometer un acto ilícito a cualquier precio. Aunque estos elementos procuran tener una explicación de carácter económico, para el análisis de los asuntos criminales se remontan al siglo XVIII, en realidad como área de corriente de estudio para la economía, como elemento de reflexión, se la ubica a mediados de la década de 1970.

Los doctrinarios de la economía del crimen encuentran que la conducta delictiva del individuo parte de un patrón de racionalidad para delinquir, que les permite planificar sus actos y que toman decisiones sobre la base de calcular los costos y beneficios subjetivos, donde se convencen de que las ventajas superan cualquier eventualidad negativa de dicha actuación.

Por ello, el individuo actúa consciente de que delinquir es la opción más beneficiosa que cualquier alternativa de generar ingresos, por igual, lo relativo a la respuesta que el sistema penal de justicia, o más bien, el esquema de sanciones existente, y que el delincuente lo vincula con las expectativas acerca de su desempeño en el ámbito legal.

Para la economía del crimen, la respuesta del sistema penal y una mayor probabilidad de prisión de los delincuentes y la magnitud e intensidad de las sanciones impuestas, tienden a incidir en el incremento o disminución de los actos delictivos.

En consecuencia, se llega a la conclusión, de que cuando un individuo realiza actos delictivos con una frecuencia intensa se está frente a un individuo enfermo, capaz de cometer cualquier un acto criminal sin arrepentimiento de nada, incapaz de someterse a la obediencia e irreverencia ante la ley, al tiempo que su situación socioeconómica no justifica su decisión para delinquir. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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