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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador

   
   
 

LatinPress. 11 /03/ 2016. Ecuador

   

Estados Unidos en una decisión electoral.

 

Donald Trump y Bernie Sanders son líderes de una revolución populista que terminará por transformar  las estructuras y plataformas políticas de sus respectivos partidos, Republicano y Demócrata.

Las coincidencias entre ambos aspirantes presidenciales, reflejada en la unidad de su polaridad, también ilustran lo que el materialismo dialéctico de Marx, denominaba “unidad y lucha de contrarios”.


Trump y Sanders son insurgentes contra las élites partidarias, ahí se unen y coinciden en cuestiones fundamentales, tales como: ambos se apoyan en la clase media que empobrece y la clase baja estancada; están contra los tratados de libre comercio y contra los recortes en la seguridad social. También proponen un seguro médico universal y rechazan los financiamientos corporativos a las campañas electorales. Esos aspectos los unen, pero  Trump y Sanders tienen opiniones muy contrarias sobre cómo alcanzar esos objetivos.


Si sumamos la mayoría republicana con Trump y los demócratas de Sanders, es innegable que la mayoría de los estadounidenses demanda cambios profundos en los ámbitos económico y político.


Existe una relación proporcional, directa e innegable, entre desigualdades económicas, pobreza y criminalidad, todos esos problemas empeoran porque políticos como Hillary Clinton escogen deliberadamente ignorar estos temas.


El último demócrata que abordó la cuestión fue Franklin D. Roosevelt, tras la Gran Depresión de 1929, impulsando un nuevo contrato social, el “New Deal”. Creó el sistema de seguridad social, asistencia pública y otras políticas para atenuar las desigualdades.


De igual manera, dejó estrictas regulaciones bancarias, el “Glass-Steagal Act” de 1933, que funcionó perfectamente durante 66 años. Vino Bill Clinton, primero mutiló todo este sistema, luego derogó las regulaciones bancarias en 1999, siguieron la crisis inmobiliaria y el colapso financiero del 2008.


Desde 1999, vivimos una bestial acumulación de capitales por parte de un grupo minúsculo y una terrible explosión delincuencial. Como solo un grupito monopoliza el dinero, mucha gente termina delinquiendo, encarcelada, transfiriendo más dinero al mismo grupúsculo, propietario de las cárceles privadas en los Estados Unidos de América.


Profundizando las inequidades, asfixiando a la clase media, empobreciendo más a los pobres, el miembro de la familia en edad productiva, poco aporta al presupuesto familiar.


Luego de que Jeb Bush se retiró, la élite partidaria republicana se levantó contra Donald Trump, mientras, Hillary Clinton, de la élite demócrata, lucha por sobrevivir.

Si Trump y Sanders son los candidatos, tendremos un verdadero debate electoral, porque el primero busca más acumulación de riquezas, y el segundo aboga por una mejor distribución. Eso ilustra bien su unidad y lucha de contrarios.


No importa quién resulte el candidato, habrá que discutir las desigualdades económicas, no podremos ignorarlas, ese debate producirá una redefinición de los partidos.

En la década 1960 -70, la lucha por la integración racial y los derechos civiles, redefinió al Partido Republicano.  La derecha evangélica sureña lo asaltó, y lo convirtió en el “partido de Dios”, las corporaciones y los blancos. Nadie sabe cómo terminará, pero las mayorías demandan, y la historia impone una auténtica recomposición política y económica.


Bernie Sanders plantea nuevas regulaciones bancarias y reducir la desigualdad e injusticia sociales. Pero, Hillary cambia el tema. Plantea que necesitamos una mujer presidenta, nos distrae de las desigualdades, para concentrarnos en su proyecto: “Hillary para América”.


Hoy el discurso contra las inequidades aumenta la popularidad de Sanders, mientras Hillary, lo asumirá con incomodidad. Hablará contra los banqueros que la financian, confundiendo a muchos que buscan cambios reales.


Es innegable, que Hillary tiene la mejor maquinaria, el mayor reconocimiento público, más dinero y mucho más experiencia  administrativa. Sin embargo, Sanders tiene algo que puede opacar las ventajas de Hillary: “su discurso contra las desigualdades socio-económicas”. 


La campaña de Hillary es personal, gira en torno a Hillary, sale de, y retorna a Hillary, su consigna no es política, es personalista. La campaña de Sanders no promueve su persona, su consigna promueve una nueva propuesta: “Viene la auténtica revolución política y social”.


Ella cuenta con su celebridad, él con movilizar nuevos electores, específicamente los latinos dispersos en algunos estados; en consecuencia, ninguno está seguro.


Escoger entre Hillary y Donald sería  una falsa elección, una farsa electoral, un “dejar las cosas como están”. Trump representa la acumulación de riquezas, Sanders propone una distribución equitativa de la riqueza nacional, elegir entre ellos, sería una verdadera decisión electoral. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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