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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 22 /1 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

¿Cuál será la política exterior de Trump?

 

Con el ascenso del presidente electo, Donald John Trump a la Casa Blanca, se espera la puesta en práctica de una nueva política exterior comercial por parte de los Estados Unidos de América.

Hay que descartar una continuidad del Estado en esa materia por parte del naciente régimen al mando de Trump, descartándose la aplicación de la estrategia comercial demócrata de promover la concertación de mega-acuerdos económicos.

Esto, porque soplan aires proteccionistas sobre del panorama económico mundial, augurándose un reforzamiento de los mismos durante las ejecutorias del nuevo gobierno estadounidense.

De manera ligera se atribuye a Donald Trump una ignorancia supina en materia de relaciones económicas internacionales, especialmente en la esfera comercial, al cuestionar la efectividad de los tratados de libre comercio al estilo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), Acuerdo Transpacífico de
Asociación Económica (TPP) y Asociación Transatlántica sobre Comercio e Inversión (TTIP).

Quienes continúan minimizando la imagen presidencial de Trump, parecen olvidar su vasta experiencia en los negocios internacionales, acumulando una vivencia difícil de alcanzar dentro de las aulas universitarias, dentro de las cuales estuvo al cursar estudios en la Escuela de Negocios de Wharton de la Universidad de Pensilvania.

Además, ya salen a relucir planteamientos doctrinales que avalan la posición adoptada por Trump y de su anunciado equipo económico.

En efecto, Murray Rothbard, economista y pensador político estadounidense, venerado en centros académicos que suscriben el enfoque teórico de la denominada “Escuela Austríaca o de Viena”, creada por Ludwig Von Mises, sostenía que el “verdadero libre comercio no necesita un tratado”.

El citado pensador económico, enfatizó: “Si el establishment (que hace referencia al conjunto de dirigentes e instituciones que detentan el poder político dentro de un Estado) realmente quiere el libre comercio, todo lo que tiene que hacer es derogar nuestros numerosos aranceles, cuotas de importación, leyes anti-dumping y otras restricciones impuestas por Estados Unidos al intercambio comercial internacional. Entonces, ninguna política exterior o maniobra extranjera es necesaria”.

Aquí conviene recordar la posición del economista Rothbard cuando se estaba negociando el tratado de libre comercio entre México, Canadá y Estados Unidos (NAFTA, por sus siglas en inglés), estando a cargo de esa responsabilidad de Estado, el señor Mickey Kantor, quien durante el período 1993-1996, se desempeñó como representante comercial de la administración de Bill Clinton.

El economista Rothbard advirtió que las declaraciones del funcionario Kantor en el sentido de que “bajo el NAFTA ningún país parte del acuerdo podrá reducir sus estándares ambientales”, constituían una especie de camisa de fuerza para Washington toda vez que “no podremos revertir o revocar las provisiones ambientales y laborales del estado de bienestar, porque el tratado nos habrá encerrado para siempre”.

Posteriormente, el presidente Clinton, llegó a calificar esa decisión como errores de su administración al relegar estas preocupaciones económicas, mientras que en el NAFTA se apoyaban esencialmente los grandes beneficios de las empresas transnacionales. Así lo manifestó: “Creo que fue un error, creo que fue parte de una tendencia global que se equivocó”.

Por otro lado, Jeffrey Sachs, investigador y profesor de la Universidad de Columbia, hace referencia a la encrucijada en la que se encuentra Estados Unidos ante un mundo que observa la emergencia de nuevos y activos actores económicos que demandan una mayor incidencia dentro de la gobernanza internacional.
Sachs, estima que los EE.UU. han visto reducirse su poder geopolítico debido a la suma de un conjunto de factores, entre los cuales se encuentran “el ascenso de China, el dinamismo de la India, el crecimiento poblacional y la activación económica en África, la negativa de Rusia a inclinarse ante las pretensiones norteamericanas de aislarla dentro de su propia zona de influencia, así como su propia incapacidad de controlar lo que sucede en Medio Oriente y la determinación de América Latina de ser libre de su hegemonía de facto”.

Por eso, se hace necesario observar de cerca la implementación de una nueva política exterior comercial por parte de la chispeante Administración Trump.

Más allá de su retórica, lo más probable es que Donald John Trump promueva un mayor aislacionismo económico de Estados Unidos, volviendo al espíritu de la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) lo que supondrá que dedicará mucha más atención y energía a los asuntos internos, que a liderar las iniciativas globales, como el Grupo de los 20 (G-20), los aspectos climáticos o la gobernanza mundial.

Debe recordarse, que esa denominada Doctrina Monroe, aunque atribuida al entonces presidente James Monroe en el año 1823, fue concebida por John Quincy Adams, cuando desempeñaba las funciones de Secretario de Estado (1817-1825) y prevenía a las potencias europeas de abstenerse de intervenir en los asuntos del continente americano, avizorándose ya un manifiesto interés de Estados Unidos por ocupar el lugar dejado por la dominación imperial europea sobre sus antiguas colonias.

Sin lugar a dudas el inicio del gobierno del magnate inmobiliario marcará el final a las especulaciones y análisis subjetivos en torno a lo que será la nueva política exterior que en el plano comercial adoptará los Estados Unidos de América.

Al parecer, los asuntos internos de políticas públicas, económicas y comerciales ocuparán puntos importantes dentro de la agenda del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

Ya resulta evidente que muchos de los enfoques económicos de la flamante Administración Trump, se inclinarán hacia una mayor incidencia del Estado en la aplicación de medidas proteccionistas en favor de la producción nacional y la fuerza laboral interna.

Entonces, cabe la pregunta: ¿Y cómo esa política de “mirar hacia adentro” impactará sobre la economía mundial? Sólo el paso del tiempo nos ofrecerá una respuesta a esta interrogante. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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