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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador

   
   
 

LatinPress. 19 /05 / 2016. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Un pueblo compasivo y solidario.

 

Las sobrecogedoras imágenes de destrucción de casas y edificios en varias ciudades de las provincias costeras de Manabí y Esmeraldas, como consecuencia de un poderoso terremoto de magnitud 7,8 en la escala de Richter, ha dejado un panorama dantesco de desolación, dolor y pérdida de vidas humanas.

Se trata del peor movimiento telúrico de las últimas seis décadas en Ecuador, por lo que se teme que el número de fallecidos se incremente en la medida en que sean removidos los escombros.

Todo lo que va aparejado con el sufrimiento de las familias que perdieron a sus parientes o que no encuentran a sus desaparecidos, suscitan la compasión y la solidaridad compartida por todos los ecuatorianos.

Y como ocurre siempre tras una experiencia luctuosa y destructiva como la ocurrida el sábado pasado, será mucho el esfuerzo que deberán hacer el gobierno y las organizaciones de voluntarios, para la reconstrucción que tardará algunos años en materializarse.

Durante esta semana, hemos visto agonía, desesperación e incertidumbre en la población manabita y esmeraldeña, que mayoritariamente, al no tener donde vivir como consecuencia de esta catástrofe natural, ha ocupado las áreas verdes, los parques y las plazas públicas.


La condición infrahumana que viven hoy los damnificados de estas zonas, se agrava cada día más, pues también se aprecian varios cadáveres amontonados en las calles, con sus familiares sobrevivientes rodeándoles. Así las cosas, sin agua potable, sin alimentación y sin medicamentos, la situación puede complicarse aún más, con el surgimiento de epidemias.

Las escenas con millares de familias damnificadas, es apenas una muestra de lo que ha sido este gran desastre en un siglo que había empezado con buenos augurios, luego de la quiebra económica acontecida en la última década del siglo XX.


La generosidad de la gran mayoría de los ecuatorianos hacia los pueblos destruidos por el terremoto, va desde la ayuda con donaciones personales hasta llegar a recaudaciones masivas mediante la banca privada, los gobiernos autónomos descentralizados y las instituciones como los Cuerpos de Bomberos, la Cruz Roja, la Policía, la Defensa Civil y las Organizaciones sin fines de lucro, que se han entregado de lleno al auxilio conjunto.


Estos son momentos de actuar y de demostrar cada uno de nosotros, que podemos ayudar con nuestras propias manos y con los pocos recursos que tenemos, a mejorar las condiciones de sufrimiento por las que están pasando nuestros hermanos de las regiones afectadas por el sismo.

Es necesario crear centros hospitalarios y de acopio, para albergar a los miles de habitantes que ahora pululan sin hogar ni medios para sustentar sus vidas. Se requieren más tractores y maquinarias pesadas para retirar los escombros y luego la necesaria ingeniería para reconstruir calles, casas y edificios que han quedado inservibles.

La historia resaltará que esta tragedia de enormes proporciones puede haber sido la más importante oportunidad para iniciar la reconstrucción de un país con un gran patrimonio humanista. Somos el gran ejemplo de una comunidad compasiva y solidaria en los momentos difíciles.

Nuestras oraciones están con nuestros hermanos manabitas y esmeraldeños. Siempre me he sentido orgulloso de ser ecuatoriano, ahora lo reafirmo con mucho mayor énfasis. ¡Fuerza ecuatorianos, que con la ayuda de Dios, saldremos adelante! Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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