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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 31 /07 / 2016. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

El brexit y su afectación a la Unión Europea.

 

La salida del Reino Unido (Brexit, en inglés) que integran (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte) de la Unión Europea, ha impactado a la opinión pública mundial. El problema no es tan simple, sin medir a fondo la magnitud real de la separación en términos geopolíticos, teniendo en cuenta la seguridad europea y trasatlántica.

El sentir comunitario viene transitando desde la época en que se firmó el Tratado de Versalles, hecho sucedido al finalizar la Primera Guerra Mundial. Luego, siguió la firma de pacto Kellog-Briand, en 1928; y, desde el 18 de abril de 1951, se empezó a cuajar la alianza europea cuyos actores principales fueron Alemania, Francia, Italia y los llamados países bajos (Holanda, Bélgica y Luxemburgo), los cuales bautizaron a este eje con el nombre de Tratado de París, hasta llegar a lo que es actualmente la Unión Europea. No hay que pasar tampoco por alto, el Tratado de Roma (1957) que fue el motor de arranque hacia la conformación del mercado común europeo. 

Uno de los visionarios más prominentes de la asociación europea fue el canciller francés Robert  Schuman, allá por el año 1949, creándose para ese tiempo la idea de una “Alta Autoridad” en materia comercial y económica, que estaría por encima de los seis países fundadores, dando paso al surgimiento de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, bajo el denominado plan “Monnet” (político y banquero francés, considerado artífice de la integración europea).

A Jean Monnet, junto al canciller alemán Konrad Adenauer, al canciller francés Robert Schuman y al político italiano Alcíde De Gasperi, se los consideran “Padres de Europa”.

Hay que resaltar el Tratado de Westfalia, firmado el 24 de octubre de 1648, sentó las bases para una modificación en el Derecho Internacional Europeo que buscaba un régimen de equidad donde ningún Estado impusiera su fuerza sobre el otro. Dicho Tratado puso fin a 30 años de guerra en Alemania y a ochenta años de guerra entre España y Holanda, imponiendo además, un nuevo orden en la Europa Central.

Hay que mirar hacia atrás para ir comprendiendo las complejidades de la integración europea, que hoy está fracturada con la salida de uno de sus más prominentes actores: El Reino Unido.

La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea acentúa la creciente incertidumbre en torno al proyecto unificador del viejo continente, asediado desde los acuerdos Maastricht por conservadores y liberales, que se vienen planteando el tema de la soberanía como punto definitorio del futuro de una región que sirvió de cimiento a toda la cultura occidental, expresada en el modelo político, económico y demás manifestaciones de una sociedad que actúa bajo códigos de la actual civilización dominante.

Sin que abordemos las consecuencias económicas del “Brexit” para el Reino Unido y el resto de la Unión Europea, con manifestación en la caída de la libra esterlina, un notorio reflujo en las bolsas de valores y una considerable disminución en las inversiones regionales, el acontecimiento podría tener consecuencias que desborden lo que podría ser coyuntural, en el sentido de que el hecho, por la incertidumbre generada, puede traer desajustes que en corto plazo alcanzarían el mismo nivel que antes del “día después”.

Pues más allá del momento de la excitación que produjo el resultado de las urnas, el producto de la consulta vino a asociarse a los desórdenes en la hoja de ruta que ha procurado avanzar hacia la consolidación de la unión política. Y es que estas alteraciones no las pudo curar el plan de “Europa a varias velocidades” con el que se pretendía romper la inercia causada por las asimetrías económicas y los diferentes niveles de entusiasmos políticos sobre la construcción del proyecto integracionista.

El euro, como moneda común, pareció en principio un parto suave, pero a medida que intentó crear una cultura monetaria continental afloraron dificultades de orden estructural que pusieron de relieve la falta de reformas o ajustes comunitarios que se hacían necesarios antes de embarcarse en la creación de una unidad monetaria de intercambio comunitario, que dejaba sin bancos centrales a los Estados que se integraron a la zona euro, lo que llevó a los países miembros, a perder la libertad de definir las clásicas políticas de control de inflación y crecimiento, bajo los mecanismos de tipos de interés y de cambio.

No se puede negar que la creación de un mercado de más de 500 millones de consumidores y productores de riquezas ayudó, en gran medida, a parte de las políticas de distribución de las rentas y a crear un estado de bienestar que se puso a prueba con el estallido de la crisis financiera del año 2008, dejando ver las debilidades de que adolecía el proyecto unionista, que según sus líderes, se encontraban, precisamente, en que Europa no avanzó lo suficiente en las necesarias reformas estructurales de carácter comunitario. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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