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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 4 /09 / 2016. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

A reorientar el crecimiento.

 

Cuando el pensamiento económico se organizó y fue reconocida la economía como ciencia, se dieron las condiciones objetivas que permitieron ponderar la importancia del crecimiento en el afán de dar el salto a las pretensiones de desarrollo a las que aspiraban naciones como por ejemplo, el Reino Unido.


Por tales razones, la revolución industrial se convirtió en una gran esperanza para el progreso económico, que como tal, supuso cambios significativos en múltiples sectores, cuyos avances se sustentaron en la tecnología como vía de penetración en toda la sociedad, la cual ha sido continua y sostenida hasta la actualidad.


A pesar de esto, la época más contundente de crecimiento económico global, la encontramos en el período 1950-1973, cuando la economía registró un PIB promedio de 4,91%, lo que  superaba de manera significativa al período 1913-1950, donde se alcanzó un PIB promedio de un 1,85%.

La diferencia abismal en el crecimiento del producto interno bruto en ambos períodos, tiene explicaciones multifactoriales que van desde la liberaciones comerciales, el incremento en el capital físico y humano, la innovación tecnológica de manera más intensiva, mejores criterios en la aplicación de las políticas económicas y, por supuesto, la recuperación y superación de los desastres derivados de la segunda guerra mundial.


El interés por el desarrollo, encuentra un fundamento importante en el hecho de que las naciones que resultaron con mayor destrucción de su economía, también duplicaron su esfuerzo con la finalidad de hacer crecer su PIB rápidamente, razón por la cual se aprecia que Japón fue el de mayor crecimiento económico por el orden de 9.29%, Alemania 5.68%, Italia 5.64% y, en menor medida, Francia con 5.5%.

En adición, está el surgimiento de los organismos de la comunidad financiera internacional, como es el caso del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Comunidad Económica Europea y el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), instituciones estas que se convirtieron en garantes para impulsar el crecimiento, apoyadas con la intervención del Estado en la economía.


Sin lugar a dudas, el interés mostrado por alcanzar adecuadas tasas de crecimiento, a partir de 1945, impulsó la calidad de las estadísticas económicas y la contabilidad nacional, situación que permitió tener una mejoría objetiva en los indicadores coyunturales del desarrollo de la economía. Es en ese marco que podemos identificar las razones por las cuales surgieron las denominadas potencias económicas, encabezadas por Japón y Alemania.


A partir de 1973, se han registrado varias fases recesivas que han cambiado el rumbo y orientación de la economía y el modelo en que se había sustentado el auge económico. Para llevar a cabo esa nueva visión de alcanzar tasas adecuadas de crecimiento, se ejecutó toda una estrategia para empequeñecer el papel Estado y otorgarle mayor protagonismo al mercado, por lo que se hizo énfasis en la recuperación de la economía planetaria que se había desplomado, lo que relativamente tuvo éxitos en el corto plazo.


Un balance objetivo de las tres últimas décadas del siglo XX, conduce a la conclusión de que existen grandes dudas sobre la teoría de la eficiencia del libre mercado, la cual tiene mayor sustentación en el fracaso de las políticas desreguladoras y de corte monetaristas para favorecer a los sistemas financieros, cuyo dinamismo lo que ha venido a provocar es un desastre mundial con la creación de múltiples productos financieros de vocación especulativa y que han desarticulado la capacidad y control de los organismos de regulación financiera.

La crisis financiera iniciada en USA en el año 2007, la crisis bursátil de 1987, la recesión mundial de 1990 y la burbuja financiera del año 2001, son pruebas irrefutables de esta afirmación, cuya mayor dimensión fue la pérdida de empleo derivada de la crisis internacional y la tragedia de empujar a 200 millones de personas bajo la línea de pobreza en todo el orbe.


La actual situación de crisis, ha colocado en una volatilidad riesgosa al sistema financiero mundial y dejado una secuela que se expresa en una enorme desigualdad entre las grandes naciones y los países pobres, ampliando la brecha entre estos, lo que induce a problemas políticos y económicos que requieren soluciones urgentes y confiables mediante la ejecución de políticas macroeconómicas que auspicien una mayor aceleración hacia el progreso.

Si se asume a éste como la capacidad de una economía para incrementar su producción durante un tiempo prolongado, que para lograr un desarrollo adecuado, los países han de recurrir a una estrategia más viable como son una combinación del crecimiento hacia adentro y hacia afuera, lo cual implica impulsar la industria nacional, priorizando la producción de bienes transferibles, ya que si continúa un ritmo de crecimiento lento del PIB, los países tendrán que redoblar sus esfuerzos para frenar la expansión de la desigualdad socio-económica prevaleciente, lo que obliga a reorientar las fuentes del crecimiento económico. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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