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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 15 / 11 / 2017. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Deuda, inequidad y pobreza.

 

Aunque no existe una definición única y suficientemente precisa del fenómeno de la pobreza, sí se tiene la certeza de que el mismo está afectado por factores de tipo cultural, religioso y por los sistemas sociales de valores que la condicionan.

En tal sentido existe la pobreza absoluta, cuando las condiciones de vida de los individuos poseen deficiencias en la satisfacción de necesidades básicas, físicas, socioculturales y, por igual, se reconoce la existencia de la pobreza relativa cuando los sujetos bajo esa consideración son pobres en relación con otros.

En tal contexto, se observa en la actualidad, que la economía mundial sufre una significativa transformación impulsada por los grandes montos de acumulación de capitales, fruto de la globalización financiera que ha impulsado la liberalización de altas sumas que se desplazan sin impedimento por los diferentes mercados financieros mundiales.

Sin embargo, si por el flujo de capitales que se mueven en el mundo, se valorara el bienestar de las personas, entonces, estaríamos asistiendo a un paraíso del progreso sin preocupaciones ni dificultades.

Tan solo con observar que esos capitales suelen estar orientados hacia los portafolios de mercados emergentes, ascendentes a US$35.000 millones, así como los flujos a los mercados de deuda por el orden de los US$10.200 millones, sumas estas que cubren los alimentos requeridos en los países de economías en vías de desarrollo, también financiarían por los próximos 40 años la educación y el total de alimentos requeridos por los pobres.

En adición, se sabe que existe un monto impresionante de recursos provenientes del blanqueo internacional de capitales, superior a los US$38.000 millones anuales, cuya repartición regional comprende una mayor captación de esos flujos por los mercados asiáticos con US$19.100 millones y a América Latina con US$8.700 millones al año.

Esas respetables cifras plantean un escenario asimétrico si se toma en consideración los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que estima que en la actualidad existen 815 millones de personas que en el mundo pasan hambre, esto es, un 11,5% de la población mundial, y que alrededor de 200 millones de niños, están sufriendo de malnutrición. Peor aún, es aceptar que más de 11 millones de niños con edad inferior a los cinco años están muriendo en el mundo cada año.

Resulta inaceptable que estas cifras pongan en evidencia que estamos en presencia de lo que se puede calificar como la globalización a escala planetaria del hambre, vinculada al lacerante fenómeno de la pobreza.

Los estudios realizados por el Banco Mundial y la F.A.O., han logrado identificar la zonificación del hambre y se tiene en cuenta que la gran mayoría de las personas que pasan por esta tragedia, se ubican en los países de economías emergentes, donde hay mayor inequidad en la repartición de la riqueza.

Las evidencias empíricas muestran que ya en el año 2015, el 98% de las personas que padecen de hambre están en estos países, de los cuales el 75% corresponden a la zona rural, situación que empuja a estas personas a la migración internacional.

Es oportuno destacar, que la cantidad de personas que sufren hambre y carecen de recursos, están en un proceso de ascenso a cuenta gotas, como resultado de que la economía mundial está con un crecimiento del Producto Interno Bruto, a un ritmo muy lento.

Por igual, se estima que alrededor de 146 millones de niños en las naciones en vías de desarrollo, sufren de bajo peso con relación a su tamaño, al tiempo que más de 17 millones de niños en el mundo nacen con bajo peso, como consecuencia de que las madres reciben una nutrición inadecuada durante el proceso de gestación.

Si se toma como referente los niveles de hambre a nivel mundial en el 2014, se tiene que el incremento del hambre en el planeta ha ascendido en el primer semestre de 2017, a la indeseable cifra de 38 millones de personas más, que en una alta proporción se debe a la proliferación de conflictos violentos y de perturbaciones relacionadas con el cambio climático.

En adición, en el presente año, la hambruna ha golpeado diversas zonas del orbe, en comunión con la desaceleración económica global, han inducido a un deterioro de la seguridad alimentaria y la nutrición de los seres humanos más desposeídos, acelerando así la trampa de la pobreza.


Pero resulta que el aumento del hambre guarda una estrecha relación con el aumento de la deuda externa en los países con bajo crecimiento económico, la expansión de la pobreza y la desigualdad social en cada uno de ellos. Así, podemos observar que en los países que tienen mayor deuda, mucho mayor es la pobreza, y donde más hambre pasan las personas fruto de la inseguridad y la precariedad alimentaria.

Esto se explica porque los gobiernos ineficientes en el manejo económico y de las finanzas nacionales, destinan grandes sumas de dinero para honrar los compromisos de sus pasivos con sus acreedores, descuidando la protección a la ciudadanía, aplicando políticas sociales poco eficaces, situación que ha conducido a varias naciones, a la encrucijada de la pobreza. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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