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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 12 / 9 / 2018. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

¿Cuándo contratar más la deuda es señal de crisis?

 

La deuda pública es con frecuencia un tema de alta preocupación en cada nación y, en particular, en aquellas donde el tamaño de su economía resulta inferior a los niveles de endeudamiento fruto de los atrasos acumulados para honrar la misma. Existe un límite al monto de la deuda pública, si se piensa que ésta tiene un elevado potencial en contraer la economía.


La deuda pública expresa la sumatoria que un gobierno debe, como resultado de préstamos tomados en años anteriores y que se acumulan cuando los ingresos públicos son inferiores al gasto, manifestándose en un déficit presupuestario perturbador.

En tales circunstancias, lamentablemente muchos gobiernos insisten en pedir más de lo que puede permitírsele en el largo plazo, haciéndola más grande y empujando a la economía en un estado frágil rumbo a una crisis.


En ese contexto, el aumento de la deuda genera preocupación cuando el tamaño de la deuda se expande a una alta velocidad y que se cuantifica a través de la relación deuda/PIB, la cual indica la comparación de esta con la economía.

Normalmente, para muchos si el coeficiente de la deuda marca un nivel que oscila entre 40 y 50%, se tiene por costumbre recomendar mayor cantidad de préstamos, pero lo cierto es que, si la economía no responde a una adecuada expansión, esa deuda trastorna el conjunto de las variables macroeconómicas.


Tradicionalmente, la deuda pública de un país tiende a crecer año tras año y en algunos casos se acelera su volumen, lo que se interpreta que el presupuesto público se sale de control del gobierno y los intereses que se derivan de ella, obligan a que se aumenten los impuestos mediante reformas tributarias, agotándose así los espacios para generar nuevos ingresos. En ese momento, los gobiernos se estremecen por el temor de que se produzca una crisis de magnitudes impensables y multiplicadora.


A la luz de la razón, hay que poner de relieve que los déficits presupuestarios se suman a la deuda, en tanto que, los escasos superávits presupuestarios la reducen. Aunque esto puede prestarse a confusiones, lo cierto es que en la medida en que la economía crezca más rápido de lo que se suma el déficit a la deuda, el tamaño se contrae y es en este punto donde la teoría económica, sugiere no dejarse arrastrar por la relación matemática, ya que nos puede sorprender la llegada de una crisis espantosa de la deuda.


Los gobiernos tienen múltiples maneras de endeudarse y repetidas veces recurren a las modalidades disponibles para esos fines, lo que en la práctica es lo que ha favorecido que varios países aparezcan ocupando posiciones asombrosas en los Rankings de endeudamiento.

Así, las naciones de economías emergentes, paulatinamente marcan niveles de endeudamiento muy elevados, de tal manera, que al proyectarlos parecen impagables.


La dimensión de la deuda pública para las economías emergentes es proporcionalmente mayor a su tamaño, ya que se atraviesa por la ruta de la emisión de deuda soberana, esto es, el gobierno ejerciendo la soberanía de un país, pone las reglas, lo que es una razón poderosa para emitir cualquier tipo de empréstito cuando éste así lo decida.

Esa decisión en la actualidad, se ha convertido en el mayor riesgo que enfrentan las economías emergentes y, de manera más general y menos impactante, las economías desarrolladas, lo que implica una especie de bomba de alto poder explosivo.


Para los gobernantes, parece crucial la posibilidad de tomar préstamos o emitir deuda soberana en su interés de impulsar el funcionamiento normal de la economía, y del propio gobierno, sin embargo, las consecuencias de esta práctica recurrente, parece que no se están calculando ni la posibilidad de caer en un default o cesación de pagos.

Pero resulta que lo que en realidad determina una crisis de la deuda, está estipulado en el hecho de que los acreedores piensan que un Estado no puede pagar lo que debe, y no que haya llegado a un nivel previamente establecido del coeficiente de deuda/PIB como suele pensarse.


El stock de la deuda pública pone en evidencia la escasa solvencia financiera nacional, así como el reducido volumen de ahorro interno que hace poco viable la emisión de nueva deuda.

Por tales razones, para capturar recursos financieros es preciso el ofrecimiento de un interés atractivo para que los títulos emitidos representen una opción para los inversionistas, aunque un incremento del volumen de deuda tiende a implicar mayores impuestos y una tasa elevada de inflación. 


Visto este panorama, es pertinente formular esta interrogante: ¿Es malo que el gobierno se endeude? El endeudamiento en si no es malo de una manera absoluta, pues si se considera una caída de los ingresos públicos, esto se expresa en un déficit presupuestario, por lo que obliga al gobierno a incrementar los impuestos o reducir el gasto o endeudarse para mitigar el problema financiero causado.

Una reflexión detenida permite precisar que el stock de la deuda pública es fruto de las políticas de endeudamiento, y éstas pueden ser buenas o malas en función de la eficacia o perfil de la misma, para mitigar cualquier eventualidad de desatar una crisis de incalculables proporciones. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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