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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 15 / 1 / 2018. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

América Latina: Hacia un salto cualitativo

 

Las circunstancias por las cuales transitan las sociedades latinoamericanas requieren una respuesta contundente para alcanzar un cierto grado de desarrollo, lo que obliga a que mediante intensas políticas públicas de las diferentes instancias estatales, se pueda jugar un papel fundamental, que necesariamente recae en un trabajo sistemático de los gobiernos nacionales.

Este es el desafío al que se enfrentan las diferentes economías de la región para lograr una consolidación, fruto de una estrategia integral para erradicar la pobreza y la desigualdad predominantes.

Para que los países de la región, que tienen economías en vías desarrollo, logren un salto cualitativo y cuantitativo hacia el progreso, se sugiere que los gobernantes respeten un plan de desarrollo social y fortalecimiento del Estado, diseñado a mediano y largo plazo.

En tal sentido, el desarrollo económico ha de orientarse a que cualquier mandatario, respete un plan de principios básicos que contenga priorizar el gasto social, en educación y salud, promover políticas de fomento a nuevas inversiones, limitar el gasto corriente y respetar la Constitución Política de cada Estado.

En la actualidad, a escala planetaria, estamos ante la presencia de una nueva economía, la cual sugiere una rápida adaptación a los cambios. Pues las evidencias empíricas muestran que estos se producen con mucha rapidez, y por lo tanto, debemos estar preparados para poder crecer en la medida que las propias necesidades así lo requieran, y es ahí, donde reside procurar el desarrollo económico subordinado al respeto institucional, como base de la seguridad jurídica en cada país.

Durante los últimos años, se ha generado una gran incertidumbre sobre la economía latinoamericana, debido a los distintos acontecimientos políticos y las medidas aplicadas por los gobiernos de la región.

Esta situación obliga a reflexionar en torno a la evolución socioeconómica que tendrá cada Estado durante los próximos años, lo cual será fruto de acciones políticas responsables que envíen señales de compromisos presentes y futuros por parte de los principales actores públicos y privados.

Hay que resaltar que desde el punto vista económico, la región sigue dependiendo principalmente de las materias primas, y por supuesto, presenta un nivel de competitividad muy bajo frente a las economías desarrolladas. Pero resulta que la ausencia de una apreciable innovación y una mejor gestión del conocimiento, han sido los focos vitales que ha desperdiciado nuestro subcontinente por décadas.

En lo relativo al ámbito social, se tiene la exactitud de que la pobreza y la discriminación por razones de género disminuyen el progreso regional. Tan solo con observar el panorama general de cada país, nos encontraremos que son las capitales nacionales las que presentan un mayor desarrollo, pero al interior de ellos, los márgenes de pobreza son lamentablemente axiomáticos.

En la actualidad, los países que conforman nuestra America, continúan afectados por la ausencia de capitales frescos que se reflejan en las inversiones nacionales y extranjeras en cada nación. Las estructuras económicas de los países de la región son menos productivas por falta de capitales, pero de igual modo, la crisis en el sector laboral también responde a la poca competitividad de nuestras naciones en la economía global.

Naturalmente, la ausencia de inversión extranjera ha afectado al mercado laboral en la región, ya que la falta de una mayor dinámica económica y el bajo coeficiente de exportación de los países latinoamericanos, se traducen en una fuerte calamidad en el parque industrial. Por tales razones, si las políticas económicas que se implementan, no promueven la industrialización y el desarrollo tecnológico para poder innovar, será una constante el incremento del subempleo y de la precariedad laboral en nuestra región.

Estas son razones poderosas que obligan a los gobiernos a entender que la región se encuentra inmersa en una economía global, donde la conectividad, la producción y la innovación, son vitales para el desarrollo económico y social.

Sin embargo, las tasas de pobreza e indigencia en América Latina han aumentado de manera significativa, tal como lo evidencia la CEPAL, al establecer que éstas se expandieron durante los años 2015 y 2016, en el orden de un 29,8% y 30,7%, equivalente a 178 millones y 186 millones de personas pobres respectivamente, mientras que la pobreza extrema, pasó del 8,2% en el 2014, esto es, unos 48 millones, al 10% en el 2016, es decir, 61 millones de personas indigentes.

América Latina es una región que históricamente ha sido golpeada por la pobreza y la desigualdad, cuyos orígenes descansan en las relaciones sociales que se han producido y que se materializaron en una estructura de poder oligárquica forjada en el marco del colonialismo, cuya herencia ancestral perdura de tal magnitud que amenaza con reproducirse con la violación a los estamentos constitucionales, para extender los períodos de gobierno en forma indefinida, poniendo en juego la seguridad jurídica, cuya expresión concreta es la inestabilidad e incertidumbre, tanto política como económica, situación que es actualmente comprobable, en los casos de Honduras, Bolivia y Venezuela, dejando abierta las potencialidades de engendrar regímenes de corte dictatoriales. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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