LATINPRESS.es © Periodismo de verdad, verdad Octubre 2018.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.


     
 

 

   

Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress. 23 / 10 / 2018. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Al borde del despeñadero

 

Cuando se analizan a profundidad las características de las economías subdesarrolladas o emergentes, lo primero que se pone de manifiesto son los bajos niveles de ingresos per-cápita, como expresiones fehacientes de los bajos salarios, la concentración de la riqueza en pocas manos, las dificultades de acceso a la salud, el bajo nivel de los sistemas educativos, el débil capital humano, la deficiencia en la cobertura de los servicios públicos, el escaso progreso tecnológico, como expresión de una mínima inversión en investigación y desarrollo, altos niveles de desequilibrio entre los sectores productivos, los déficits de ahorro interno, el déficit comercial y la deuda externa muy elevada.


En adición, está la alta dependencia económica del exterior, las enormes desigualdades sociales, expresadas en desagradables niveles de desempleo y desnutrición, una economía agraria con débil integración nacional, así como profundas inestabilidades políticas cuya mayor expresión se identifica con altos coeficientes de corrupción, tanto en el sector público como el privado, frágiles regímenes democráticos, violación de los derechos humanos, entre otros malestares sociales.


Las explicaciones de las causales de tales características tienen dos ilustraciones fundamentales: en lo económico, son estimuladas por los desequilibrios macroeconómicos, elevados niveles de inflación y déficit presupuestario, la existencia de una estructura productiva sesgada, elevada participación del sector primario y bajo nivel de industrialización, escasez de ahorro interno, alta dependencia financiera por los préstamos internacionales, difícil inserción en el comercio exterior y elevados niveles de proteccionismo.


Por otro lado, existe una ilustración en lo social, que se explica por el crecimiento acelerado de la población, manifestada en las elevadas tasas de natalidad y de mortalidad, baja calidad de la educación pública, lo cual se expresa en la escasa formación de capital humano, pobres niveles de salud, identificado por un menor acceso a la atención médica y a la medicina preventiva, condiciones sanitarias inadecuadas y mal nutrición, por igual, la existencia de las desigualdades al interior de nuestros países, desigualdades en la distribución de la renta, en oportunidades de progreso social, en el acceso a los recursos y a la tecnología.


Para superar tal situación, las tendencias de desarrollo en el mundo, se miden a través de cuatro variables fundamentales como son: el crecimiento económico, esto es, la capacidad de una economía para incrementar su producción durante un tiempo prolongado, utilizando como indicadores el Producto Interno Bruto, PIB per-cápita; el desarrollo humano, que es el proceso que permite ampliar las oportunidades de la población, situando a la persona como centro del progreso, siendo el indicador principal el índice de desarrollo humano (IDH), la preocupación por la pobreza, analizada desde la perspectiva del ingreso, considerando como pobre, al que tiene un nivel de ingreso inferior a la línea de pobreza que se ha definido, donde el indicador a considerar, es el índice de pobreza humana (IPH); y finalmente, está el desarrollo sostenible, que se refiere al proceso de desarrollo que permite satisfacer las necesidades de las generaciones presentes, sin comprometer la satisfacción de las generaciones futuras.  


La preocupación por la superación de estos flagelos, está orientada a evitar que el liderazgo político, económico, empresarial, de opinión pública, comunitario, entre otros, tengan una visión que incidan sobre progreso y el bienestar colectivo, cuyos objetivos son mitigar que una nación pueda caer en el abismo, pues, cuanto más insegura sea la situación económica de las personas, más se inclinarán a enfrentar los problemas mediante reacciones emocionales incontrolables. 


En consecuencia, la debilidad institucional del Estado, la fragilidad de la democracia, la ausencia de un liderazgo racional e influyente, la inseguridad ciudadana, el progresivo deterioro de los organismos del ministerio público, el retorno de la corrupción a las instituciones públicas, la pérdida de credibilidad en las cifras oficiales, lo que combinado con elevados niveles de pobreza, se convierten en amenazas potenciales para caer en una inestabilidad macroeconómica, en la imposición de decisiones de intereses colectivos, con una presencia significativa de la desigualdad y la exclusión, entre otros; todo cual, se está transformando en un detonante que conduce de manera irreversible al borde del despeñadero y a situaciones de consecuencias impredecibles, máxime si continúan las prácticas de violación a las normas elementales establecidas para cohabitar en sociedades humanas civilizadas. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies