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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 19 / 6 / 2017. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Viejo Mi Querido Viejo.

 

Es un buen tipo mi viejo/que anda solo y esperando/tiene la tristeza larga/de tanto seguir andando. /Yo lo miro desde lejos/pero somos tan distintos; /es que creció con el siglo/con tranvía y vino tinto. /Viejo mi querido viejo/ahora ya caminas lerdo; /como perdonando el tiempo/yo soy tu sangre mi viejo/yo, soy tu silencio y tu tiempo. /Él tiene los años buenos/ y una figura pesada; /la edad se le vino encima sin carnaval ni comparsa. /Yo tengo los años nuevos/y el hombre los años viejos; /el dolor lo lleva adentro/y tiene historia sin tiempo. /Viejo mi querido viejo… (Versión: Piero).

Aprendemos a ser hijos cuando somos padres, y aprendemos a ser padres, cuando somos abuelos. Ser padre es el compromiso más grande que puede asumir un hombre. Si usted cumple a cabalidad con el sagrado mandamiento de honrar a padre y madre, a lo largo de su vida, independientemente de qué tan bien hayan cumplido con su papel, usted asegura el éxito en su vida. Dios premia con justicia al buen hijo.

Si su padre ha sido bueno con usted y le dio cariño, educación y compañía, es justo que no se olvide de él.

Hágale saber que todo el esfuerzo que hizo valió la pena, y que su afecto hacia él sigue ahí, incondicional.

Como hijos, todos tenemos un compromiso afectivo con las personas que han dedicado su vida a proporcionarnos cuidado y cariño. Aproveche que está vivo  y saque tiempo para su padre. Dígale lo importante que es para usted, y todo lo que lo quiere.

Si supiera qué tan grande es el significado de un pequeño detalle para el corazón de papá. Hágalo hoy, mañana puede ser tarde.

Honrar a los padres es reconocer su papel en lo que usted ha logrado en la vida. Sin ellos usted no existiría.

Sin el esfuerzo y el sacrificio de ellos, usted no hubiese tenido momentos de felicidad. Amar y reconocer el cariño por sus padres, es regar sus raíces, que sin ellas los frutos no hubieran florecido.

Quienes, por alguna razón, han perdido a sus padres saben a qué me refiero. No vale la pena dar espera para decir “te amo papá”.

Mañana ya puede ser tarde. El afecto no es sólo un impulso emocional, es un lazo que se extiende y necesita tiempo y dedicación para mantenerse vivo.

Lo que usted hace hoy con sus padres, seguramente lo verá reflejado, en unos años, en la forma como sus hijos se comportarán con usted.

La curva de la vida hace que su papel se invierta. Si usted es un buen hijo, sabe que sus padres siempre le desean lo mejor, y han hecho todo el esfuerzo posible por brindárselo.

Si con amor sabe extender su mano de una forma adecuada, no encontrará mejores maestros, mejores guías, mejores amigos que sus propios padres.

Cuando vea que ellos se equivocan, hágaselo saber en privado, con cariño y respeto. Y cuando reconozca que acertaron, igualmente, felicítelos.

La prudencia y la comprensión frente a sus errores, son la mejor prueba del respeto que les profesa. Sea agradecido.

Tal vez, en algún momento de su vida, siendo niño o joven, usted sintió que perdía el rumbo y el horizonte, y fue justo allí cuando esa mano paternal se posó en su hombro y se sentó ahí, para escucharlo, tranquilizarlo y mostrarle que todo saldría mejor, y le dijo: “No te preocupes hijo, todo estará bien”.

Hoy, tal vez, será él, tu padre, el que quiera hablar un poco, y buscar tranquilizarse. ¿No es justo que la mano que hoy espera para dejar salir sus temores sea precisamente la tuya? Reconozca que lo que usted es hoy, se lo debe a sus padres. No espere más tiempo para decir “gracias papá”. Hágalo hoy mismo. Y cuando llegue el momento en que él se despida de este mundo, verá que usted va a estar tranquilo y sin cargos de conciencia, escuchando la voz de Dios que le dice: “Todo lo que habéis hecho a tus padres, a Mí me los hiciste”.

Su gracia no está en pedir, sino en valorar lo que usted ha recibido de su padre. Usted tiene la responsabilidad de escucharlo y analizar las razones por las que alguna vez tomó sus decisiones. Al escucharlo y entenderlo, sabrá valorarlo.

Si usted es joven, piense que su padre también merece comprensión; escúchelo. Entienda que cuando dice “no”, es porque tiene su propia razón para hacerlo. No se niegue a conocerla.

Comparta con él un poco de su vitalidad, de su capacidad para soñar. Dele un poco  de ese entusiasmo, y contágielo de eso. (0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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