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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 18 /09 / 2016. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Madre Teresa de Calcuta.

 

Madre Teresa de Calcuta, plenitud vital. Exaltado compromiso con el prójimo y su mundo. La ética del cuidado.

MTC asume con libertad el ejemplo de Cristo, y libremente opta por esa manera de ser y de vivir, asumiendo las exigencias tanto de Jesús como de los valores y principios propios del cristianismo, donde la libertad es un don recibido de Dios. Misericordia y Caridad.

MTC ejemplifica que no hay amor cristiano sin obras. El amor está ligado a las obras. El amor cristiano está íntimamente ligado a la acción. La caridad animó y sostuvo su acción, el compromiso a nivel personal. MTC nos señala la importancia de no permitir que el pasado se diluya en los pasadizos de la memoria olvidada.

MTC nos muestra que el amor-caridad cura todas heridas, aunque deja algunas cicatrices.

MTC no hacía “favores” (socorro que se concede a alguien), ella realizaba actos de bondad (natural inclinación a hacer el bien) sin esperar nada a cambio. Es un acto altruista, de decisión espiritual. Si educamos grupos y comunidades, con el ejemplo de MTC, en actos de bondad, de caridad, conseguiremos una comunidad humana mucho más empática, resiliente y saludable, en el que el valor de la convivencia y la ayuda altruista al prójimo será uno de los ejes por lo que se regirá.

MTC no eligió su misión por lo que ella quería, sino por lo que era coherente con su propia opción de vida.

Demostró claridad en las opciones, reflexión profunda en cada situación y experiencia de vida, en la caridad y la bondad. Su vida transcurrió en la pasión del ideal que sirvió de molde a su conducta de mujer, de ser humano.

MTC renunciando al vano sueño de convertirse en Dios, pudo satisfacerse con existir para la bondad, para la caridad. Como mujer religiosa es la vencedora de la soledad, la que completa lo incompleto.

Aunque experimentó sufrimientos, carencias, angustia existencial, el necesitado es protegido mediante reservas que ella misma desconocía. Reservas paradisíacas. TC, hecha “Madre”, humanizada hasta el infinito, en inexplicable, ignota, divina protección. Instalada ya en el sufrimiento ajeno, eligió y tomó una posición en relación con la opción de vida escogida.

Tomó con dignidad el sufrimiento del prójimo que le irrogan la libertad y la responsabilidad. Desarrolló, por fuerza de la vida misma, un espíritu animoso, bondadoso. Echó mano de los recursos que sólo la interioridad provee. Vivió para conocer por qué y para qué se sufre; fue el primer paso para su redención emocional y espiritual. Se le aviene muy bien lo de Nietzsche: “quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”.

MTC en su vínculo con el necesitado tranquilizó, hizo sentir (vivenciar) que lo acompaña, que se halla a su lado, y que está con él. Éste se sintió asistido por una personalidad que irradiaba, comunicaba, transmitía afecto, seguridad. Si cabe, protección materna. Atención afectiva, tal vez trascendente, desde lo hondo del alma.

MTC infundió confianza, valor, “hechizo de compañía”. Es de admirar el carisma de su personalidad en lo concerniente al alivio del dolor ajeno. La experiencia digerida de su vida, la curiosidad intensa, y casi siempre silenciosa, frente al misterio que somos, contribuyó al desarrollo de ese don, de esa privilegiada facultad ante el dolor ajeno.

Quizás sin que los testigos lo percibieran, el dolor del necesitado fue dolor compartido y quizás transferido a MTC, que lo ayudaba, se realizaba con el necesitado la verdadera comunión de la compañía, la comunicación del sentir común. El poder de sanación espiritual de MTC arranca fundamentalmente, del ejercicio de su capacidad para la solidaridad y la auténtica compañía. Acompañar dándose, de entrega; la capacidad de prodigarse en el misterio de ser uno con el prójimo doliente. Una compañía de ser a ser, capaz de dar, en el sentido de la “dación”, de la prístina espontaneidad.

MTC es entrega trascendente, es ayuda, es socorro, es mensaje, es ejemplo, es elevación, y de ella puede nacer la fe que lo es todo. Y como quiera que su objeto anímico fuera una revolucionaria concepción de Dios, de la religión y del necesitado, los actos de bondad de su existencia, pese a algunas vacilaciones y dudas para realizarlos, se supeditaron siempre a ese ideal que dependía directamente de Dios.

En busca de su propio camino, de su misión, MTC recorrió, lo estético, lo ético y lo religioso, desechado la felicidad terrenal y viviendo al servicio de la idea de procurar alivio al necesitado, al doliente, al sufriente.

No es de extrañar que una persona tan “poseída” por el encanto de su tremenda tarea, protagonizara hasta en los menores detalles el drama de su destino.

MTC encontró su verdad, encontró una idea por la que quería vivir y morir. El cristianismo auténtico, apoyado en la fe y “eludiendo” la razón, es en MTC espíritu, interioridad, subjetividad, pasión. Sólo una existencia, como la de la MTC, que sienta al necesitado y se abra paso por medio de la fe, puede aproximarse nuevamente al “árbol de la vida” y asegurarnos la salvación. Con sus actos de bondad hizo referencia de manera especial a la “corresponsabilidad”, que significa que por el simple hecho de ser personas, somos responsables del cuidado de nuestros semejantes, y esto implica una responsabilidad moral compartida.

MTC vivió para los necesitados, aceptó vivir con ellos acompañándolos en su deriva, que fue su manera de avanzar, de caminar, de peregrinar por los caminos de Dios.

MTC representó más nexo humano que compromiso mundano. MTC nos recuerda la centralidad del amor cristiano y su potencial extraordinario.

MTC encarnó CARITAS IN VERITATE, la caridad en la verdad. Destinataria del amor de Dios se convirtió en sujeto de caridad, llamada a hacerse ella misma instrumento de la Gracia, para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad, Caritas in veritate in re sociali. MTC “no siempre hizo grandes cosas, pero sí hizo muchas cosas pequeñas con gran amor”.

De MTC podemos decir: lo que fue ya fue; es pretérito, pero no pasado. Un pretérito sin pasado, porque continuará siempre en nuestros corazones. 04145541014 delucabartolomeo@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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