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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 19 / 11 / 2017. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Odio en Venezuela.

 

El odio es una sustancia tan oscura y difícil de entender. Tiene fuertes dosis de omnipresencia y es onírico e irracional. También tiene una misteriosa carga de placer. El odio es sordo y ciego.

Cicerón piensa que el odio es una ira de estirpe más antigua, de más arraigo. Al considerar la triste paradoja que propone Benavente: “Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor”, no he podido dejar de pensar en una secuencia “diabólica” de etapas. Ojalá nos sirva de advertencia.

Cuando nos entristece la felicidad del otro. Aquí empezamos a entrar en los telúricos terrenos del odio, pero aún no se terminan de llenar sus siniestros requisitos, y se está más cerca de la mezquindad y la envidia.

Lo cierto es que a veces se conoce lo que es el desprecio más en los triunfos que en los fracasos.

Cuando nos alegra la desgracia del otro. Aquí sí hace falta odiar con verdaderas ganas, con fruición. También se revela lo inconducente y estanco del odio, pues quien odia no desea ningún bien para sí, sino el mal para su    prójimo.

Y no quiero extenderme más en un sentimiento que me haría recordar, quizás revelar por asociación de ideas, lo peor de mi alma.

Cuando nos alegra la desgracia del otro, aunque signifique nuestra propia desgracia. En esta etapa ya hemos pasado a la irracionalidad y entrado de lleno en nuestro gran deporte nacional.

Curiosamente, donde más se da es entre seres que deberían amarse o ayudarse mutuamente: hermanos que pelean por herencias, socios por dominar la empresa, miembros de un mismo partido, ciudadanos de un mismo país.

De manera que este odio ultra inveterado suele requerir que haya un interés común como punto de partida. He escuchado muchas y crecientes maldiciones donde se desea una desgracia que perjudica incluso a quien maldice: “Que el petróleo caiga a 20 dólares”, “Que se caiga otra vez el viaducto”, “Que haya escasez de gasolina”, y hasta que “Que le secuestren los hijos a esos escuálidos, o a los oficialistas”. Variantes que equivalen a decir: “Que desaparezca la mitad de este país”.

Este último sentimiento, ganador absoluto en la escala del odio y en la ausencia del amor, nos ha convertido en una “patria” donde nos alegramos con algunas desgracias y nos entristecemos con muchas alegrías. Venezuela se está convirtiendo en un corazón partido e incapaz de amar, en una fauna de “odiantes” y “odiadores”, disfrazados de enamorados fervientes que intentan sobrevivir en un medio país. (0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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