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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 5 / 3 / 2017. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: La Reputación de un País.

 

“La conciencia es siempre conciencia de algo”.

La conciencia de la realidad (Principio de la Realidad) es el instrumento más poderoso que posee el ser humano para modificar dicha realidad.

La conducta del venezolano es estereotipada, de tal manera que no hay ruptura de viejas pautas de conducta ni creación de nuevas.

No hay aprendizaje social. Es un repetir constantemente lo mismo que no ha dado resultado.

Nuestros políticos, Gobierno y Oposición, populistas al fin, con su comportamiento, descuidan la reputación del país. Hablan como loros, arman alboroto por cualquier cosa (Trastorno Histriónico de Personalidad), abusan de la palabra propia y de la paciencia ajena, discuten, plantean el debate, iluminan la escena del plató, tratan de implicar a cualquiera en una intriga de escasas neuronas, dan lo que no tienen para que se les califique de “polémicos” con un poco de teatrillo malo, y también de carismáticos.

Los ansiosos de notoriedad (Egocentrismo y Narcisismo) arriesgan la vida por ser admirados, recordados, citados, candidateados. Creen, juran que la naturaleza no les ha mezquinado dones como sí lo ha hecho con sus rivales. Pero de todos modos, no pueden prescindir de los “malos”.

Los necesitan, los justifican (Codependencia), les dan vida, les proporcionan el material de las polémicas. Son su “alter ego”, su imprescindible “otro”, su otro suplementario, el vitalizador contendiente, el espejo, la alucinación de Narciso.

Nuestros políticos son proclives al enredo, al lío, al zaperoco, a la intriga, al chisme, a lo exagerado, a la hipérbole, a la noticia, al rumor hidrópico, al chisme con niguas.

Necesitan admirarse a sí mismos y comenzar el sueño de la noche en la fantasía del Yo, embriagados con la propia estulticia.

Al despertar buscan la noticia terrible, los titulares agoreros: “¡Qué bien, el otro está perdido; ese otro dice cosas diferentes de las mías, el otro, el malo!” Gozan con el escándalo. Alarman con el prurito de figurón; ingieren y vomitan bulla, desfiguran al ser humano que hay en el habitante; no les importa anda el gentilicio; siembran y difunden temor; propalan malos augurios y ocultan lo auspicioso, lo que obligaría a pensar que el país posee garra, empuje, dinamismo pese a las dificultades.

Tapan la rendija de la luz o, al menos, el porvenir, ése que dice que somos capaces de mejorar.

A estos politiqueros escandalosos los posee el frenesí de la destrucción (Tanatos), la negación por la negación misma, el no y el nunca; el Yo edematoso, pero aún, con la vanidad “politicoide”, escénica, el narcisismo de pantalla, conocido como pantallismo o pantallerismo.

Malbaratan los momentos históricos de aprendizaje social, de siembra, de estudio, de modificación, y pretenden asombrar con una perspicacia y un vuelo que jamás tuvieron ni tendrán, ni en relación con el país ni con la traída y llevada justicia.

Si se les ofrece cualquier oportunidad, con el micrófono, con la pantalla de tv, con el diario impreso, con las redes sociales, con los organismos internacionales, se adhieren a ella como sietecueros y enuncian el miedo.

Escupen sobre la reputación del país. Tratan de mellar la confianza en el país, cuando deberían inspirar a los de adentro y a los de afuera.

Son desanidados de la misma rama. Con el argumento de que defienden la Patria, la democracia, escupen para arriba. Agreden, lesionan a esta tierra de todos, la sagrada, maltrecha y heroica Venezuela.

No quieren saber que cierto tipo de denuncia, la poca fe en el país, el descrédito de sus gobernantes y la mala reputación del venezolano común, el mal augurio, o el anuncio caótico, o las imputaciones falaces lanzadas a los cuatro vientos, sin prudencia, con olvido de la intimidad de la patria, son cuchillo para el propio cuello. Lo que decíamos: la reputación del país. 04145541014 delucabartolomeo@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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