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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 26 / 6 / 2017. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: La Noche Mágica.

 

Fuego, agua, hierbas, frenesí de tambores. San Juan to´ lo tiene, San Juan to´ lo da. De los barcos negreros, vino el tambor africano. Tambor de San Juan, tambor de San Pedro, tambor de la Virgen de la Coromoto.

Y el alma venezolana celebra con danzas sensuales las vísperas santificadas. Resuenan los parches del curveta y del mina. Y el alma negra vuelca el grito sensual que le arranca la música bárbara. Cierran el círculo en torno de los tamboreros que parecen invocar los espíritus de la noche; en blanco los ojos, entreabierta la boca.

Brazos desnudos, buenos para el mordisco de lujuria. Calor del vientre, hirviendo en la noche dionisíaca.

El ritmo de la danza sacude las caderas de la hembra (“Las caderas no mienten”), ya se estremecen los pechos, ya le respira la boca su pasión sin límite, las narices dilatadas, en el blanco de los ojos ya está el éxtasis. Se mezcla lo piadoso celestial con lo irreverente sensual para la malicia de las risas.

La hembra que baila dentro del círculo elige a su hombre. Es la pareja eterna que se busca y se esquiva, la danza erótica que lanza la hembra contra el macho. Sube hacia los silencios supremos de la noche ardorosa el griterío de la sensualidad jadeante. Sudan los cuerpos, huele a Eros todo el aire, huele a sexo del bueno. Y la noche no termina con el sol de la mañana. Esa noche mágica estamos hambrientos de magia.

De llenar con fantasía lo cotidiano, lo rutinario. Buscamos los ritos mágicos (fuego, agua, hierbas, tambores) para atraer a nuestra vida lo que soñamos, lo que nos morimos casi por acariciar.

Queremos que la pasión nos vuelvan locos porque necesitamos una excusa para soltar lastre y vivir en una noche mágica esa vida que tenemos pendiente.

Nos quitamos la ropa para quedar desnudos y luego nos tapamos porque nos estremece esa desnudez.

Queremos bailar hasta el amanecer, hasta que duelan los pies. Nos ahogamos en suspiros anhelantes, nos derretimos en otro cuerpo y en cada uno de los besos y gemidos sin destino que nos damos. Y en la noche mágica de San Juan nos volvemos locos quemando en la hoguera nuestras vidas perdidas, achicharradas por nuestra desidia, por nuestros deseos reprimidos, por el vacío de amor que nos habita.

En esta noche mágica, encendamos nuestra hoguera, imaginaria o real. Lancemos al fuego las penas y las miserias. Veamos cómo se consumen nuestros lamentos y quejas.


Quememos las culpas y desnudemos nuestra sombra para ver que en realidad es hermosa y mágica. Que nuestra plegaria se oiga con fuerza en todos los cielos y llegue a oídos de todas las piedras.

Que el mundo sepa que estamos cansados de vagar y no sentir. Pidamos libertad para decidir sobre nuestras vidas y sabiduría suficiente para usarla sin temor a caer, a perder, a vacilar y equivocarnos.

Hagamos cuantos rituales necesitemos para ser amistosos, para atrevernos a salir del cascarón, y volar para abandonar la crisálida eterna en que nos hemos encerrado nosotros mismos.

Encendamos las velas para nuestro conjuro de amor. Supliquemos al Cielo que esa persona nos ame para siempre por completo.

Escribamos su nombre en un papel para que arda con intensidad y luego entreguémoslo a la noche para que obre el milagro.

Para que se haga la magia. Pero asegurémonos que el nombre que hemos escrito es el nuestro, porque es la única forma de que surta efecto la magia.

Empezar a querernos, a amarnos sin tregua, a encontrarnos las alas y a dar el paso para aceptarnos de forma incondicional, con una sonrisa en los labios, con el corazón ardiendo por saber que ya somos todo lo que necesitamos.

Y saber que nos tenemos para lo que haga falta. Ese es el gran ritual mágico a repetir todos los días: amarse.

Ese es el gran hechizo que consigue transformar todos los días y las noches de tu vida, el que perdura, el que te lleva a vivir con ganas e impregnarlo todo de alegría, de fantasía, de belleza. Y así descubrir que la magia somos nosotros.

Que viva la noche mágica de tambores. Que viva Eros, el amor. Que viva San Juan, el que bautizó a nuestro Señor Jesucristo. (0414) 5541014 delucabartolomeo@gmail.com. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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