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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 15 /08 / 2016. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Rómulo Gallegos y Andrés Eloy Blanco. Sobre La Misma Tierra.

 

El novelista psicológico y el poeta del pueblo son recordados en su natalicio. Dos personajes históricos de las letras venezolanas con proyección internacional.

Se encontraron “sobre la misma tierra”. Con su ejemplo nos enseñan que es en las situaciones-límites donde el hombre alcanza conciencia de su definitiva soledad. 

En ellos el deseo de saber es una eminente necesidad humana. Sin embargo, es menester leerlos “cum grano salis”.

Estos dos personajes, que distan de nosotros poco tiempo, son geniales, sin duda.

Demostraron que el hombre es libre cuando vive para sí, y no para otro. Sus expresiones literarias son postura sabia ante la ultimidad de las cosas.

Fueron tan pensadores como buenos escritores. Vivieron a fuerza de creencias, posturas discutibles y expresiones intelectuales más o menos sabias.

Existentes como tales, les atraía aquello con que se topan de improviso y que les invita a pensar. Sus ideas de la realidad consistían en todo aquello con que de hecho contaron para vivir.

Tuvieron grandes enemigos: los prejuicios, las falsedades, los afectos aversivos y pasionales, la intolerancia, el dogmatismo.

Así que evitaron encastillarse en una ideología o doctrina particular cualquiera. Demostraron la virtud máxima: la humildad, saber lo mucho que se ignora.

No pretendieron ser sabios. No podían serlo, todavía.

Vivieron la angustia de un país entre las entumecidas y destructoras fuerzas de la “diosa” discordia, que transitaron del servilismo a la libertad.

En sus obras plasmaron la manifestación más viva del carácter de un pueblo, y sus letras son portavoz de cultura e inteligencia. 

No dejaron nunca de recordar los “ídolos de Bacon”. Vivieron una época donde la mayoría de las persona eran seres con una inmensa carga afectiva y que arrastraban los grillos de juicios prefabricados, de creencias mágicas y míticas, y de toda suerte de falsedades.

A esto se agrega la borrasca visceral, de los gobernantes de turno, que empaña la claridad mental.

La primera virtud intelectual de Gallegos y de Blanco fue saber desenmascarar a los “ídolos de la caverna”.

Se hicieron dueños de sí mismos. Reflejaron en sus obras que no hay libertad ni civilización donde impera la barbarie: crítica social por excelencia.

Como tampoco hay seguridad donde el odio pone barreras a la comprensión en un contexto marcado por el atraso cultural, caudillismo, corrupción, ambición de poder e irrespeto a las leyes. Conjugándose con un torbellino de amor, odio y venganza que guían la acción del venezolano; antes y ahora. Y que parecen vivir en un país llamado “El Miedo”. Pero que existe también una “raza buena” proactiva.

Con Gallegos, leyenda contemporánea de Venezuela, se frustra, de nuevo, la experiencia de tener al frente del país a un hombre de alta talla intelectual. RG y AEB  fueron como dos personajes arquetípicos entrelazados entre sí.

En sus líneas manifestaron rechazo al régimen dictatorial y al atraso que vivía el país.

Sus obras poéticas y misteriosas, con alusiones a las supersticiones y la desigualdad social (“Píntame Angelitos Negros”). Una queja contra el caudillismo.

Cuentan la historia del pueblo venezolano sometido a un régimen autócrata, gobierno que estudiantes y adultos desean cambiar mediante una fuerte protesta, así como la importancia de valorar las raíces en un país de grandes contradicciones entre los ideales de justicia social, caudillismo y totalitarismo político.

Y tal vez se convirtieron en “El último Patriota”. Pero sobre todo el sentido de justicia social y racial como en el insigne poema “Píntame Angelitos Negros”, del poeta del pueblo AEB, que nos deleita también con “Las Uvas del Tiempo”, “La Renuncia”, “Coplas del Amor Viajero”, “La Hilandera”, “Los Hijos Infinitos”. RG y AEB, exaltación del espíritu de superación, de la necesidad de estudiar y prepararse, “alumbrarse”, con el objetivo de utilizar esas luces para, a su vez, irlas trasmitiendo y difundiendo como un canto a la igualdad, un himno al trabajo, un mandato a la educación de los hijos, a la libertad.

Un canto al amor sereno: “Cuando tú te pongas vieja, cuando yo me ponga viejo, nos quedarán los labios y el silencio” (AEB).

Recordamos a RG y AEB, no sólo por sus obras  sino por la condición humana que ejemplificaron y a veces antepusieron a la propia necesidad de la creación intelectual, por la responsabilidad que supieron asumir ante la historia y ante el país. Arraigados en su suelo, con los ojos abiertos al mundo, sus conductas cívicas son inseparables de la escritura.

Exponen en su creación un sentido de la vida, una reflexión sobre nuestra razón de existir, una manera de pensarnos y pensar nuestro momento histórico.

Rescatan la esencia de los conflictos del alma, señalan injusticias sociales que nos abaten como pueblo, proponen una ética que pueda afrontar antivalores que parecen propagarse cada día más, entender que somos seres finitos (“He llegado a mi nivel”) porque esta existencia es temporal y, por lo tanto, estamos de paso por esta vida (“Las cosa vuelven al lugar de donde salieron”).

Sus obras constituyen un estudio psicológico del venezolano, donde las condiciones de vida, por su importancia en el desenvolvimiento de los conflictos humanos, toman carácter de protagonista.

Al repasar sus obras, a la luz de la Psicohistoria, asistimos al fascinante espectáculo de ver cómo se va fortaleciendo una voluntad para el trabajo y adiestrando una inteligencia, que se sale del rasero común, para el estudio de los graves problemas que confronta el país.

A través de sus líneas, “Nulla dies sine línea”, intuimos el nacimiento de una vocación que tiene como meta estar al servicio de Venezuela, a la que allá en sus más últimas entrañas, habían jurado consagrase.

Dentro del oscuro panorama que presentaba el país, veían a lo lejos una luz de esperanza y para el momento en que esa luz se hiciera visible, ellos tenían que estar allí preparados y dispuestos para la obra de construir el nuevo país objeto de sus sueños, pero, “fueron vapores de la fantasía”. Impaciencia por acelerar el tiempo. El tiempo ni se detiene ni se adelanta.

Las obras de RG y AEB nos revelan la inmensa capacidad de trabajo, el apasionado amor por Venezuela y la clara visión del futuro de nuestros pueblos.

Pero no escuchamos la palabra iluminada de estos grandes “videntes”. El sueño de estos grandes visionarios jamás llegó a realizarse y hoy el país va por un camino torcido y peligroso.

Pienso que todavía es tiempo de rectificar y atender las necesidades prioritarias del país y comenzar una etapa de austeridad y trabajo productivo para crear la Venezuela posible de la que se ha hablado en los últimos tiempos.

Hoy está sonando todavía la palabra firme, apasionada y siempre repleta de enseñanzas de grandes venezolanos ejemplares como RG y AEB, entre otros.

En ella se señala una dirección que deben seguir las nuevas promociones que quieren una Venezuela  distinta de la que nosotros les legamos.

Pienso que la Venezuela por venir, requerirá de hombres visionarios, enérgicos e infatigables en la tarea de poner en marcha a un país que se ha convertido en feudo de gobiernos ruinosos y sus capataces, nacionales y extranjeros. Hagamos de Venezuela “Todo horizonte, todo caminos”. 04145541014   delucabartolomeo@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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