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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 28 /11 / 2016. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Esperanza y Desesperanza en Venezuela.

 

La democratización de la desvergüenza se ha adueñado del país, la falta de respeto a la cosa pública, la impunidad, se han profundizado y generalizado tanto que la nación ha empezado a ponerse de pie, a protestar.

Los jóvenes y los adolescentes también critican, exigen seriedad y transparencia. El pueblo clama contra las pruebas de desfachatez. El Ágora no tardará en llenarse de nuevo.

Hay una esperanza, no importa que no sea siempre audaz, en las esquinas de las calles, en el cuerpo de cada uno de nosotros. Es como si la mayoría de la nación fuese asaltada por una incontenible necesidad de vomitar ante tamaña desvergüenza.

Por otro lado, sin poder siquiera negar  la desesperanza como algo concreto y sin desconocer las razones históricas, económicas y sociales que la explican, no entiendo la existencia humana y la necesaria lucha por mejorarla sin la esperanza y sin un sueño.

La esperanza es una necesidad ontológica, la desesperanza es esperanza que perdiendo su dirección, se convierte en distorsión de la necesidad ontológica.

Como programa, la desesperanza nos inmoviliza y nos hace sucumbir al fatalismo en que no es posible reunir las fuerzas indispensables para el embate creador del mundo.

No soy esperanzado por pura terquedad, sino por imperativo existencial e histórico. Esto no quiere decir, sin embargo, que porque soy esperanzado atribuya  a mi esperanza el poder de transformar la realidad (Omnipotencia), y convencido de eso me lance al embate sin tomar en consideración los datos concretos, reales, afirmando que con mi esperanza basta.

Mi esperanza es necesaria más no suficiente. Ella sola no gana la lucha, pero sin ella la lucha flaquea y titubea.

Necesitamos la esperanza crítica como el pez necesita el agua incontaminada. Pensar que la esperanza sola transforma el mundo y actuar movido por esa ingenuidad (Idealización) es un modo excelente de caer en la desesperanza(aprendida), en el pesimismo, en el fatalismo.

Pero prescindir de la esperanza en la lucha por mejorar el mundo, como si la lucha pudiera reducirse exclusivamente a actos calculados, a la pura “cientificidad”, es frívola ilusión (Lo imaginario).

Prescindir de la esperanza que se funda no sólo en la verdad sino en la calidad ética de la lucha es negarle uno de sus soportes fundamentales. Lo esencial es que ésta, en cuanto necesidad ontológica, necesita anclarse en la práctica (Principio de Realidad). Por eso no hay esperanza en la pura espera, ni tampoco se alcanza lo que se espera en la espera pura, que así se vuelve espera vana. De ahí que sea necesario educar la esperanza.

En las situaciones límite, más allá de las cuales se encuentra lo “inédito viable”, a veces perceptible, a veces no, se encuentran razones de ser para ambas posiciones: la esperanza y la desesperanza psicosocial.

Sin embargo, ya no podemos, ni debemos, tolerar los escándalos que nos hieren en lo más profundo de nuestro ser. Mi palabra no tiene el tono de quien habla de lo que ya ocurrió, sino de lo que está ocurriendo. 04145541014 delucabartolomeo@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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