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Alberto de Luca Bartolomeo
Venezuela·

   
   
 

LatinPress. 20 /05 / 2016. Alberto de Luca Bartolomeo. Venezuela.

   

Psicología al día: Sigmund Freud, aventura de la mente yTerritorio del deseo.

 

Sigmund Freud, aventura de la mente.


El 6 de mayo se recuerda el 160 aniversario del natalicio de Sigmund Freud (1856-1939). Nació en Freiberg (Alemania).


A pesar de sus teorías controvertidas, los planteamientos sobre la personalidad y su método de tratamiento, así como su psicología de la sexualidad humana y la interpretación de los sueños han influido en millones de vidas y en todas las sociedades occidentales.


Quizás su contribución más importante sea el haber establecido una conexión entre las perturbaciones de la personalidad y el inconsciente.


El instinto sexual, presente en todos los seres humanos, está representado por un “horno”. Pero la energía sexual, igual que el calor, podemos regularla con un termostato.


Algunos sujetos nunca aprenden a regular su termostato sexual (lo que Freud llama la libido o el hambre sexual) a una temperatura “normal”.


Como resultado de ello dejan que se apague el fuego y que venga el frío, no se sienten cómodos a causa del demasiado calor o bien, por descuido o abuso de alguna clase, se arriesgan a una “explosión” de la caldera. Ello explica a cuanta desdicha puede conducirnos el no saber comprender la naturaleza de  nuestros impulsos sexuales.


Ciertos sujetos consideran que penetrar en el inconsciente es lo mismo que comer de la fruta del árbol prohibido de la vida. Pero Freud, después de 40 años de experiencias, se armó de valor, para morder la manzana del conocimiento, y llegó a la conclusión de que todos poseemos doble personalidad.


Admitió  que existen un Dr. Jekyll y un Mr. Hyde dentro de todos nosotros, que la conducta se halla determinada por la capacidad que tengamos de mantener un compromiso saludable entre estas fuerzas opuestas dentro de nosotros, el inconsciente (que siempre está demandando la satisfacción de nuestros deseos egoístas) y el consciente moral (que restringe y disciplina los impulsos dañinos).


Los sujetos mentalmente  sanos han aprendido a no asustarse de los pensamientos malévolos. Tampoco reprimen ni manifiestan abiertamente sus deseos turbadores, sino que han aprendido a dominarlos analizándolos y comprendiéndolos.


Es el surgimiento de los instintos buenos o nocivos del hombre el determinante de las fluctuaciones de la conducta individual y social. Ello explica por qué la historia repite sus ciclos de guerra y de paz.


Freud se inspiró sin duda, en el concepto de que el hombre civilizado no aprenderá a vivir juiciosamente hasta adquirir la capacidad de comprender cómo funciona su mente.


ES SÓLO LA MENTE LO QUE HACE AL SANO O AL ENFERMO, AL BUENO O AL MALO, AL FELIZ O AL MISERABLE, AL RICO O AL POBRE.

 

TERRITORIO DEL DESEO.


A pesar de la racionalidad y del intelecto, somos animales que respondemos a ese impulso básico natural, sin restricciones ni censuras.


Somos animales que luchan por abrirse paso hacia un estallido que nace desde lo profundo del cuerpo y avanza exigiendo paso, sin permiso ni control. Somos seres sexuales.


Por eso, el sexo es lo más básico y esencial Y también por eso se puede entender que durante gran parte de la historia de la humanidad se le tuviese temor, justamente porque es “incontrolable”.


Es una energía que fluye con fuerza creciente desde el interior del organismo, con las hormonas como principal combustible, y que estalla de mil formas.


Y aunque se pretenda frenarla, siempre encuentra un espacio para continuar. Es como un manantial que hallará mil rocas en su camino, pero también buscará otras mil grietas por donde filtrarse hasta estallar en su salida a la superficie. Es una fuerza natural.


Igual que el sexo, la energía sexual que nace en el cerebro y se extiende en ondas concéntricas al resto del organismo, se localiza principalmente en los genitales, pero invade todo el cuerpo y lo trasforma en territorio del deseo.


Es el deseo primario, que hemos sabido entender para, mediante la comprensión, intentar multiplicarlo y disfrutarlo en sus distintas posibilidades.


Comprender esa fuerza primaria desde los sentidos, significa entender el placer que provoca. Y aprovechar la razón para guiar los sentidos a fin de que cada porción de piel amplifique las sensaciones y se convierta en el transmisor de una descarga voluptuosa que corre por el cuerpo y se convierta en el más agradable de los placeres. Es el territorio del deseo. 04145541014    delucabartolomeo@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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